Entrevista: Ken Casey, de Dropkick Murphys, y la música para liquidar fascistas

El líder de la banda punk-celta de Boston cuenta cómo accedió a los archivos de Woody Guthrie para grabar su último disco y al campo de los Red Sox, además de la verdad sobre su "accidente"

Por  Daniel Flores

septiembre 30, 2022

En su nuevo disco Dropkick Murphys rescata temas perdidos de W. Guthrie

Gentileza: Dave Stauble

Si quieren saber de qué va Dropkick Murphys no escuchen su nuevo disco. Pero si quieren escuchar algo diferente a cualquier otra cosa -incluso todo lo anterior de esta misma banda de Boston-, no se lo pierdan. Es que los Dropkick son abanderados de un género que ellos mismos fundaron: el punk-rock celta. No, no como The Pogues, aunque Shane McGowan sea su héroe. Desde hace un cuarto de siglo, combinan folk irlandés con hardcore y street punk bastante más duro. Sin embargo, su último disco toma una dirección totalmente distinta en lo musical, aunque no en lo político: la banda musicaliza letras inéditas de Woody Guthrie, el patriarca de la canción de protesta y de izquierda norteamericana. Ken Casey, (¿ex?) bajista, cantante y único Dropkick original aún en el grupo, revela el detrás de escena del notable This Machine Still Kills Fascists.

Ken Casey, único miembro original aún en Dropkick Murphys Gentileza: Dave Stauble

¿Cómo accedieron a los archivos de Woody Guthrie?

Hace unos veinte años entablamos una relación con la familia Guthrie. Nora, una de las hijas de Woody, tiene un hijo, Cole, que entonces era adolescente y tenía un poster de Dropkick Murphys en la habitación. La historia es que Nora en algún momento le pregunta quiénes eran esos y él le cuenta que era una banda que le podría gustar porque tenía algunos ideales como los de su papá. Pasaron muchas cosas en el medio, pero digamos que eventualmente nos invitaron a ver los archivos de Woody Guthrie, que entonces estaban en Nueva York. Cientos de páginas con letras a las que nunca les había puesto música. Algunas terminadas, otras no. Unas tipeadas, otras manuscritas y casi ilegibles, anotadas durante viajes por el país. Estuvo muy bueno poder meterse en la cabeza de Woody a través de ese material. Por eso este fue un disco divertido de hacer, como todos, pero también un proyecto de carácter histórico.

Uno de eso momentos mágicos en los que te encontrás ante un archivo que casi nadie vio antes…

Ahora ya está todo digitalizado en el Woody Guthrie Center, en Tulsa, Oklahoma. Pero la primera vez que me invitaron, tuve la oportunidad de manipular los papeles originales con guantes especiales y en una habitación climatizada. En muchas de esas letras, Woody había anotado una fecha y algún comentario sobre el lugar dónde las escribió. Estoy muy agradecido de que haya tenido esa precaución porque me ayudó bastante a entender el contexto. Yo ni guardo las hojas donde escribo mis letras, mucho menos las tipeo o les agrego anotaciones.

¿Para el disco, eligieron temas de un mismo período?

Van de fines de los 30 a principios del los 50. No son tantos años, pero es un período en el que pasaron muchas cosas en el mundo. Además de este disco, grabamos diez canciones más que van a salir en un volumen dos en marzo o septiembre de 2023.

Tendemos a identificar la obra de Woody Guthrie como comprometida, pero en el disco de Dropkick hay unas cuantas canciones divertidas, no estrictamente políticas.

Bueno, creo que hay política y hay observación social. Cuando Woody escribe “no me voy a emborrachar más”, no puedo dejar de recordad que el alcohol también ha sido utilizado para distraer a las masas. “Cadillac, Cadillac” es obviamente sobre un auto, pero también entiendo que Woody habla del deseo de ascenso social, de la epítome del sueño americano. Pero el hecho de que haya escrito canciones más divertidas hace que las políticas peguen aún más fuerte. Cuando un artista escribe siempre lo mismo, me hace dudar un poco de su honestidad intelectual. Que Woody muestre las distintas caras de su personalidad, me hace creerle aún más cuando habla de política.

En la gacetilla de prensa del disco lo tildan como “el primer punk”…

Puso el mensaje por delante del éxito musical. No tenía miedo de confrontar a la autoridad. Y algo más lo acerca al punk: siempre privilegió la simpleza. En el sentido de que, si podés tocar el mismo acorde una y otra vez para transmitir un mensaje importante, hacelo, no la compliques de más.

