Después del lanzamiento del aclamado PHASOR en 2024, el músico de Brooklyn hijo de inmigrantes ecuatorianos , regresa con The Last Sound on Earth, un EP que acelera el pulso sin abandonar la introspección y que condensa muchas de las obsesiones que han marcado su obra reciente.
Ritmos más veloces conviven con letras atravesadas por el amor, la crisis, el paso del tiempo, la violencia del lenguaje y la necesidad de conexión en un mundo cada vez más saturado de información y estímulos. El resultado es un proyecto que parte de experiencias personales, pero que también dialoga con el contexto actual, mirando al pasado y al presente de manera simultánea.
En entrevista con ROLLING STONE en Español, Helado Negro habla sobre su relación con el baile como una forma de liberar tensiones, la importancia de los shows en vivo como espacios de encuentro, la forma en que reflexiona sobre la edad y los cambios personales, así como su proceso creativo, marcado por la intuición, la experimentación y una búsqueda constante de honestidad en su música. Lee la plática a continuación:
Felicidades por el EP, me encantó The Last Sound on Earth. Has mencionado que es una especie de regreso a eso que te hizo enamorarte de la música, a esa compilación que te regaló tu hermano. ¿Qué te hizo sentir que este era el momento de hacerlo ahora? Además, forma parte del lado “negro” del proyecto, que es un sonido más tranquilo.
Yo creo que las cosas que he hecho y por las que la gente me conoce más son de este estilo. Eso pasa. Uno hace lo que hace, pero no tiene influencia sobre lo que le pega a la gente. He sacado muchos EPs súper electrónicos, muy movidos, pero casi nadie ha hablado de ellos. Así que para mí no es algo tan fuera de lo que hago. Siento que, para quienes escriben sobre música, solo se fijan en las cosas que están más “al frente” para ellos. Yo siempre lo he hecho de la misma manera. La única diferencia ahora es que el ritmo es un poco más alto. Los sonidos son similares, pero el tempo lo subí bastante más para bailar.
Sí, justo me refería a ese cambio de tempo. Me gusta mucho esa dualidad de tempo rápido con temas fuertes. También me llamó la atención que mencionaras a la salsa como inspiración de esa dualidad. Puedes estar bailando una canción con una letra muy triste, pero se vive como un momento alegre. ¿Qué te atrae de esa combinación entre ritmo rápido y temas fuertes o incluso deprimente?
No sé si todos lo vivan igual, pero para mí viene mucho de mi infancia. De estar en fiestas de mis papás, bailando salsa con mi mamá o mi papá. Es música que pega fuerte, todo el mundo goza, pero con letras muy tristes y pesadas. Siempre he tenido esa conexión de bailar con la música, con la gente que quiero, con mi comunidad. Pensé mucho en eso. Además, suelo bailar mucho en mis shows para no quedarme tanto en la cabeza. Hoy es muy fácil estar saturado por los medios y no tener cómo sacar eso. Yo quería sacarlo de forma física: que el sonido entre al cuerpo, te sacuda y lo puedas mover fuera de ti.
Es algo muy latino, ¿no crees?
Sí, pero también podrías pensar en los mosh pits o en cualquier forma de moverte con la música. La gente siempre está tratando de sacar algo a través del cuerpo, y eso me encanta.
La frase “Last Sound on Earth” puede sonar un poco pesimista, pero has dicho que para ti ese último sonido en el mundo sería el amor. ¿De dónde viene esa reflexión más optimista?
Estaba leyendo algo —tal vez estoy recordando mal la referencia— pero creo que fue James Baldwin quien dijo que el amor nunca ha sido un concepto popular, que la guerra y la violencia siempre han sido más populares. La gente habla más de eso que de las cosas buenas. Me gusta mucho esa idea. Hablo del amor romántico, íntimo, que hoy puede sonar cliché, pero este amor radical es algo muy fuerte. Es la sangre de la vida. Amor real, no solo amor físico.
También vi que las canciones nacieron de forma separada y que después la disquera decidió lanzarlas como un EP. ¿Las creaste bajo una misma idea o al juntarlas encontraste un hilo conductor?
Lo que pasó fue que terminé PHASOR y enseguida hice la canción ‘More’. Esa me inspiró a trabajar con un poco más de ritmo, y de la nada salió ‘Sender Receiver’. Esas dos fueron los pilares del nuevo concepto. Después llegaron ‘Don’t Give It Up Now’ y ‘Protector’. En el estudio siempre te pierdes un poco, haces muchas cosas que tal vez nunca usas, y de ahí salió ‘Zenith’. Me encantó la idea de que fuera un momento de calma, como un “chill out room” dentro del baile.
