agosto 22, 2021

Harry Styles: El hombre más deseado del mundo

Harry Styles se convirtió en un ícono del pop mundial. Ahora suspira por Hollywood. ¿Cómo hace que todo parezca tan fácil, cuando definitivamente no lo es?

Por: BRITTANY SPANOS

Un viernes a la noche en Nueva York, Harry Styles hizo su show. No fue una performance más; fue la primera vez que interpretó su tercer –y más importante– álbum, Harry’s House, en su totalidad. La multitud esa noche de mayo cubrió el UBS Arena de Long Island con plumas, brillos y lágrimas: una especie de ritual de cambio de piel, como cada vez que Styles viene a la ciudad.

Sin embargo, los fans notaron algo diferente: Styles no terminó con su cierre habitual, “Kiwi”; en cambio, optó por culminar la noche con la segunda versión de su nuevo sencillo “As It Was”, su reflexión pandémica de baile y lágrimas sobre el aislamiento y el cambio. Cuando la cantó, la multitud explotó de una manera que ni siquiera Styles había experimentado antes. Quedó conmocionado.

“Salimos del escenario, fui a mi camarín y quise sentarme solo por un minuto”, me dice dos meses más tarde. “Después de One Direction, no esperaba experimentar nada nuevo. Me dije: ‘Está bien, he visto qué tan loco se puede poner esto’. Y creo que estaba… no estaba aterrorizado, pero necesitaba un minuto, porque no entendía qué pasaba, la energía era demencial”.

La portada de Harry Styles se publica simultáneamente en las 14 ediciones internacionales de Rolling Stone.

A sus 28 años, Styles ha desbloqueado un nuevo nivel de estrellato. Hace años, llenaba estadios como miembro de One Direction, su antigua boy band; ahora los llena por su cuenta. “As It Was” se ha convertido en su canción más grande hasta el momento, marcando récords de reproducciones y encabezando las listas en más de dos docenas de países, incluyendo diez semanas seguidas en Estados Unidos.

Teniendo en cuenta que es una estrella con una base de fans en su mayoría joven y femenina, muchos se han negado a pensar en él como algo más que un ídolo adolescente bonito (no necesito exponer décadas de historia de la música para mostrar cuán equivocada es esa perspectiva). Pero él percibe que la marea cambia de forma curiosa.

“Definitivamente ‘As It Was’ ha atraído a más hombres”, señala. “Parece un comentario raro porque no es que los hombres fueran el objetivo. Pero es algo que noté”.

Antes de presentarse como cabeza de cartel en Coachella en abril, vi a Harry detrás del escenario, rodeado por James Corden, invitada al escenario, Shania Twain, y su novia, Olivia Wilde. Más tarde, asistí a los shows agotados en Nueva York y en el estadio Wembley de Londres.

El inmenso amor que recibe Styles es imposible de ignorar: lo ves en los rostros de todos los fanáticos, sin importar si lo han apoyado durante “un año, dos años, cinco años, 12 años”, como dice en casi todos sus discursos de agradecimiento al final del concierto. En el camino lo escuché en todas partes, incluso cuando no tenía la intención. “As It Was” sonaba en todas las emisoras, los desayunos tenían “Watermelon Sugar” como banda sonora, “Golden” acechaba en silencio en una farmacia de Londres, “Late Night Talking” sonó a todo volumen en un bar de Brooklyn, lo que llevó a un hombre de por ahí a declarar: “Me gusta Harry Styles. Puedo admitirlo”, como si fuera un acto radical de autoaceptación.

Aunque puede estar en todas partes en 2022, en este momento Styles está literalmente frente a mí, sentado en el sillón de una suite de un hotel en Hamburgo, en una sudorosa tarde de junio. Después de darse un chapuzón en el mar de Irlanda esta mañana, voló a la ciudad alemana y ahora disfruta de un día libre en medio de su primera gira europea desde 2018.

En persona, Styles se parece más al lindo y atlético hermano mayor de tu mejor amigo que al ícono de la moda y la transformación en el que se ha convertido. Ha dejado las boas y los trajes de lentejuelas en el vestidor, optando por una chaqueta deportiva Adidas azul, pantalones cortos de gimnasia y zapatillas Gucci. Su cabello alborotado, como el de un príncipe rebelde en una novela romántica, está recogido hacia atrás con una pinza para el cabello, un accesorio característico en sus días libres. 

