A lo largo de más de tres décadas, Juan Campodónico ha sido una figura clave en la transformación del sonido latinoamericano contemporáneo. Como productor, ha moldeado el ADN de artistas esenciales —de Jorge Drexler a La Vela Puerca— y ha impulsado proyectos que desafiaron las fronteras entre lo popular y lo experimental, como Peyote Asesino, Campo y Bajofondo. Pero nunca antes había puesto su propio nombre al frente de un álbum. Esto tampoco soy yo (2025) llega como una especie de revelación: un trabajo íntimo, existencial y emocionalmente transparente que reconfigura su historia desde un punto de vista más humano.
El disco nace en un momento de doble transformación: la paternidad y la necesidad de reencontrarse con el impulso original de crear. “Siempre estuve en sintonía con procesos colectivos”, dice Campodónico, “pero esta vez sentí que tenía que escucharme a mí mismo, descubrir qué pasaba si el proyecto era solo mío”. Así comenzó a construir un álbum que, más que un manifiesto, funciona como un retrato emocional: empieza con una pieza dedicada a su hijo, ‘Milo’, y termina con ‘Simplemente la belleza’, un tema que incorpora la voz de su padre —el reconocido teatrista Antonio Campodónico— reflexionando sobre el arte como refugio ante la oscuridad.
El resultado es un mapa de identidades, colaboraciones y recuerdos que atraviesan distintas etapas de su vida. Participan voces como Jorge Drexler, Sebastián Teysera (La Vela Puerca) o Cami Rodríguez (Niña Lobo), entre arreglos de candombe, electrónica, orquestaciones y folk uruguayo. Cada canción parece buscar algo que no termina de fijarse: la belleza, la memoria, el sentido del tiempo. “Empieza con una canción que habla de mi hijo y termina con una que habla de mi padre”, resume el músico. “Hay algo que va hacia adelante y algo que va hacia atrás. En el medio estoy yo, tratando de entender todo eso”.
Con Esto tampoco soy yo, Campodónico traza una nueva bisagra en su carrera. Después de años de explorar las raíces del tango y la experimentación sonora desde Bajofondo, este álbum marca su regreso a la fragilidad y la emoción directa. No hay concepto colectivo ni estética de laboratorio: hay vulnerabilidad, introspección y una voz que se redescubre a sí misma en el proceso. “Fue una página en blanco”, confiesa. “Y en esa página me encontré”.
Hablamos en exclusiva con Juan Campodónico acerca de lo que fue este álbum

Juan, ¿qué tal todo? ¿Qué estás haciendo estos días?
Juan: Ahora, en estos días, estoy tratando de transformar el disco en un espectáculo, primero en formato live set. Voy a empezar tocando en formato live set, con muchas cosas electrónicas, algunas tocadas por mí, y también con una persona que va a estar conmigo en la parte musical: Cami Rodríguez, la cantante de Niña Lobo. Bueno, hicimos una canción para el álbum, nos hicimos muy amigos y me gusta mucho cómo canta, me parece que las voces encajan muy bien, así que, en principio, ya estamos ensayando. Le estoy pasando todo un repertorio de mis proyectos anteriores y, bueno, también cosas nuevas.
Claro, qué reto, ¿no?
Juan: ¡Uh, está buenísimo! Además, a finales de octubre, voy a tocar aquí, en un local que es como un estudio y cafetería, de esos sitios nuevos que están tan de moda, transforman todo blanco y minimalista. Vamos a hacer un live set ahí y probar las primeras cosas con Cami. Después, la idea para noviembre es tocar aquí y en Buenos Aires, pero con un espectáculo un poco más ambicioso. Lo primero que vamos a hacer va a ser una cosa para amigos y gente cercana, como un estrenón de la música con amigos increíbles.
Imagino que es complicado de todas formas, sobre todo con el disco nuevo, que tiene un montón de sonidos y cosas que serán un reto para el formato en vivo.
Juan: Totalmente. Y, además, hay muchos colaboradores. En algunos casos, quiero usar sus voces grabadas y trillarlas. En otros casos, hay cosas que me quedan bien y las voy a cantar yo. Depende del caso. Y hay cosas que directamente, no sé, como poner el primer tema en Milo. Canta Eli Almic, hay una parte que canta a una velocidad, rapea a una velocidad inhumana, es decir, nadie canta a esa velocidad. No se puede hacer. La única opción es tirar del track, disparar el track de ese pedacito que canta a esa velocidad, que no puede ser, claro.
