Errol Dunkley: “Cuando escuché mi canción en la radio juré que nunca volvería a andar descalzo”

Una de las voces de la era dorada en la música jamaicana, a sus 73 años, llega a Buenos Aires, ansioso por dar su primer show (el viernes 1° de marzo) y por contar su historia de vida

Por  DANIEL FLORES

febrero 28, 2024

Errol Dunkley

Una vez que su primera canción sonó en la radio, Errol Dunkley juró que nunca más iría descalzo a la escuela. Era un sábado a la noche de 1965, en Kingston, y el chico de 14 años escuchó su versión del rocksteady “You Are Gonna Need Me” y decidió que el lunes iría al colegio con su único par de zapatos, ese que su padre le había dado, pero que sólo le dejaba usar los domingos.

“Yo andaba descalzo. Nací pobre, nunca tuve mucho para comer. Lo que aprendí en la escuela, no sé cómo lo hice. Estaba toda la mañana ansioso por volver a casa a comer algo de puré y ‘sugar and water’ [nota: típica y humilde mezcla jamaiquina de agua, azúcar y algo de lima]”, cuenta entre risas Dunkley, 59 años más tarde, tomando… ¡limonada! en la vereda de Roldán, un restaurante de Saavedra, a 6.000 kilómetros de Kingston y a varias vidas de esos días de austeridad material y exuberancia musical.

Porque aquel adolescente estaba a punto de meter una seguidilla de hits y convertirse en una precoz estrella de la explosión rocksteady que siguió al ska, a mediados de los sesenta, para continuar activo hasta hoy, con 73 años, ya consagrado entre los grandes nombres de la música jamaiquina. Dunkley, que supo atravesar las décadas y los cambios de ritmo en la isla, apenas interrumpió la grabación de su nuevo disco para emprender la gira que, además de llevarlo a Inglaterra y Canadá, lo trajo a Buenos Aires, para disfrutar de todas las limonadas que guste y presentarse en vivo este viernes 1° de marzo, en Quetrén, de Belgrano (acompañado por los locales Guardianes de Gregory). Y, de paso, repasar décadas de música en una larga charla.

“Empecé muy chico, cantando para Prince Buster, pero no tuve éxito. Después, a los 14 años, grabé tres números uno para Joe Gibbs y ahí me convertí en un niño estrella en Jamaica, como Delroy Wilson. Era la época en que la música había cambiado del ska al rocksteady”, cuenta este hombre menudo, vestido con gorro, buzo, pantalón y chaleco de jean en una tarde porteña de 27 grados.

Jamaica recién se independizaba de Inglaterra en esa época. ¿Qué recuerda del clima social?

¡Oh, dios! Esos tiempos nunca volvieron. Nadie se quería ir de Jamaica, cualquiera te lo va a decir. Nos divertíamos mucho y la música era tan creativa, había cantantes por todos lados. Trenchtown [nota: distrito de Kingston famoso por Bob Marley] era la capital musical. La mayoría de los cantantes y los grupos salían de Trenchtown, como Bob y Peter (Tosh), Alton Ellis, Mighty Diamonds, yo mismo.

Es increíble la cantidad de singles que se grabaron en pocos años… Y siempre aparece alguno más. Los coleccionistas se vuelven locos.

Grabábamos todos los días. En un estudio como Studio One los músicos estaban contratados para trabajar toda la semana. Algunas veces no había tan buena onda y grababan una o dos canciones, en una toma. ¡Otro día, había buena onda y grababan como diez, un disco completo en un día! Por cualquier esquina que pasabas había tipos ensayando, otros componiendo una canción con la guitarra. Todas las instituciones, como las iglesias y los clubes, tenían su propia banda. Los sesenta fueron muy musicales y ese sonido resistió el paso del tiempo. El sonido de ahora no dura mucho, es para hoy, mañana ya no existe. [En el sonido de los sesenta] podés escuchar la improvisación, la guitarra, la batería, como se va acoplando todo.

¿Se inspiraban entre ustedes o todavía era importante la influencia de la música norteamericana?

Crecí escuchando mucha música norteamericana, Marvin Gaye, Sam Cooke, los grandes cantantes. Muchas veces hacíamos esas canciones en modo reggae. Pero lo más lindo es que nosotros siempre pudimos adaptar las canciones norteamericanas al reggae, pero ellos nunca pudieron adaptar nuestras canciones a su estilo, ja, ja, ja.

¿Cuándo grabó “Ok Fred” [nota: su tema más conocido, aunque escrito por John Holt], salió del estudio pensando que tenía el gran hit de tu carrera?

¡Noooo! Ja, ja, ja. No, eso fue una sorpresa. Lo grabamos con Sly and Robbie [la gran dupla de bajo y batería del reggae]. La intención era que fuera un tema más del disco. Pero salió en Jamaica, en un single, y empezaron a pedirlo mucho de Inglaterra. La música es como la magia. A veces vas al estudio y grabás una canción que pensás que debería ser un hit, y nunca lo es. Y otro día grabás una canción que no creés que va a llegar a nada y se convierte en un hit.  