Styles es una especie de anomalía millennial: conecta su teléfono al otro lado de la habitación, sin mirar ni una sola vez en busca de alguna notificación. Mantiene el contacto visual mientras sus pensamientos se despliegan con su acento británico, a menudo lento. Es un poco más zen, incluso estoico, de lo que alguna vez fue; esa energía del payaso de la clase –que exudaba cuando el mundo se enamoró de él en One Direction, hace 12 años– ha disminuido naturalmente. Pero sigue siendo tan afable y encantador como siempre, recuerda los detalles de las charlas triviales que tuvimos en todas las otras ciudades donde lo estuve acechando (profesionalmente) y demuestra una gran curiosidad sobre cómo iba a pasar mi tiempo en Hamburgo y cómo funcionan los plazos de entrega en la revista. (De regreso en Nueva York, después de sorprender a los fanáticos en un evento de Spotify por su nuevo álbum, me preguntó qué pensaba sobre el disco más reciente de David Crosby, que le encantó).

“Mi tío abuelo vive aquí”, dice Styles en Hamburgo. “Se casó con una mujer alemana, por eso tengo una prima alemana. Siempre venían a visitarme cuando era chico y la única palabra en inglés que [la prima] sabía era ‘limonada’. No sabía si quería limonada o estaba tratando de decir: ‘¡Dame un poco de agua, por favor!’”.

Foto: Amanda Fordyce.

Por supuesto, no esperaba que le tomara tanto tiempo volver a lugares como Hamburgo, donde cantará ante más de 50.000 aficionados mañana por la noche en el Volksparkstadion, un estadio de fútbol. Se suponía que Love on Tour, el nombre de su gira actual, comenzaría en la primavera de 2020, unos meses después de que Styles lanzara su segundo álbum, Fine Line. Pero todos sabemos lo que pasó.

Styles no volvió a tocar en vivo hasta el año pasado, pero algo divertido sucedió en ese tiempo. Mientras estábamos encerrados en nuestras casas alcanzó su primer hit número uno con “Watermelon Sugar”, de Fine Line, una melodía tan dulce que podés tardar un rato hasta darte cuenta de que está cantando sobre el cunnilingus. Menos de un año después, recibió su primer Grammy por esa canción.

Mientras la pandemia avanzaba, Styles regresó a Los Ángeles, donde tiene una casa y se mudó con tres amigos. Salían “a caminar, [cocinaban] la cena, [lavaban] la lechuga, todo ese tipo de cosas”, dice, hasta que decidió usar el tiempo libre de manera productiva y comenzó a escribir material nuevo. El estudio de Malibú de Rick Rubin, Shangri-La, estaba disponible, por lo que Styles se mudó con los productores y colaboradores Kid Harpoon y Tyler Johnson, con quienes trabaja desde hace tiempo. 

“Realmente no sabíamos en qué nos estábamos metiendo”, dice. “Sentí que estar sentado en casa sin hacer nada podría ser mejor si nos mudábamos juntos y tratábamos de hacer algo de música”. Antes de que se dieran cuenta, estaban preparando Harry’s House, una declaración reveladora que resultó su álbum más radial a la fecha. Se inspiró en el LP de 1973 de Haruomi Hosono, Hosono House, que escuchó por primera vez cuando vivió en Japón hace años, y trató las canciones como si fueran un monólogo interno a lo largo de un día de su vida.

Cuando fue posible viajar en avión, Styles regresó a Londres. Más tarde, manejó con un amigo hasta Italia en el auto de su difunto padrastro, escuchando los CD de jazz que le dejó. Un día visitó la Fontana de Trevi, probablemente con su bigote pandémico, y apenas lo saludaron cuatro personas en lugar de las habituales multitudes que rodean el sitio histórico: “Sentía que todos los días decía: ‘Qué tiempos raros, ¿no?’ ‘¡Sí, es una locura!’”.

Les da el crédito a sus compañeros de casa (amigos, colaboradores) por mantenerlo bien durante este tiempo. “Realmente habría tenido problemas si lo hubiera hecho todo solo”, dice, evocando la frase “Harry, no eres bueno solo” de “As It Was”. Después de Italia, Styles visitó a amigos en Francia, luego volvió al trabajo y finalmente se alojó en Real World Studios, cerca de Bath, en Inglaterra. Cuando empezó a cruzar Estados Unidos para finalmente hacer la gira de Fine Line en el otoño pasado, Harry’s House estaba terminado, en secreto.

