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Helado Negro: un encuentro catártico con lo elemental

En Phasor, su próximo disco, el músico explora la esencia de los sonidos minimalistas y la producción artesanal.

Por  KARLA LEÓN

noviembre 21, 2023

Cortesía Helado Negro

Hace quince años, Roberto Carlos Lange, músico originario del sur de Florida y de ascendencia ecuatoriana, plasmó una distintiva fusión de jazz, folk, electrónica y ritmos latinos en Awe Owe, un álbum que dejó claro su papel como visionario de las sonoridades del futuro y que marcó un punto de partida para Helado Negro. Desde entonces, hablar sobre su proyecto significa adentrarse en un universo en el que convergen sus raíces, texturas melódicas y la dualidad de un imaginario tanto personal, como ficticio. 

Hoy, Helado Negro se encuentra entre Europa y Estados Unidos, a punto de cerrar una gira que amplía las melodías esperanzadoras e introspectivas de This Is How Your Smile y Far In, dos álbumes que se crearon prácticamente a la par y que inauguraron una nueva época de su vida. Semanas atrás, el músico visitó México. Su estancia no solo ameritó su paso por el concierto de Buscabulla en el Foro Indie Rocks!, además, anunció el estreno de “LFO (Lupe Finds Oliveros)”, la carta de presentación de Phasor, su próximo material discográfico, que verá la luz el 09 de febrero.

Phasor es una energía que se desprende, que abre puertas. Es un abrazo que te va a sostener por mucho tiempo y te va a dar mucha fuerza”, dice Helado Negro a Rolling Stone en Español. La base de este disco tomó forma en 2019, durante el cumpleaños número 39 del productor, quien visitó durante cinco horas la Universidad de Illinois, para experimentar con SAL MAR, un sintetizador complejo que crea música a partir de osciladores analógicos y una computadora antigua, y cuyo objetivo principal es ofrecer una cantidad infinita de posibles secuencias de sonido.

“Fue un regalo que me di a mí mismo. Descubrí la máquina en 2015, pero no fue hasta el 2019 que pude visitarla y utilizarla. La inventó Salvatore Matirano, un profesor, músico y compositor italiano-americano, y lo que logró fue construir un sintetizador que hace canciones que siempre están cambiando; no se repite el mismo sonido. Esto fue en la década de los años setenta, en esa época no había muchas computadoras y aunque ahora es más fácil lograrlo, es algo único. Experimenté con algunos sonidos y esas fueron las semillas que iniciaron el proceso para escribir, grabar y construir algunas texturas de este disco”, explica.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             

Pronto, SAL MAR se convirtió en un estímulo y en el elemento central de Phasor. A lo largo de nueve tracks, el músico apuesta por los sonidos minimalistas y una producción artesanal, misma que revela atmósferas oníricas meticulosamente articuladas, algunos trazos psicodélicos y mantras líricos. De esta forma, mientras Far In evoca la vida en pandemia, Phasor es un homenaje a la vida, a la felicidad que provoca regresar a las calles y cómo se siente nuestra piel bajo el calor del sol.

Phasor no es fortuito. Luego del lanzamiento de Far In, Helado Negro se mudó a la ciudad de Asheville, en Carolina del Norte, lugar que le regaló calma, ante un paisaje de montañas cristalinas, y lo alejó del movimiento acelerado de Nueva York. “Far In se creó mientras vivía entre Marfa y Brooklyn. Es un disco especial y salir de gira me impactó bastante. Me mudé a un lugar tranquilo y eso me dio la oportunidad para enfocarme como nunca lo había hecho; me permitió hacer algo mío, algo único y distinto”, detalla.

La esencia de los pequeños detalles

Bajo la premisa de sus álbumes anteriores, en los que algunas canciones resultan declaraciones sobre identidad o retratos nostálgicos, Helado Negro compuso “LFO (Lupe Finds Oliveros)”, el primer sencillo de Phasor, que nació durante una noche de experimentación. “De repente, empecé a cantar y me salió una voz diferente. Ya había ocurrido anteriormente en vivo, pero nunca al grabar. Ese cambio me gustó bastante y pensé que se ajustaba a la canción. Siempre estoy buscando cosas diferentes y analizo si es algo que puedo hacer, si me gusta o no, o si puedo seguir en esa línea de ideas”.

