Luego de conocer las entrañas de Nueva York, donde el hip-hop nació entre grietas, concreto y furia, Kei Linch caminó por sus calles cargando el peso de dos palabras que le han definido la vida: amor y plata. No como un eslogan aspiracional ni como un binomio romántico, sino como un campo de batalla emocional y creativo donde lo aprendido se mide en cicatrices, versos y flows. Así se titula su nuevo EP: Amor y Plata y así también se construye su narrativa, atravesando la crudeza del crecimiento, el hambre de futuro y la nostalgia de un pasado que sigue latiendo en cada rima.
Con 23 años y nacida en Madrid, Cundinamarca, Kei ya no es una promesa: es una realidad poderosa del rap latinoamericano. Desde el debut discográfico con Dulcinea, pasando por escenarios gigantes; su camino ha sido vertiginoso, empinado y real. Hoy, a través de seis tracks y seis visuales grabados en locaciones emblemáticas de Nueva York, Kei nos entrega un proyecto íntimo, visceral y estéticamente afilado. Hablamos con ella, desde Bogotá y en pleno frío, sobre su nuevo capítulo, su evolución y las heridas que le enseñaron a rapear con el corazón abierto y los dientes apretados.
Amor y Plata es un EP que suena directo, emocional, pero también maduro. ¿Por qué estas canciones y por qué ahora?
Venía sin lanzar música desde Dulcinea, y este tiempo se me fue llenando de emociones. Me pasaron muchas cosas que no había procesado del todo. Amor y Plata es muy personal y más humano. Es una respuesta a todo lo que viví este último año: perder gente, encontrar nuevas personas, entender que esos dos motores —el amor y la plata— son los que nos empujan a quienes venimos desde abajo. Pero también son los que más nos hieren. El mundo se mueve por eso, y en ese camino uno descubre lo bueno y lo feo de la gente… y de uno mismo.
¿Te tomó por sorpresa lo que implica crecer como artista? ¿Esperabas ese “precio” de subir?
Uno empieza muy romántico, creyendo que todo el combo va pa’ arriba junto. Pero no es así. El amor se contamina con la plata. Y duele porque es gente que uno ama. Pero bueno, eso también lo convierte en canciones. Este EP fue como una cachetada de la vida diciéndome “prepárese, esto es lo que se viene”.
Hablemos de ‘Quién más que yo’, que abre el disco. Es brutalmente honesta.
Es la canción que más me representa ahora. Habla de cómo me afectó que personas que amaba me fallaran cuando apareció el tema de la plata. La plata los volvió tóxicos. Pero también me forjó otra coraza. Hoy soy otra persona. Y esa es mi nueva realidad.
En ‘Suerte’ y ‘Bby Please’ te alías con SOG y The Colombians. ¿Cómo se dio ese junte?
Fue como armar un dream team. SOG es mi parcero, cree mucho en esto. The Colombians también tienen un sonido durísimo, han trabajado con Doble Porción y más. En esas canciones hay rabia, amor y ego. Vengo de un contexto donde presumir es casi pecado, pero aprendí que uno también puede frontear desde la verdad. Son canciones crudas, pero muy viscerales. Y eso soy yo.
Las Ninyas del Corro tienen también una colaboración.
A ellas las escucho desde que empecé. Son referentes muy grandes para mí. Nos conocimos en un campamento de rap solo para mujeres en Berlín, y conectamos de una. Esta canción se trabajó a distancia, pero todo nació allá. Es una oración para que nos cuiden a todas las que estamos bajo perfil, haciendo lo nuestro. Me traje de Berlín una visión distinta del rap: ser mujer y rapera es decir “esta soy yo” con todo lo que eso implica —feminidad, sensibilidad y crudeza.
‘Trátame suave’ es quizá el track más sensual del EP. ¿De qué trata para ti?
Es una canción para sentirse una chimba a solas, para soltarse sin pedir permiso. Va desde la sensualidad femenina y también desde ese “sé que te gusta mi luz”. Es super personal, pero busca que cualquiera que la escuche se sienta poderosa.
Y cierras con ‘Por amor (al dinero)’. ¿A quién le hablas realmente en esa canción?
A la plata. Todo el tiempo le hablo a ella. Aunque parezca que le hablo a una persona, le estoy cantando a la relación que tengo con el dinero. Cómo la conocí, cómo me cambió. Es un doble sentido, porque así es como entra en la vida de uno: silenciosa, seductora y peligrosa.
Todo esto transcurre en Nueva York, una ciudad clave para el hip-hop. ¿Por qué grabar allá?
Era un sueño desde siempre. Aproveché que estoy con la disquera y dije: “vamos”. Es la cuna del hip-hop, tenía que ir a respirar ese entorno, caminar esas calles. Visitamos lugares icónicos: la casa de Notorious B.I.G., el templo donde nació el movimiento. Me inspiró un montón. Él narraba su vida desde el hustle, desde el rebusque, y eso me conectó mucho con Amor y Plata. Quería que el EP tuviera esa esencia.
¿Y la estética? Hay algo muy dosmilero, callejero, pero elegante.
Sí, total. Nos fuimos con camaritas digitales, muy a la guerra. La idea era documentar todo como fue: real, sin filtro. Que se viera mi experiencia allá. Fue grabado todo allá mismo, sin mucho disfraz. Yo soy así: Bogotá hasta el tuétano, pero con la mirada puesta en el mundo.
En una frase, ¿qué es Amor y Plata para ti?
Una confesión. Una carta a lo que me mueve, a lo que me dolió y a lo que me transformó. Es la forma en la que entendí que el amor y la plata son mis motores, pero también mis batallas.