Foto: Amanda Fordyce

Ahora, además de los sencillos ineludibles y la gira mundial de su vuelta triunfal, hay otros indicadores de su estrellato, como su línea de cuidado de la piel, esmalte de uñas y ropa llamada Pleasing, y una colección con Gucci, sin mencionar su floreciente carrera cinematográfica.

Protagoniza el thriller psicológico Don’t Worry Darling y el drama íntimo My Policeman, y ha llegado a un acuerdo con Marvel Studios para interpretar a Eros en al menos una de las películas de Eternals. “Todo en mi vida ha sido como un adicional desde X-Factor”, dice, refiriéndose al concurso que lo condujo directamente a One Direction. “Ir a la televisión y cantar, nunca esperé ni pensé que sucedería”.

Pero hoy, en un hotel de Hamburgo, el artista sigue intentando encontrarle sentido a todo. Piensa mucho sobre el amor, la vergüenza, la honestidad y la importancia de la bondad y la terapia. Y se preocupa.

Le preocupa cómo puede ser una de las estrellas de pop más grandes del mundo, de las que pueden ser todo para sus fanáticos, y al mismo tiempo ser un gran hijo, hermano, amigo y compañero para la gente que está a su lado. A medida que todo se hace más grande, Styles imagina una vida más pequeña. ¿Cómo puede el hombre más buscado del mundo guardar lo mejor para sí mismo?

Cuando tocó dos conciertos totalmente agotados en el estadio de Wembley en junio, lo primero que hacía después de salir del escenario era tomar una ducha. La ducha posterior al concierto se ha convertido en ritual: una necesidad higiénica, claro, pero también un momento crucial de claridad y reflexión. Así lava los gritos llenos de amor y deseo de estar ante él. Cualquiera se sentiría abrumado por eso. “Es realmente antinatural pararse frente a tanta gente y tener esa experiencia”, dice. “Al lavarte, solo sos una persona desnuda, en su forma humana más vulnerable. Básicamente, como un bebé desnudo”.

Esas duchas posteriores a Wembley fueron especialmente gratificantes. Cuando One Direction, a la que Styles casualmente se refiere como “la banda”, tocó en ese estadio en 2014, terminó con amigdalitis el día del show. “Fue muy triste para mí”, recuerda. “Cantamos la primera y recuerdo que bajé del escenario, me subí a un auto y comencé a llorar porque estaba muy decepcionado”.

Los conciertos de Styles en Wembley fueron una especie de reunión: hubo amigos y familiares de todos los ámbitos de su vida y su carrera entre el público ambas noches. Su mamá, Anne Twist, su hermana Gemma, sus amigos y su equipo bailaron en las gradas junto a Wilde y sus dos hijos pequeños. Incluso un excompañero de banda, Niall Horan, sonreía mientras escuchaba “What Makes You Beautiful”.

A medida que se convertía en una de las mayores estrellas pop, la necesidad de privacidad de Styles, para mantener a ese “bebé desnudo” fuera del ojo público, parece haber crecido. El secreto ha ayudado a defenderse de las constantes preguntas sobre su vida sexual, como las que le lanzaban en cuanto fue mayor de edad.

En los últimos dos años, comenzó a ir a terapia de forma más frecuente. “Me comprometí a hacerlo una vez por semana”, explica. “Sentí que hacía ejercicio todos los días y cuidaba mi cuerpo, así que, ¿por qué no hacerlo con mi mente?”. Así comenzó a procesar partes de sí mismo que no había descubierto. “Muchas de tus emociones son muy extrañas antes de empezar a analizarlas adecuadamente. Me gusta asomarme [a una emoción] y mirarla a la cara. No solo decir: ‘No quiero sentirme así’, sino más bien: ‘¿Qué es lo que me hace sentir así?’”.

Un sentimiento del que necesitaba deshacerse era la vergüenza, el tipo de vergüenza que surge cuando se analiza tu vida sexual mientras todavía la estás descubriendo. Con los años, aprendió a dejar de disculparse por ello, aprendió que podía ser vulnerable en privado mientras se protegía del público. A veces, sin embargo, le preocupaba convertirse en un “hipócrita” por ser tan cerrado. Sus espectáculos se han vuelto espacios seguros y empoderadores para sus fanáticos, muchos de los cuales quieren compartir quiénes son. Sobre el escenario, ha ayudado a muchos a abrirse ante sus padres, facilitando desde propuestas de matrimonio hasta revelaciones de género.