Como te decía, la última vez que hablamos recién sacabas ‘Frik’ y no me soltabas mucha información acerca de este disco.
Juan: Bueno, es que estaba en pleno proceso. Tenía la idea de hacer un álbum más personal, con mi nombre. En cuanto terminé una canción, que fue ‘Frik’, dije, “La voy a lanzar y me comprometeré a terminar el álbum. Y esa iba a ser la manera de obligarme a terminarlo”. Lo usé como presión pública. Pero sí, todavía estaba en proceso. Fíjate que han sido un año y algo. Y el álbum empezó a crearse y a producirse hace dos años más o menos.
La primera canción, que se llama ‘Milo’, es una melodía muy sencilla de piano, que después se va desarrollando. La melodía que suena al principio la escribí el día que mi pareja y yo nos enteramos de que íbamos a ser padres. Entonces, recuerdo que fue al mediodía cuando nos enteramos. Yo tenía que venir al estudio a trabajar en la música de un desfile de Chloé en París. Mi pareja se iba a Chile por un trabajo de arquitectura. Estuve toda la tarde trabajando y escribiendo música, cosas así.
Y, por la noche me dijo: “Ay, ¿qué tal? ¿Cómo te fue?”. Y le digo: “Ay, escribí esto, te lo mando”. Le mandé un audio de la música por WhatsApp y dijo, “Ah, pero es una canción de cuna” [se ríe]. La música ya había quedado impregnada, aunque era para otra cosa, con esa situación tan personal. Entonces, cuando decidí retomar esa música, adaptarla al disco y titularlo Milo, obviamente, porque estaba inspirado en él. Y, así empieza, con algo que tiene que ver con el ámbito personal.
Son momentos que cambian la vida. Todo el disco se hizo en paralelo a ese otro proceso. Hay mucha frescura y creatividad en el álbum que tiene que ver con todo ese otro proceso.
Una doble gestación.
Juan: Era algo nuevo para mí, por lo menos. ¡Me agarró ya de mayor! Pero, cuando el disco ya tenía un montón de temas, colaboradores y una forma, sentí que el álbum todavía no estaba completo, me puse a hacer el último tema, que se llamxun track cuya música escribí, pero usé samplings de unas grabaciones de una conferencia que dio mi padre hace millones de años.
Mi padre, César Campodónico es un teatrista muy reconocido, fundador del Teatro del Galpón de Montevideo, una persona muy importante dentro del mundo del teatro. Dio unas conferencias en el Memorial de América Latina, en San Pablo. Duraban unas dos horas, tenía las cintas de carrete. Y, de esas grabaciones, elegí unos fragmentos en los que hablaba sobre la belleza y sobre cómo, en su época de actividad, en los años 70 y 80, en el sur era un momento muy terrible de represión. Entonces, la reflexión era que, a veces, no podés hacer el repertorio que querés, sea por cuestiones de censura, porque están vedados o por lo que sea, pero hacer un repertorio, un texto que simplemente exponga la belleza ya era como un patrimonio nuestro, no del oscurantismo. Como en esa época en la que ellos tuvieron que vivir, era una forma de oponerse a esa situación oscurantista del mundo mediante la belleza y el arte.
Lo sentí como una especie de escudo que protegió a mi familia cuando yo era pequeño. En mi casa se respiraban las artes y el teatro. Nos fuimos a México y mis padres desarrollaron su actividad a un nivel impresionante. Y, ese escudo de la belleza, nos protegió. Entonces, pensé que esa frase pintaba bien en el rol que había conocido. Fue ahí donde sentí que se había completado: al terminar ese tema y añadir su voz.
Después, cuando empecé a preparar el disco y hablar de él, pensé, “Qué curioso… Empieza con una canción que habla de mi hijo y termina con una que habla de mi padre”. Hay algo que va hacia atrás y algo que va hacia adelante.
Este disco y este momento de mi carrera son como una reformulación de lo que había estado haciendo, y plantearlo de una manera nueva, sin dejar de lado que sigo siendo la misma persona. Soy el mismo músico de Bajofondo, del Peyote Asesino o de Campo, y esas influencias están en este disco. Se pueden escuchar algunas cosas que suenan, no están negadas, no vamos a usar nada de eso, lo asumimos. Todo eso se derrama un poco en este nuevo trabajo.