Este tema, que Helado Negro interpreta en español, reúne la esencia de Lupe López y Pauline Oliveros – una compositora minimalista y practicante de la meditación sónica -, para hablar sobre el estrés ambiental y el desplazamiento infinito. López fue una mujer mexicoamericana que construyó amplificadores para Fender durante 50 años, y el enigma detrás de su historia radica en la calidad del sonido que desprendían cada uno de sus aparatos. En ese tiempo, los amplificadores fueron marcados en el interior con el nombre de su fabricante en un trozo de cinta adhesiva, lo que hizo que el cuidado y el tacto artesanal de Lupe fuera reconocido a través del tiempo.

“Vi una foto de Lupe López en Internet, mientras buscaba y leía algunas cosas. Me fascinó su historia, su legado y la mitología que la rodea. Me pareció interesante, así que traté de buscar más información sobre ella y no encontraba nada, más que datos de algunos fanáticos de los amplificadores que construía. Quedé sorprendido ante la idea de cómo una persona, con ese talento y ese cuidado tan profundo por los aspectos más pequeños, logra marcar la diferencia.

Las pequeñas cosas en la vida se acumulan y se convierten en algo interesante o increíble, y lo puede ser únicamente para ti, pero tienes el orgullo de hacerlo y de enfocarte en ello. Todo esto se unió, a la par, con Pauline Oliveros y su filosofía del Deep Listening, una práctica para la composición sonora que te invita a sentarte y a escuchar todo lo que está pasando a tu alrededor. Se trata de sentirlo, de que entre a tu cuerpo, a tu cabeza y de no pensarlo mucho, pero sí de interiorizarlo. Estas ideas son una forma de explicar el aprecio por todo lo pequeño que sucede a nuestro alrededor. Pasa que existimos sin entender el mundo y nos enfocamos en las grandes ideas, pero no en lo pequeño”, reflexiona. 

Esta dualidad le dio nombre a Phasor, título que surge a partir de la definición técnica de un número complejo que representa la oscilación y la magnitud de un proceso de interferencia eléctrica. “Incluso a mí me cuesta un poco explicarlo, pero se refiere a dos ondas senoidales y la manera en la que se miden cuando están oscilando y cuando se encuentran en el mismo punto. Me gustó la idea y creo que a todos nos pasa que oscilamos y luego nos encontramos de nuevo. Es como cuando encuentras a alguien que conoces, o a tu familia; siempre estamos teniendo encuentros, todo el tiempo, a cada minuto”, puntualiza.

Helado Negro tiene claro que la música – así como la vida –, se trata de encuentros constantes que nos llevan por nuevas historias. “Siempre estoy leyendo, viendo películas, busco momentos en la vida, o simplemente no hago nada. Ahora que vivo en Asheville puedo hacer senderismo, porque hay muchas montañas y cascadas, y nunca lo he hecho. Quiero tener nuevas experiencias de vida, más que nada, porque eso me lleva a nuevos procesos creativos”.

A lo largo de su trayectoria, Helado Negro ha reafirmado que su ingenio se suscita a partir de la exploración y el descubrimiento, como cuando lanzó Double Youth, un conjunto de canciones nostálgicas, grabadas en su casa, que tomaron forma gracias a un cartel de su infancia que encontró mientras limpiaba un armario.

“Me encanta hacer música, encerrarme en mi estudio, experimentar y crear cosas. Disfruto subir a los escenarios y mantener una conexión con la gente. Ojalá que la inspiración sea eterna, porque así podré hacer música por mucho tiempo. El mundo es tan grande y hay muchas historias, particularmente en Latinoamérica, que seguramente no se ha contado ni la mitad de lo que está pasando”, señala, mientras medita sobre la liberación que encuentra en Phasor.

“Cuando estoy en el estudio desaparezco, como que no estoy ahí y no pienso en nada, realmente no sé si vivo un proceso de catarsis, porque todo depende de lo que quiero lograr. Lo que sé, por lo menos ahora, es que compartir Phasor será como vivir ese proceso de liberación, porque estará afuera y no tendré nada más que hacer con la música, pero volverá cuando lleguen otras ideas y nuevas cosas”, comparte.

El próximo adelanto de Phasor es “I Just Want To Wake Up With You”, una especie de mantra que evoca añoranza y, al mismo tiempo, poder. Por ahora, Helado Negro ya planea su regreso a México, esta vez, con un show en solitario que nos adentrará en su propio mundo sonoro que, hoy, se devela como un encuentro catártico con lo más elemental.