Separar su vida personal de la pública no es una elección que se tome a la ligera. “Cuando trabajo, trabajo muy duro, y creo que soy muy profesional”, dice. “Pero, cuando no lo soy, no lo soy. Me gusta pensar que soy abierto, y probablemente bastante testarudo también, y estoy dispuesto a ser vulnerable. A veces puedo ser egoísta, pero también me gusta pensar que soy una persona cariñosa”.

Ha encontrado un vago equilibrio al separar las cosas.

“Nunca he hablado públicamente sobre mi vida fuera del trabajo, y descubrí que eso me ha beneficiado positivamente”, argumenta, quizás de manera preventiva. “Siempre va a haber alguna narrativa con su propia versión, y creo que simplemente decidí que no iba a perder el tiempo tratando de corregirla o redirigirla de ninguna manera”.

Cerrar el telón sobre su vida solo ha hecho que todos los que no están detrás sean más curiosos. Su sexualidad, por ejemplo, ha sido un tema casi obsesivo durante años. Ha adoptado la fluidez de género en su moda, como Mick Jagger y David Bowie antes que él, y ha señalado en repetidas ocasiones lo anticuado que es exigir etiquetas y casillas para la identidad de todos. Los críticos de su enfoque lo han acusado de “queerbaiting” o de sacar provecho de la estética queer sin vincularse explícitamente a la comunidad. Los defensores sienten que es injusto obligar a alguien a etiquetarse como una sola cosa para validar su género o su expresión creativa.

Styles, sin preguntar, señala lo tontos que le parecen algunos de los argumentos sobre cómo se identifica: “A veces la gente dice: ‘Solo has estado con mujeres públicamente’, y no creo que haya estado públicamente con ninguna. Si te sacan una foto con alguien, no significa que hayas elegido tener una relación pública o algo así”.

Últimamente, esto puede ser cuestionado. Mientras él está en todas partes, también lo está Olivia Wilde. La pareja se conoció en el set de Don’t Worry Darling, que ella dirigió, y luego causaron revuelo cuando los paparazzi los fotografiaron tomados de la mano en la boda de su manager y amigo cercano Jeffrey Azoff, en enero de 2021.

Foto: Amanda Fordyce

Styles no es la persona más conectada: usa Instagram para mirar plantas y publicaciones de arquitectura, nunca ha tenido TikTok y define a Twitter como “una tormenta de mierda con personas que tratan de ser horribles con otra gente”, pero aun así, es consciente de cómo esos rincones tóxicos de Internet tratan a las personas más cercanas a él. 

“Eso obviamente no me hace sentir bien”, dice con cuidado, está en la cuerda floja al discutir esto. Quiere ver lo bueno de sus fans (¡y lo hace!), pero no se puede negar que, como todas las grandes comunidades en línea, esta tiene una facción que se apoya en el odio y el anonimato.

Incluso con los límites que ha establecido entre su vida pública y privada, a veces “otras personas borran los límites por vos”, dice. Hay una conversación que tiene que tener al principio de una relación, no importa cuán extraño o prematuro se sienta. “¿Te imaginás?”, dice, “tener una segunda cita con alguien y decir: ‘Mirá, van a decir esto, y va a ser muy loco, y van a ser malos, y no es real… Pero, bueno, ¿qué querés comer?’”.

Aunque Styles se consuela al saber que no todos sus seguidores son así, todavía se pregunta cómo responder cuando el ruido se vuelve demasiado fuerte. “Obviamente es un sentimiento difícil, como si estar cerca de mí implicara estar expuesto ante una parte de Twitter o algo así”, dice. “Solo quería cantar, no quería involucrarme en cosas que pudieran lastimar a la gente de esa manera”.

Cuando se le pregunta sobre su experiencia con sus fans, Wilde es diplomática. Al igual que Styles, cree en lo que representan como colectivo, llamándolos “personas profundamente amorosas” que han fomentado una comunidad que reconoce y acepta. “Lo que no entiendo de esa crueldad es que ese tipo de negatividad tóxica es la antítesis de Harry y todo lo que él expone”, me dice ella. “Personalmente, no creo que el odio defina a sus fans en absoluto. La mayoría de ellos son verdaderamente buenos”.