Sí, espectacular. Estuve escuchándolo y la verdad es que la amalgama de sonidos y texturas, y cómo evolucionan las canciones, es muy chévere. Empieza por una cosa y termina siendo otra, pero igualmente tiene sentido. Me gustó.
Juan: Dentro de cada canción también hay muchos momentos. No sigue reglas, porque hice muchas cosas que no se deben hacer en un disco de música pop. Por ejemplo, hay estructuras largas.
Claro, ahí está lo Bajofondo.
Juan: Ahí está, sí. Arreglos orquestales.
¿Y cuál tiene sentido? Digamos, por ejemplo, ‘Milongueado’, que me gustó mucho.
Juan: ‘Milongueado’, que canta Sebastián Teysera, el cantante de La Vela Puerca, que es un gran compositor. En Uruguay, es un referente impresionante porque ha escrito canciones que más han resonado en la gente, muy populares y conmovedoras. Y soy amigo suyo desde hace mucho. Les produje un disco a La Vela Puerca en 2007, que se llama El impulso. Hacía mucho tiempo que no lo veía. Fui a verlos a un lugar muy grande aquí, y me di cuenta de que tocaban muchas canciones del disco que yo les había producido. Me emocionó mucho volver a escuchar esas canciones. Entonces le dije a Sebastián, “Ché, tenemos que hacer algo, no sé qué”, y salió este tema. Es bastante candombero, es de la cultura del candombe.
El candombe es un ritmo folclórico que, originalmente, tocaban los negros de Montevideo. Es la primera música, aunque tampoco es tan antigua, porque tiene 300 o 400 años. Fue la primera fiesta popular. Si vienes a Montevideo, salís un sábado o un domingo por la tarde y, de repente, te encuentras con cuarenta tipos tocando tambores. Ese es el folclore. Entonces, esa canción tiene imágenes tomadas de ese folclore, pero puestas en un texto mucho más poético.

Y el final también, cómo acababa.
Juan: La cuerda mal atada no sirve para nada.
También, está ‘La duda’ con Jorge [Drexler].
Juan: También es parte de señalar un poco. Lo hice espontáneamente, pero ahora que tengo que mencionarlo, también mostrar un poco mi trayectoria. A Jorge lo conozco desde que éramos pequeños. Éramos estudiantes de guitarra. Hace muchos años. Y después, bueno, trabajamos mucho. Yo produje cuatro discos de Jorge Drexler. Cada vez que hacemos algo juntos, como cuando compusimos este tema, que lo compusimos por Zoom durante la pandemia. Por lo menos, el primer demo. Sí, reencontrarme con él me conecta con mi historia personal. Hay muchos elementos en el disco, incluso en las colaboraciones, que me llevan a lugares bastante personales.
Lo lindo de Jorge en este tema es que canta como si no fuera Jorge Drexler. Canta desde el rol de otra persona. Es como una ficción. Incluso, usa el femenino. Es decir, quien canta es una mujer y dice palabrotas, cosas que nunca diría Jorge Drexler. Para él, también, era un experimento.
De todas formas, el disco recoge toda tu vida. De a poquito, hay pedacitos que lo arman. Y, de todas formas, tienes la audacia de decir que todo esto: “Tampoco soy yo”.
Juan: Eso apareció al final de todo, el título. Ya tenía el álbum terminado y no sabía cómo se llamaba. Había encontrado un podcast en el que yo hablaba de yoga o algo así. Me preguntaron qué cosas hacía, y había contado que hacía yoga. El yoga tiene una parte física, pero también tiene otra de desarrollo personal y de desapego. Entonces, en esa entrevista decía, “Podés pensar que sos tu cuerpo o que sos tu mente. Pero, todo eso tampoco eres tú”. Eso decía la entrevista. Y yo pensé, “Está bueno esto de: ¿quién eres tú?”. Es una construcción permanente, una búsqueda y… es algo profundo.
Entonces, me pareció que poner todo esto tampoco era yo, lo cual generaba cierta sorpresa. Generaba un distanciamiento con la obra. La obra tiene una entidad propia, una vez que está hecha, y la que completa el público, quien la escucha. Uno es un mediador entre cosas que estaban en el aire y que llegan a quien lo escucha.
Después, está la búsqueda de la identidad personal, que es una construcción que nunca termina, que siempre está en proceso, que implica ese trabajo de búsqueda de identidad.
Nunca se deja ese trabajo.
Juan: Nunca se deja, claro. Y, al mismo tiempo, genera cierto cuestionamiento, porque dice, “Este tipo que ahora hace su disco solo, que ahora sí es él… y es una contradicción”. ¡[Todavía] no lo logré, esto tampoco soy yo!
