La lucha de opuestos de Attawalpa, un artista de perfil bajo casado con una celebridad

Attawalpa es un militante DIY que terminó grabando en los estudios Electric Lady y un artista de perfil bajo que desde septiembre es el marido de Lena Dunham, la creadora de Girls

Por  DIEGO MANCUSI

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Attawalpa
Attawalpa, fotografiado en su casa de Londres

Vivir el presente. Ese concepto que se le apareció a Siddharta Gautama iluminado y de alguna forma llegó hasta las publicidades de gaseosa, es un código de conducta para Attawalpa. Tiene razones concretas para ello (en principio, la noción, que lo acompañó durante su primera juventud, de que quizás su organismo no tuviera tanto futuro) pero también algunas más filosóficas sobre las que se puede tirapostear sin miedo al ridículo: rodeado desde la cuna por opuestos en pugna, reacciona buscando mantener los pies sobre la tierra. 

Es inglés de nacimiento y peruano de sangre (su nombre completo es Luis Delfin Attawalpa Saul Felber), así que no sorprende que para expresar esa urgencia se valga de un recurso que se inventó en su país de origen y se perfeccionó en la tierra de sus ancestros: el fútbol. “Me encanta jugar, es bueno para el alma. Cuando estás haciendo música es difícil estar en el presente. Estás en el presente cuando te viene la idea: como dice Tom Waits, ‘catching lighting’ (“atrapando al relámpago”), pero terminar una canción puede demorar cinco años. Cuando estás jugando al fútbol estás en el momento”. Su nacionalidad transcontinental y la inmediatez de un picado vs. el método manso del cantautor son dos de esos opuestos en colisión que lo persiguen, y de dónde vienen esos hay más. 

Otro podría ser que sienta en la carne el sonido de su herencia (“cuando escucho a Pinglo [Felipe Pinglo Alva], una especie de Atahualpa Yupanqui peruano que hacía música criolla en los 40, me siento parte de esa música”] y al mismo tiempo canalice en sus canciones las influencias anglo que van desde Motown y Otis Redding hasta el punk y post-punk de Iggy Pop, Richard Hell, New York Dolls, Pixies y Nirvana. Todo eso sin dejar afuera a Bowie y su fase Thin White Duke, que marcó su último single “Peter Gabriel’s Dream”, y a Prince, faro sonoro de “Too Much”, que sale próximamente. El mentado punto medio serían Los Saicos y Traffic Sound, dos bandas fundacionales del rock peruano de las cuales Luis se siente cerca: la primera, por haber hecho punk antes de que el punk existiera; la segunda, porque el guitarrista era su tío Freddy Rizo Patrón.

“¿Cuál es tu disco favorito?”, pregunta, y después opina: “El mío es Rain Dogs (1985) de Waits. La primera vez que lo escuché fue a los 18 años. Antes pensaba que necesitabas un estudio, un productor, alguien para tocar los botones. Pero escuchando Rain Dogs algo hizo clic en mi cabeza y entendí que yo podía hacer todo”, dice. Así se convirtió en este militante del DIY, todo bien casero, que –ahí vamos de nuevo– viene de grabar en Electric Lady, el megaestudio de Nueva York craneado por Jimi Hendrix, un EP que tiene pensado publicar en algún momento del verano boreal. 

Hay otra de sus luchas de opuestos que pinta para ser la definitiva: la de ser el músico de perfil bajísimo que se casó con una celebridad famosa en todo el mundo sin tener del todo en claro a qué se dedicaba. “Yo no sabía que era famosa cuando la conocí, fue una cita a ciegas. La vi en Instagram y pensé ‘qué increíble esta mujer’ y eso fue lo que pasó”, cuenta. Su esposa desde septiembre pasado es Lena Dunham, guionista, directora y actriz, creadora de la serie Girls de HBO e incluida por la revista Time en su lista de las 100 personas más influyentes del planeta de 2013. “Yo no la veo como una persona famosa: la veo como una persona genial”, dice. 

Otra contradicción es que Attawalpa es un artista nuevo e independiente que tiene décadas de experiencia y conoce cada rincón de la industria musical: aunque su proyecto con nombre de emperador inca nació en 2018, Luis tocó punk-rock con Turbogeist, fue la mitad del dúo Shuga, acompañó con la guitarra a Jamie-T, fundó un sello y regenteó un club nocturno. 

“En mis veintes estaba muy enojado. No me acuerdo mucho de mis veintes”, reconoce. El nacimiento de Attawalpa coincide con su entrada a los treinta y con su rescate: “Estaba adormecido. Tenía canciones pero nunca terminaba nada. Mi alma no estaba en mi cabeza, era un zombi. Ahora estoy consciente y eso ayuda. Puedo escuchar las voces en mi cabeza en vez de drogarlas”. 

Vive, dijimos, día por día, pero no por eso deja de hacer planes: uno de los principales es volver a Sudamérica, de donde se tuvo que ir a las apuradas tras una breve estancia en la niñez porque las balas de Sendero Luminoso picaban cerca. “Me encantaría tocar en la Argentina”, se ilusiona, y anuncia una posible colaboración con una artista local que todavía no se puede nombrar. “No tengo regrets: estoy muy contento con dónde estoy, no podría estar acá sin haber estado donde estuve. Todo pasa por una razón”, dice, otra vez, haciendo equilibrio entre pasado, presente y futuro. Un poco curado en el amor y otro poco apoyado en el trabajo (“la música que hago es mi terapia”), al fin encuentra su lugar en el no-lugar: “Me encanta, tengo suerte: soy mitad peruano y mitad inglés, el mundo es chico”.

Proyectos con Lena
Su mujer le aportó el concepto para el video de “Tucked on Tight”: el de una pareja que sobreexpone su intimidad por un like. Tienen más planes juntos: desde la fantasía de un libro infantil (cuya premisa terminó plasmada en el video de “Peter Gabriel’s Dream”) hasta la música de las últimas películas de Dunham, Sharp Stick (Luis hizo el score) y la adaptación de Catherine, Called Birdy (en la que se encargó del soundtrack).


Vintage
Las cuatro canciones que grabó en Electric Lady y planea editar este año las compuso zapando con amigos y ahora las está terminando en Londres con un Ondas Martenot (sintetizador sci-fi de 1920 que suele usar Jonny Greenwood de Radiohead) como contrapeso.