Foto: Amanda Fordyce

Styles se convirtió en actor cuando tenía cuatro años, protagonizando una obra de teatro llamada Barney the Church Man. Más tarde, se transformó en Buzz Lightyear en una producción de Chitty Chitty Bang Bang, “porque Buzz Lightyear estaba en la juguetería por alguna razón”. Otros de sus primeros créditos teatrales incluyen: Razmatazz en Bugsy Malone y el faraón inspirado en Elvis de la película Joseph and the Amazing Technicolor Dreamcoat. Más tarde audicionó para Elvis de Baz Luhrmann, pero el director consideró que era demasiado icónico.

Aparte de eso, actuar no era realmente parte de su plan de vida. Le gustó, pero encontró una nueva emoción cuando comenzó con su banda White Eskimo. Cuando debutaron y ganaron una competencia de Battle of the Bands, fue la primera vez que sintió “el cambio”: sus maestros lo miraron, y no al contrario. “Creo que solo era un fanfarrón”, dice, con una pisca de descaro. “Lo digo como si fuera algo del pasado”.

Pero mientras Styles preparaba el lanzamiento de su debut en solitario en 2017, volvió a incursionar en la actuación, con un papel secundario en la épica Dunkirk, de Christopher Nolan. (El director dijo que no tenía idea de cuán famoso era Styles cuando lo eligió). Cuando Marvel lo reclutó para convertirse en Eros, la directora Chloé Zhao no tenía a nadie más en mente que a Styles para el papel. El hermano más heroico de Thanos es retratado en los cómics como una especie de playboy intergaláctico, con una fuerza sobrehumana y la habilidad de controlar las emociones de las personas (un papel apropiado para la estrella de pop más candente del planeta). El jefe del MCU, Kevin Feige, recientemente se burló un poco de Styles, aunque hasta ahora su única aparición ha sido la escena posterior a los créditos de Eternals, junto con Pip y la voz de Patton Oswalt. “Sería gracioso si eso fuera todo, ¿no?”, bromea sobre su cameo.

El papel de Styles en Dunkirk captó la atención de Wilde cuando comenzaba a planear Don’t Worry Darling. Fue uno de los primeros candidatos para el papel de Jack, un esposo encantador, pero reservado para la cada vez más problemática Alice de Florence Pugh. Y Styles tenía muchas razones para estar interesado en Don’t Worry Darling. Según los informes, el segundo largometraje de Wilde como directora inició una guerra de ofertas entre 18 estudios, luego del éxito de su debut como directora, Booksmart.

Compartiendo un momento íntimo con Florence Pugh en el thriller psicológico Don’t Worry Darling. PARISA TAGHIZADEH/AMAZON CONTENT SERVICES

Las conversaciones previas a la pandemia entre Styles y el equipo de Darling no llegaron muy lejos; después de todo, se suponía que estaría de gira mundial durante la mayor parte de 2020. En cambio, Shia LaBeouf ganó el papel, pero a finales de ese verano, según los informes, Wilde había expulsado al actor por mal comportamiento en el set.

“Quería volver a actuar”, dice Styles. Pasó gran parte de la pandemia viendo películas con su grupo de amigos y colaboradores: volvió a ver sus favoritas, como el drama belga de 2012 The Broken Circle Breakdown. Algunas noches, él y sus amigos ponían un montón de títulos en un sombrero y elegían al azar. “Había un par de gustos diferentes en la casa, así que estaba entre Parasite y Coyote Ugly”, dice.

Styles fue anunciado como el reemplazo de LaBeouf un mes antes de que comenzara la filmación. Resultó perfecto para el papel de Jack, quien llevó a Alice a la remota y ficticia ciudad estadounidense de Victory para trabajar en un proyecto secreto que los hombres de la compañía no les contarían a sus esposas. Jack se convierte en un empleado estrella y está desesperado por obtener la aprobación de su jefe. “Estábamos buscando a alguien con una calidez innata y un encanto palpable”, dice Wilde. “Toda la historia dependía de que la audiencia creyera en Jack”.

Styles filmó Don’t Worry Darling entre septiembre de 2020 y febrero de 2021 en Los Ángeles y Palm Springs. Fue el tiempo más largo que había permanecido en un mismo lugar en 11 años. Pensó en salirse completamente de la red mientras lo hacía: conseguir un teléfono plegable, dejar de hacer música. “La realidad es que llegás y el 75 % del tiempo estás esperando”, dice. “‘Bueno, le voy a enviar un mensaje de texto a mi amigo’”.

