Iggy Pop vuelve a hacer lo que mejor sabe en Every Loser, su disco más rockero en décadas

El último Stooge original en pie reclutó a toda una lista de expertos en la materia para lanzar un álbum abrasador

Por  JOE GROSS

(Foto: ELIZABETH WEINBERG/THE NY TIMES/REDUX)

“¡Estoy en un frenesí!”, ladra Iggy Pop, de 75 años, en “Frenzy”, la primera canción de Every Loser. Y es toda una sorpresa. Porque si bien ese solía ser el estado normal para el hombre más descamisado del rock, ha pasado bastante tiempo desde que su trabajo en solitario reflejó ese grado de intensidad. Tanto Préliminaires, en 2009, como Après, en 2012, se centraron en su canturreo más terrenal (en francés, nada menos). Iggy había pasado gran parte de la primera década, más o menos, del siglo XXI luchando contra sus demonios con los Stooges reformados, llevando su legendario ruido de garaje de Detroit a viejos fanáticos y jóvenes adoradores. Pero cuando en 2014 se convirtió en el último Stooge original en pie (por imposible que hubiera parecido hace 40 años), comenzó a parecer una verdadera estrella de rock.

De regreso, aparentemente, con una flagrante conciencia de lo absurda e inesperada que ha sido su carrera, Every Loser contiene algunos de los temas más hard-rock de Iggy en años y enfatiza todas las cosas que el hombre hace bien: rock abrasador, baladas con cara de mal humor y una manera genuina de escribir. Las letras de Iggy siempre han sido engañosamente simples, reduciendo una idea a su forma más básica, haciéndola divertida y ruda en el proceso. En otra vida, habría sido un escritor de discursos increíble.

Varias canciones recuerdan a los Stooges bastante directamente. El wah-wah en “Frenzy” podría haber venido del difunto guitarrista de los Stooges, Ron Asheton, mientras que la apertura de “Modern Day Ripoff” casi cita el clásico de su banda “TV Eye”.

(Foto: JIMMY FONTAINE)

Se pone sombrío con la ingeniosa pero áspera “New Atlantis”, una oda amorosa a su hogar adoptado hace mucho tiempo en Miami, al que llama “una hermosa puta de ciudad” −¿Por cuánto tiempo puede permanecer este hombre fuera de la Cámara de Comercio del Condado de Dade?−

La balada de drogadictos “Strung Out Johnny” es un perfil de adicción inteligente y dramático: “Dios me convirtió en un drogadicto/ pero Satanás ya me lo había dicho”, y el extrañamente hermoso “Morning Show” habla de mantener la calma cuando sos un desastre total: “Va a doler, lo sé/ Tengo que hacer el programa de la mañana”.

Para este disco, Iggy reclutó a toda una lista de asesinos rockeros para ayudar, incluidos Dave Navarro, Eric Avery y Chris Chaney de Jane’s Addiction; el Red Hot Chili Pepper Chad Smith y el ex-Pepper Josh Klinghoffer. Duff McKagan de Guns N’ Roses, Stone Gossard de Pearl Jam y el difunto baterista de Foo Fighters, Taylor Hawkins, también se pusieron a su lado en este trabajo.

Al mando de todo está Andrew Watt, uno de los productores de pop y rock más destacados de este momento cada vez más posgénero, que ha supervisado no solo los álbumes recientes de Eddie Vedder y Ozzy Osbourne, sino también discos de Justin Bieber y Miley Cyrus.

El catolicismo musical de Watt viene muy bien en un disco que incluye un cuasi-hardcore como “Neo Punk” y para los dramáticos cambios de tono en el cierre con “The Regency”, donde el diablo hace otra aparición: “Satanás está contratando/ Pero Satanás está cansado”. Bueno, Iggy lo sabrá.

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