La Casa

Una película animada extraña, inquietante y perturbadora, conformada por tres historias ubicadas en diferentes períodos y ambientadas en una casa maldita

Emma de Swaef & Marc James Roels; Niki Lindroth von Bahr; Paloma Baeza 

/ Con las voces de Matthew Goode, Paul Kaye, Helena Bonham Carter

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

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Cortesía de Netflix

Las películas animadas con stop-motion pueden despertar una gran ternura gracias a su belleza (Jim y el durazno gigante, El fantástico señor Zorro, los trabajos de Jiří Trnka), pueden combinar elementos oscuros y aterradores con momentos alegres y entrañables (El extraño mundo de Jack, El cadáver de la novia, Coraline) o pueden ser el material de nuestras peores pesadillas (La vida secreta de Pulgarcito, los trabajos de Jan Švankmajer y Los hermanos Quay).

La casa definitivamente pertenece a esta última categoría. Esta película antológica conformada por tres historias escritas por la irlandesa Enda Walsh (guionista de la inolvidable película Hunger de Steve McQueen), tiene como protagonista a una casa habitada por varios inquilinos de diferentes especies a través del tiempo. 

El espeluznante capítulo I está ambientado en el siglo XIX y es dirigido por los belgas Emma De Swaef y Marc James Roels (los autores de los cortos Oh Willy… y ¡Este magnífico pastel!). 

Raymond (Matthew Goode), el padre de una familia pobre conformada por su esposa Penélope (Claudie Blakley) y Mabel (Mia Goth) e Isobel, sus dos hijas pequeñas, hace un trato con el Sr. Van Schoonbeek (Barney Pilling), un arquitecto de gran renombre, para abandonar su humilde casa y pasarse a vivir a una gran mansión construida por él, sin tener que pagar un solo centavo. 

En su nuevo hogar, la comida es abundante y las comodidades son grandes. Pero Mabel sospecha que algo no está bien. El Sr. Thomas (Mark Heap), el mayordomo, se comporta de una manera irregular, y los trabajadores del Sr. Van Schoonbeek parecen estar en una especie de trance. Mabel va a darse cuenta que nunca debieron haber abandonado su hogar, intentará salvar a su hermanita bebé y será testigo de una maldición que caerá sobre sus padres.

El capítulo II apunta hacia el terror escatológico, está ambientado en la era actual y es dirigido por el sueco Niki Lindroth von Bahr (el autor de los cortos Simhall y The Burden). 

Una rata que trabaja en bienes raíces (Jarvis Cocker de la agrupación Pulp), está renovando y preparando la casa para que sea comprada por unos nuevos inquilinos. Habla de manera constante por el teléfono celular con alguien para contarle todo lo que está haciendo y el banco la llama para recordarle sus inmensas deudas. A la rata las cosas no le están saliendo muy bien y, para colmo, hay una plaga de escarabajos de alfombra. 

Sin embargo, dos extraños visitantes se encuentran muy interesados en la casa. La rata los atiende e intenta convencerlos para que la compren, pero la pareja se queda a vivir en la casa sin pagar un centavo. La rata, al darse cuenta de sus intenciones, intentará desalojarlos, pero las consecuencias serán funestas. 

El capítulo III, es el menos oscuro de los tres, pero es en extremo claustrofóbico. Está ambientado en un futuro apocalíptico y es dirigido por la actriz británica Paloma Baeza (autora de los cortos Watchmen, protagonizado por Cillian Murphy y The Odds, protagonizado por Mark Strong).  

La casa se ha convertido en un inquilinato y el mundo es víctima de una gran inundación. La casera es una gata llamada Rosa (Susan Wokoma), quien está obsesionada con remodelar el lugar. Sus dos únicos inquilinos son un gato llamado Elías (Will Sharpe) que paga la renta con pescados, y Jen (Helena Bonham Carter), una gata hippie que tampoco tiene dinero. A la casa llega otro gato en un barco. Su nombre es Cosmos (Paul Kaye) y su actitud es la de un gurú fanfarrón. Rosa aprenderá a abandonar su sueño inútil y a liberarse de las paredes opresivas de su vivienda.      

Como si se tratara de una pesadilla causada por la fiebre, las tres historias que componen La casa atraparán al espectador y no lo dejarán ir. Su tono surrealista y ambiguo se acentúa con la canción de Jarvis Cocker, en donde canta “Esta casa es…no sé lo que es”. La recomendación es la de dejar a un lado los recursos de la lógica y tratar de salir al aire libre a respirar, luego de ver esta extraño pero inolvidable tríptico.