Al principio, era comprensible que estuviera ansioso por asumir un papel tan importante junto a estrellas como Pugh, Chris Pine, Gemma Chan y Nick Kroll. “En la música, hay una respuesta muy inmediata a lo que hacés. Terminás una canción y la gente aplaude”, dice. “Cuando estás filmando y dicen ‘corten’, tal vez una parte tuya espera que todos comiencen a aplaudir, [pero] no lo hacen. Todo el mundo, obviamente, vuelve a hacer su trabajo, y decís: ‘Oh, mierda, ¿fue tan malo?’”. Ser actor le recordaba a los músicos de sesión: “Te llaman para hacer una parte, y luego alguien más lo junta todo”.

Y el riesgo puede valer la pena: él y Pugh ya están oyendo rumores previos a la temporada de premios. Wilde dice que en un momento “nos dejó a todos llorando” por la escena de la promoción de Jack, durante una gran gala de la empresa. “Es una escena extraña, llena de referencias fascistas y un grado inquietante de ira masculina”, dice Wilde. “La escena requería que él subiera al escenario con Frank (Chris Pine) y cantara su espeluznante eslogan, ‘¿De quién es el mundo? ¡Nuestro!’ una y otra vez. Pero Harry lo llevó a otro nivel. Estaba tan concentrado en el momento que comenzó a gritar las líneas a la multitud, en este rugido primitivo, más intenso de lo que esperábamos de la escena”.

Harry Styles y Olivia Wilde paseando por Londres en marzo. La pareja se conoció en el set de Don’t Worry Darling, que ella dirigió. INEIL MOCKFORD/GC IMAGES

Según Wilde, Pine retrocedió, entendiendo que este era el momento de Harry. “El camarógrafo lo siguió mientras paseaba por el escenario como una especie de animal salvaje”, recuerda la directora. “Estaban todos atónitos ante el monitor. Creo que incluso Harry se sorprendió. Esos son los mejores momentos para un actor, cuando estás completamente fuera de tu cuerpo”.

En cuestión de semanas pasó del set de Darling al rodaje de la más íntima My Policeman. Había leído el guion el año anterior, suficientemente conmovido por la historia como para contactar al director Michael Grandage y solicitar una reunión. Styles llegó con todos los diálogos memorizados.

Interpretando a un policía que oculta su sexualidad, junto a David Dawson y Emma Corrin, en My Policeman, ambientada en los años cincuenta. WARNER BROS

Styles interpreta a Tom, un policía inquieto por sus sentimientos hacia un curador de museo llamado Patrick (David Dawson). Ambientada en los años cincuenta, cuando todavía eran ilegales las relaciones entre personas del mismo sexo en el Reino Unido, la pareja se muda en secreto, mientras Tom busca casarse con una maestra de escuela llamada Marion (Emma Corrin). La película oscila entre el pasado y el presente, cuando los tres se reúnen en circunstancias terribles. “Obviamente ahora es inevitable pensar: ‘Oh, no podías ser gay, era ilegal’”, dice Styles. “Creo que todos, incluyéndome, tenemos nuestro propio viaje para descubrir nuestra sexualidad y sentirnos más cómodos con ella”. Para él, My Policeman es una historia muy humana. “No es como si dijera: ‘Es una historia gay sobre estos tipos homosexuales’. Para mí se trata de amor y de la pérdida del tiempo”.

Según Styles, Grandage quería resaltar cómo es realmente el sexo entre dos hombres en las escenas entre Tom y Patrick. “Gran parte del sexo gay en las películas consiste en dos tipos haciéndolo, y eso le quita la ternura”, continúa el artista. “Me imagino que algunas personas la verán, habiendo estado vivas durante este tiempo en que era ilegal ser gay, y [Michael] quería mostrar ese lado más tierno, amoroso y sensible”.

Darling y Policeman tendrán grandes estrenos en los prestigiosos festivales de cine en Venecia y Toronto a finales de este verano boreal, pero Styles no está seguro de que su paso a la gran pantalla sea permanente. “No creo que haga otra película por un tiempo”, dice. Hay rumores sobre cuántas películas de Marvel ha firmado y otras franquicias con las que podría estar en conversaciones secretas. En respuesta a un rumor de que protagonizará una futura serie de Star Wars, dice: “Es la primera vez que oigo hablar de eso. Me imagino que es… falso”.