¿Salen de gira acústica porque el disco lo pide o ya querían hacerlo más allá de este proyecto?

Nos han propuesto hacer un disco acústico o una gira acústica otras veces. Pero no creo que hubiera ocurrido sin este proyecto. Después de 26 años, pensamos que sería bueno hacer algo distinto para nosotros y para los fans. Pero seguro que saldremos de esto con un disco en reacción a este, que sea más rápido y más fuerte. De todos modos, no es que ahora vayamos a tocar sentados en banquetas ni nada de eso, planeamos hacer nuestro show con la intensidad de siempre, aunque con instrumentos acústicos. Estamos bien acostumbrados a los banjos, las mandolinas y los acordeones.

¿Cómo te sentiste tocando en Irlanda?

Siempre sentimos una conexión tan honesta, viniendo de una ciudad como Boston, tan ligada a Irlanda, que no es que pensamos: “Bueno, estamos yendo al lugar de donde nos robamos esta música”. Y la verdad es que nos recibieron con los brazos abiertos, fue como cuando vas a visitar a tus primos.

¿Hay bandas onda Dropkick Murphys en Irlanda?

Sí, absolutamente. No me atrevería a decir que seamos su única influencia, pero las hay. La comparación sería que The Pogues vinieron primero e influenciaron a gente de mi edad y luego nosotros influimos a una generación posterior. Siempre vi a The Pogues como una banda tradicional como actitud punk, y nosotros siempre fuimos una banda de punk rock con influencias de música tradicional. Hay una generación que descubrió a The Pogues a través nuestro. Y probablemente a través de The Pogues hayan llegado luego a The Dubliners y The Chieftains.

Y ahora a Woody Guthrie…

¡Exacto! Al menos así me pasaba a mi cuando era chico, a partir de las bandas que me encantaban, investigaba y llegaba a otras cosas.

¿Donde estabas cuando salió This Is Boston Not LA [clásico compilado hardcore-punk de Boston]?

Era chico, empecé a ir a shows un par de años después. Pero ese compilado y las bandas que trae son las que hicieron crecer a nuestra escena. Y eso pasó a mediados de los 80, cuando también The Pogues vinieron por primera vez a Estados Unidos. Mis dos mundos se encontraron, me explotaron en la cabeza.

¿Eras más del lado de Gang Green o de SSD de la vida?

Bueno, los conocía a los dos, claro. Pero definitivamente no era un chico straight edge como SSD. En ese momento eran más bien un alcohólico. De cualquier manera, aunque no fui parte de esa movida, el straight edge me inspiró mucho por su pasión. Siempre me atrajeron los músicos apasionados por lo que hacen. Y algo así pasa con nosotros también. Creo que tenemos público que no necesariamente está de acuerdo con lo que cantamos, pero que igual le gusta la banda por la pasión que le ponemos.

Hay versiones encontradas sobre tu reciente accidente. ¿Qué pasó realmente?

Es que no fue un accidente, es raro que se haya dicho todo eso… Una lesión que tenía desde chico y nunca traté correctamente, terminó por hacerme perder sensibilidad en el brazo y los dedos derechos. Así que me operé. Temporalmente, dejé de tocar el bajo y entonces sumamos a Kevin para reemplazarme. Como soy un poco el que está al frente en los shows, conectando más con el público, dejar de tocar me permitió cumplir aún mejor con ese rol. Así que si bien ya estoy totalmente recuperado y puedo tocar, decidimos seguir así. Extraño un poco no tocar, pero al mismo tiempo me da la oportunidad de salir ahí adelante y ponerle el micrófono en la cara a la gente. Entendimos que la banda era más fuerte conmigo cantando y con Kevin en el bajo.

Durante la pandemia hicieron un show icónico para el período, en la cancha de béisbol de los Red Sox, con Bruce Springsteen, sin público.

Se han hecho conciertos en el estadio, pero nunca permitieron pisar el infield, el monte del pitcher, porque se lo quiere mantener impecable. Así que fuimos los únicos músicos que tocaron ahí y la estábamos pasando como nunca. Obviamente, extrañamos a los fans y todo eso, pero creo que si ves el show probablemente notes que entendimos lo especial que era la ocasión y disfrutamos cada minuto, como chicos en una tienda de caramelos. Porque no creo que hagamos algo así de nuevo. Espero que nunca tengamos que hacerlo.

De lo malo, algo bueno.

Sí, y logramos recaudar tres cuartos de millón de dólares para caridad, así que eso fue aún mejor.