Nos encantó PHASOR, lo pusimos entre nuestros mejores discos de 2024 y fue muy celebrado. ¿Qué reflexiones te dejó ese disco para lo que vino después?
Sé que no soy una banda enorme, y por eso puedo hacer lo que me da la gana. Siempre estoy haciendo cosas distintas. Nunca me he identificado como singer-songwriter ni como pop. Siempre estoy construyendo sonidos. De alguna forma soy un músico accidental. No hago canciones ni discos de manera tradicional. PHASOR no se va a repetir, ni Far In, ni This Is How You Smile. Son cosas que siento y que, para bien o para mal, no planeo. Siempre me siento libre. Cuando terminé PHASOR fue una experiencia muy intensa porque yo mismo mezclé todo. En The Last Sound on Earth trabajé con alguien más por primera vez. Le di mis sonidos a un amigo de mucha confianza y él terminó la mezcla. Fue una experiencia muy bonita porque necesitaba soltar eso.
Has hablado en otras entrevistas de una dualidad entre la incertidumbre actual y la búsqueda de esperanza. En un panorama tan difícil como el que vivimos, ¿en qué has encontrado esperanza?
En hacer shows. Ya sea para 20 o 500 personas, logramos estar juntos, lejos del teléfono, compartiendo un momento irrepetible. No es un teatro en silencio ni una galería, es algo vivo. Para mí ahí está la esperanza. La música no va a salvar al mundo, pero al menos crea un puente entre personas. Estás con alguien, compartes tiempo, te inspira a repetirlo. Esa es la semilla que puedo ofrecer para unir a la gente.
Tal vez no te salva siempre, pero en ese momento sí te rescata de algo.
A mí la música sí me ha salvado, pero si pudiera salvar al mundo entero, ya lo habría hecho.
En ‘Sender Receiver’ mencionaste como inspiración un texto de Ocean Vuong sobre el lenguaje y su violencia. ¿Cómo influyó en la canción?
Pienso mucho en lo que escribió porque me prendió un foco. Usamos expresiones como “we killed it” o “we blew that shit up” de manera muy normal, pero son violentas. Me gustó la idea de interrumpir ese lenguaje antes de usarlo. También pensé en la computadora como el “sender” y el sintetizador como el “receiver”: quién manda el mensaje y quién lo recibe. De ahí nació la canción.
En ‘Protector’ también hay referencias interesantes, como la canción ‘Who Protects Us From You?’. En el contexto actual de Estados Unidos suena muy vigente. ¿Tiene relación directa con lo que pasa hoy con la comunidad migrante?
Sí, pero esa canción es de los ochenta y, al final, todo sigue siendo muy parecido. La violencia y los raids han estado siempre. Lo que cambia es la atención mediática. Siempre me ha encantado esa canción por lo fuerte de su mensaje. En Massive Attack siempre existe esa dualidad entre defensa y ternura. La protección también puede ser una forma de agresividad bella, no agresividad macho, sino una fuerza protectora.
En ‘More’ hablas de una crisis personal. ¿Reflexionas mucho sobre la edad, sobre crecer y en qué momento de tu vida estás?
Sí, es algo muy presente. La edad te da perspectiva sobre lo que ha pasado y sobre todo lo que no sabes. La sabiduría no es saberlo todo, sino entender que sabes menos de lo que creías. Es importante abrir puertas. Conforme creces te vuelves más inseguro y cierras puertas, pero vivir es asumir que no sabes nada y abrirte a nuevas experiencias. Tu cuerpo cambia, pero tu cerebro también se ajusta.
Por cierto, me encanta ‘Running’, y también la colaboración con pablopablo.
‘Running’, nació acá en la Ciudad de México. Un día estaba caminando, tenía mucha ansiedad porque algunas cosas habían pasado y empecé a cantar en mi teléfono. Un día estaba en el estudio y estaba escuchando, porque siempre estoy grabando cosas, y escuché esa melodía y empecé a tocar piano encima de la melodía y así salió todo. Eso es lo más importante para mí, estar presente con la idea cuando está ahí para ti y saber que no todo va a resolverse en ese momento. La canción Con pablopablo también nació muy rápido y en la CDMX. Estábamos en el estudio, yo en el piano y él en la batería, tocando por una hora. De pronto nos miramos y supimos que había algo ahí.
Entonces la Ciudad de México inspira.
Sí, pero en realidad cualquier ciudad, si estás abierto.