Pero no descarta asumir nuevos papeles. “Creo que habrá un momento en el que lo desee”, dice. “Pero cuando estás haciendo música, algo está pasando. Te sentís muy creativo y, a la vez, eso alimenta otras cosas. Gran parte de la actuación es no hacer nada, esperar. Y si esa es la peor parte, entonces es un trabajo bastante bueno. Pero no encuentro que esa sección sea tan satisfactoria. Me gusta hacerlo en el momento, pero no creo que vaya a hacerlo tanto”.

Como un verdadero príncipe despeinado, Styles me invita a un concierto junto a la filarmónica de Hamburgo, ocho horas antes de su propio show. En giras anteriores, dice, “llegaba a muchas ciudades y sentía que había estado allí incontables veces, pero nunca había visto nada”. En esta gira ha estado asimilando mucha arquitectura local. “Es algo que puedo hacer por mi cuenta, simplemente sentarme en algún lugar y mirar las cosas”, dice.

Estudiar los puntos más finos de los edificios se ajusta a la vida turística reglamentada, disciplinada y claramente adulta que ha creado. Styles se ha enamorado de la rutina en el proceso: diez horas de sueño por noche, inyecciones intravenosas que lo bombean con nutrientes y vitaminas, una dieta estricta consciente del reflujo ácido que eliminan el café, el alcohol y ciertos alimentos que afectan su garganta, de la cual dependen 50.000 fanáticos. Anoche durmió con dos humidificadores que hacían que pareciera que salía de un baño de vapor cuando abrió la puerta de su habitación de hotel.

La Elbphilharmonie Hamburg, “Elphi” para abreviar, es una estructura llamativa, que se parece a una hermosa vela. Styles usa la misma ropa que cuando nos encontramos en el hotel el día anterior, solo que cambió los pantalones cortos por pantalones a rayas y un tapabocas que cubre su rostro. Llegamos tarde y no pudimos entrar hasta el intermedio, así que, en cambio, revisamos los pasillos y los ascensores detrás del escenario para ver salas construidas para ofrecer una acústica increíble y vistas panorámicas de Hamburgo. Estaba maravillado con todo. En una habitación llena de pianos y con temperatura controlada, le preguntó a nuestro guía turístico cuál era el mejor antes de sentarse en uno y tocar durante unos minutos de ensueño. Había mencionado anteriormente que pasó el último verano tocando el piano todos los días con su café matutino. Tenía también preguntas sobre los paneles y, como un verdadero turista, sacó fotos de todo.

En Coachella junto a Shania Twain. KEVIN MAZUR/GETTY IMAGES

La primera vez que conocí a Styles fue muy parecida a esta. En 2017, en su primera gira en solitario, en San Francisco fui al backstage a entrevistar a Kid Harpoon. Styles entró atolondrado en la habitación donde yo estaba esperando, caminando como si fuera el técnico de iluminación y no el artista principal con una fila de fans que le daba la vuelta a la cuadra. Ahí estaba alguien incapaz de pasar inadvertido actuando tan casualmente. Entonces me saludó como a una vieja amiga, no como a alguien que todavía se negaba a dejar su llavero de One Direction. Me preguntó cómo había estado, qué estaba haciendo en San Francisco y si estaba emocionada por el espectáculo. Por supuesto que recuerdo cada segundo de ello.

Styles tiene un don para hacer que quienes están en su presencia se sientan vistos. Solo preguntales a los fanáticos que se encuentran con él en los paseos por Central Park o Hampstead Heath, y luego analizan esos momentos como si hubieran conocido al Papa.

Antes de la segunda mitad del concierto en Elphi, la multitud se mezcla y toma algo. Mientras caminamos, Styles pasa desapercibido (el tapabocas ayuda). Es divertido ver a una de las estrellas pop más grandes del mundo moverse por el lugar con tanta facilidad, como si no se diera cuenta de lo conocido que es.

“Si hacés que tu vida se base en el hecho de que no podés ir a ninguna parte y que todo tiene que ser un gran problema, entonces en eso se convierte tu vida”, dice. “Ahora, en Londres, camino por todas partes. Es difícil encontrar cosas, restaurantes y lugares si siempre vas en auto, y no es tan divertido”.

