Flee

Un refugiado afgano hace las paces con su pasado, en una estupenda cinta animada

Jonas Poher Rasmussen  

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
Compartir en email

Cortesía Neon

Los documentales animados son pocos, pero contundentes. Waltz con Bashir, Persépolis, Tower, Pequeñas voces, Historia de guerra, La ola verde, Aprobado para la adopción, Arrugas y el cortometraje Si algo me pasa, los quiero son los títulos de este prestigioso grupo de obras, a las cuales se les suma Flee, el poderoso trabajo del danés Jonas Poher Rasmussen, cuyos trabajos previos (Buscando a Bill y Lo que él hizo), ya evidencian a un experto documentalista que le hace honor a la definición que John Grierson, el padre del documental social, hizo sobre el género (“un tratamiento creativo de la realidad”).

Flee fue una película que logró algo sin precedentes en la pasada entrega de los Óscar (ser postulada a Mejor documental, Mejor película animada y Mejor película internacional) y que nos muestra el testimonio real de un refugiado afgano, el cual se narra por medio del dibujo animado, para mantener en el anonimato a su protagonista. El amigo del director, quien aquí se hace llamar Amin, es un hombre gay, quien actualmente vive con su esposo en Dinamarca y que huyó de su país cuando era tan solo un adolescente, en un momento en el que los muyahidines, miembros de un grupo extremista asociado a los talibanes, tomaron el poder de Afganistán en los años ochenta.

El padre de Amin fue arrestado y nunca se le volvió a ver. Su hermano mayor buscó refugio en Suecia. Su madre, sus hermanas y su otro hermano, actualmente se encuentran separados de Amin y vivieron con este, los horrores causados por los traficantes de personas, por la corrupción policial y la crueldad gubernamental, cuando abandonaron todo lo que tenían en Afganistán e intentaron refugiarse en Rusia. Asimismo, Amin tuvo que mentirles a las autoridades danesas y decir que toda su familia había sido asesinada, para poder vivir en calidad de refugiado en ese país (razón por la cual debe mantenerse en el anonimato).

La animación hace que el espectador abandone sus prejuicios y se conecte de una manera humana con el drama de Amin, de su familia y el de miles de refugiados, no solo de Afganistán, sino de todo el mundo, quienes ven afectados de una manera repentina la estabilidad y la seguridad de su hogar (algo que muchos damos por sentado) y son obligados a huir sin mirar atrás.

Esta es una película en apariencia simple, que transmite ideas complejas acompañadas de una fuerte dosis emocional, generando una experiencia cinematográfica que no dejará a nadie indiferente. Flee es una denuncia sobre el grave problema que implica el desplazamiento forzado, pero también es la historia de un hombre que debe hacer las paces con su pasado para poder tener una vida digna, libre y feliz. Sus múltiples galardones son más que merecidos.