Hablando de retos, quizás fue lo más complejo para ti dentro de esta producción — bueno, terminar una obra.
Juan: Sí, creo que lo más difícil fue asumir la realización de este álbum. Siempre estaba en una sintonía de trabajo colectivo, de impulsar la creatividad de los demás, de ayudar a la gente a desarrollar su propio estilo. Como productor, “Vamos a impulsar a este artista, a mejorarlo, a trabajar su estilo”. Y, como artista, siempre eran grupos, formas más colectivas.
Varias personas de mi entorno me impulsaban diciéndome que tenía que hacer mi disco. Yo no terminaba de asumirlo y entenderlo. Es decir, sí me interesaba, pero lo posponía porque no sabía realmente qué me iba a encontrar. Empecé a hacerlo un poco porque me lo estaban diciendo mucho y tenía que hacerlo. Y ha sido un descubrimiento increíble, por las posibilidades que ofrece a nivel expresivo y demás.
En este momento, estoy convencido de que esto es una bisagra en mi carrera musical. Realmente me interesa mucho poner el foco en esto, desarrollarlo, tocarlo y llevar esa música. Quizá los proyectos anteriores también eran más conceptuales, no solo colectivos, conceptuales. Bajofondo es una investigación sobre las raíces del tango desde la electrónica y las nuevas tendencias. Era más conceptual. Y esto, al ser más personal e íntimo, es un retrato muy cercano. Habla de cosas que ahora me parecen relevantes en el mundo en el que vivimos, un mundo donde todo es un poco más estandarizado, con una gran tendencia a la estandarización o artificialidad. A ciertas maneras, lo más básico, las relaciones más básicas. Hablar desde ese lugar me pareció interesante, en este momento. Y no hablar de un concepto, sino plantearlo.
También me llegó; lo necesité a nivel personal. Me resulta algo nuevo. Es algo que no había hecho. Era una página en blanco de Juan Campodónico. Ahí estaba ese artista. Me resulta muy entretenido y creativo.
Como trabajas con Jorge y lo has visto crecer, te tocó hacer el mismo proceso, pero contigo.
Juan: Exacto, esa es la idea. Y me preguntaba, “¿Cómo no había hecho esto antes?”. Campo era un proyecto más personal, pero ni siquiera incluía el nombre completo. Ahora es Juan Campodónico.
¡Soy yo!
Juan: Era un poco más parcial y también más conceptual: la música subtropical.
¿Estás en tu estudio?
Juan: Sí.
¿Ahí grabaste todo el disco?
Juan: Y algunas cositas en Los Ángeles con mis amigos de allá, que me dieron una mano.
Mira, se están juntando las maquinitas para empezar a ensayar el en vivo. Sí, este lugar es el Zorzal. Es un estudio que no se alquila. Pero, a algunos amigos, cuando tienen que grabar, se los presto, se los alquilo. Es el lugar donde he grabado muchos álbumes: de cuarteto, de Bajofondo… Ha pasado mucha música por aquí.
¿Qué sigue? ¿Has pensado en qué sigue? Además de lo que me cuentas del en vivo.
Juan: Por ahora, nada. ¡Imagínate! El álbum salió hace una semana y media. Me he pasado haciendo promoción, entrevistas y todas esas cosas. Y, bueno, también estoy preparando cómo será el concierto. Pero bueno, lo interesante es que los primeros círculos que te van devolviendo cosas, con respecto al álbum, han sido muy bonitos. ¡Se ha levantado con el pie derecho! Y eso es muy gratificante. Porque la parte de creación es algo más a puertas cerradas —por más que trabajes con gente—, es algo más privado.
Hace bastante que no toco en vivo. En estos últimos años, he estado haciendo un disco de Bajofondo que va a salir a principios del año que viene, que se llama OM, y este disco. Entonces, la actividad ha sido puertas adentro. Nada de sociabilidad, nada de salir, nada de mostrar, nada de tocar en vivo. Ahora, se viene una etapa más extrovertida.
Ambas cosas cansan… Después de mucho tiempo de dar vueltas por ahí, de gira y todo eso, decís, “¡Qué ganas de estar en casa! Tranquilo, haciendo música”. Y al revés, después de un tiempo largo de estar encerrado trabajando en tu música, te entran muchas ganas de salir a recorrer y de mostrarla.