“Ok Fred” me llevó muy lejos. Por esa canción me llamaron de Warner. En unos meses estaba dando entrevistas en la televisión en Luxemburgo, después en Montecarlo y después en Londres. Hacía dos entrevistas a la mañana, almorzaba y hacía tres entrevistas más a la tarde, y después me llevaban a Roma, a actuar en otro estudio de televisión.

¿Qué papel jugaban las jukeboxes en los sesenta en Jamaica?

Wow, wow, wow. ¡Un papel muy importante! Para gente como yo, que en un momento empecé a fabricar discos, eran una fuente de ingresos. Porque había jukeboxes por todo el país. Había empresarios que tenían 500 jukeboxes y cuando un disco era un hit te compraban copias para todas. Y 500 es una cantidad chica. ¡Había tipos que tenían mil, dos mil jukeboxes! Era muy bueno porque así vendíamos muchos vinilos.

¿Y para la gente, era accesible comprar un disco?  

Sí, sí, la gente compraba también. Si tenían un estéreo… Yo era comprador, pero muchas veces canjeaba, ¡siempre fui muy negociante!

¿Cuánto costaba un single?

Los sellos se los vendíamos a las disquerías por 15 peniques, en ese momento usábamos la libra inglesa. Las disquerías los vendían a 30 o 35 peniques. Una cerveza Red Stripe costaba como dos peniques.

La historia de la música jamaiquina está llena de casos de músicos estafados por sellos y productores. ¿Por qué cree que es así?

Sí, por eso muchos músicos hoy no tienen nada. Las compañías los estafaron. Apenas el otro día tuve que poner un freno hablando con un sello que nos hacía una propuesta. Todos estos años, cuando una compañía te decía que te daba un adelanto y que después te rendía un porcentaje de las ventas, te pagaba ese adelanto y después no te pagaba nunca más nada. O si te pagaba era menos de lo que correspondía y te llegaba muy poco, un cheque que ni siquiera podías depositar en el banco. Yo aprendí a asegurarme mis cosas. Tenés que ir con la marea y estar muy atento. No vas a ganar en todo, pero algunas cosas llegan si seguís trabajando. ¡Yo nunca pensé que me iba a entrevistar Rolling Stone, dios mío! ¡Son esas cosas que le contás a la gente y no te cree!

¡Pero usted es una leyenda!

Bueno, en mi país soy respetado y admirado. Pero no soy Bob, soy una persona completamente diferente. Nací un día después: yo nací el 7 de febrero y Bob el 6. ¡Pero el 7 es el número mágico! [risas]

¿Ya vio la película de Marley?

No todavía.

¿Y qué se dice en Jamaica?

[Baja la voz, en señal de discreción] Que no es buena. Dicen que el actor no es malo, pero que es británico, que no pudieron encontrar un actor bueno para el papel en Jamaica. Y creo que la historia empieza con el atentado. ¡Tendrían que haber mostrado desde el principio!

Pero hay algunos flashbacks. Por ejemplo, uno de la primera audición de los Wailers con Coxsone, una situación que usted seguramente vivió personalmente en esos años…

Sí, man. Estaban esos productores que sabían identificar cuando una canción era un hit. Es un don. Yo nunca lo tuve, salvo quizás una vez que le dije a Gregory Isaacs que iba a tener un hit. Pero Coxsone Dodd y Duke Reid, esos tipos empezaron todo.Tenían sus sound systems y al principio prensaban discos para ellos mismos. Pero, después, la gente escuchaba esas canciones, les gustaban y querían tenerlas también. Así que empezaron a fabricar discos para vender. Y necesitaban grabar muchas canciones. A veces, si tenías un éxito, después hasta sacaban singles con otras canciones, pero le ponían tu nombre. Escuché muchos singles que dicen mi nombre, ¡pero no soy yo! Antes culpaba a los productores, pero después, con el tiempo, entendí que todo esto existe gracias a que ellos empezaron.

¿Cuánto les pagaban a cantantes como usted por grabar una canción?

Podían pagarte 20 libras. Y nada más. Después no había regalías ni nada.

¿Y qué compraba con esas 20 libras en esa época?

¡Zapatos, un pantalón y una camisa! Y algo de comida. Porque 20 libras serían como 100 de ahora.

¿Sus padres lo apoyaron cuando se decidió a ser músico?

No, man. Mi madre me repetía que debía buscarme un trabajo. Porque después de esos primeros tres hits vino un período de sequía, ¿sabés? No pasaba nada, pero yo seguía cantando. ¡Pero después de escuchar mi primera canción en la radio dije que nunca volvería a andar descalzo! ¿Y sabés la cantidad de zapatos que les regalé a familiares y amigos desde entonces hasta ahora? [risas].