Styles me describe sus próximos meses: en agosto, después de terminar su gira europea en Lisboa, se irá de vacaciones con algunos amigos, tal vez se ponga al día con la temporada de Love Island que no quería perderse, o ver si The Bear es tan buena como todo el mundo le dice. La próxima etapa de su gira incluye paradas en Los Ángeles, Nueva York, Austin y Chicago como temporadas extendidas, una decisión que satisface su necesidad personal de una gira menos extenuante y una necesidad profesional de asistir a festivales de cine y alquilar estudios para escribir y grabar música para su cuarto álbum. “Siempre estoy componiendo”, dice. Él y sus colaboradores ya están tirando ideas. “Creo que todos estamos muy emocionados de volver a hacerlo, y es una locura porque acabamos de sacar un álbum”.

Y ahora, más que nunca, está pensando en el futuro. Quiere tomarse un buen tiempo libre en algún momento, al menos descansando de las giras. Siempre está escribiendo y quiere ser una figura más presente para su familia y amigos. A su vez, ha aprendido a definir cómo es el verdadero amor para él. “La fantasía, o la versión que la gente puede construir, hace que te sientas como alguien que no tiene fallas”, explica. “Lo que más valoro de mis amigos es que siento que constantemente me recuerdan que está bien tener defectos. Creo que soy bastante desordenado y cometo errores. Creo que eso es lo más amoroso: podés ver las imperfecciones de alguien, y no es que los ames a pesar de eso, sino que los amás con eso”. Está pensando en cómo sería si tuviera hijos algún día: “Bueno, si tengo hijos en algún momento, los alentaré a ser ellos mismos, a ser vulnerables y a compartir”. 

También está pensando en lo que quiere decir. Admite que no estaba interesado en la política cuando era adolescente, ajeno a las cosas que no lo afectaban personalmente. Pero, a medida que se hizo más famoso, también se comenzó a preocupar por eso. “Me analizaba mucho a mí mismo y decía: ‘No hago lo suficiente…’ o algo así”. Cuando el debate sobre el racismo y la indiferencia alcanzaron un punto álgido en 2020, Styles marchó por las calles y leyó libros como How to Be an Antiracist, de Ibram X. Kendi, y The Will to Change, de Bell Hooks. Empezó a pensar en la equidad racial y de género, especialmente siendo alguien que emplea a muchas personas. “Aparentar que una persona blanca no tiene una ventaja inicial simplemente no es cierto”, dice.

Estábamos juntos justo después de que Roe vs. Wade fuera revocada en Estados Unidos. “No puedo imaginar lo aterrador que es ser una mujer en Estados Unidos en este momento”, dice. En Hamburgo levantó el cartel de una fan que decía: “Mi cuerpo, mi elección” y lo mostró con orgullo en el escenario. En la multitud hubo una energía que lo llenó de optimismo. “Me siento afortunado de ver a un grupo de personas, incluso solo en esta gira, que se unen de alguna manera”, dice. “Creo que tienen mucho menos miedo de abrir la herida, hablar de ello y hacer lo necesario, que la generación anterior a la nuestra”.

Mientras esperábamos que la filarmónica retomara, vi a algunas niñas con sus familias en la audiencia y le pregunté cómo sería el cruce entre este público y su espectáculo de esta noche. El artista miró a su alrededor, en su mayoría a personas mayores, y me dijo: “Menos del uno por ciento… Sé que estaré en ambos”.

Styles observa a la orquesta con atención. Cuando el director se va y luego regresa con una ovación de pie, el cantante me susurra: “Está a punto de tocar su gran éxito”. Incluso cuando no está pavoneándose frente a 50.000 personas, todavía está intentando entretener a la única persona que lo acompaña.

Styles en My Policeman. CORTESÍA DE KARWAI TANG/WIREIMAGE/GETTY IMAGES.

Salimos antes de que la multitud se dispersara por completo. Styles se demoró un segundo más para tomar algunas fotos antes de ir a prepararse para su concierto, donde saltaría por el escenario, animado por los gritos de jóvenes fanáticas que han esperado este momento durante años.

Sus fans también se quedaron esa noche, agrupándose en centenares fuera del Volksparkstadion. Tomaron fotos de sus atuendos, sus rostros brillantes de lágrimas y sudor, con montones de plumas abandonadas por doquier. Cantaron sus grandes éxitos, haciéndole vigilia con la luz del teléfono mientras corean “Night Changes” de One Direction, o “Falling” de Fine Line. Mientras la ciudad se convertía en su eco, probablemente el hombre más buscado del planeta estaba tomando una ducha.

CONTENIDO RELACIONADO