Blnko no canta lo que cree que la gente quiere escuchar. Canta lo que le pasa, sin filtros ni poses. Desde sus inicios entre beats prestados de YouTube hasta subirse al escenario frente a miles para abrirle a Bring Me The Horizon, su camino ha sido un ejercicio de intuición, riesgo y energía. El artista recuerda su historia en conversación con ROLLING STONE en Español, habla de la necesidad de defender la música en vivo y de cómo convertir el dolor en canciones que acompañan a quienes se sienten rotos.
A los 27 años, Blnko —nombre artístico de Sergio Moraila— se ha consolidado como uno de los proyectos más singulares de la nueva generación alternativa en español. Su propuesta va más allá de la música: es también audiovisual, estética y actitud. Desde Guadalajara y hoy radicado en Ciudad de México, ha construido un universo en el que los contrastes se entrelazan con naturalidad.
Uno de los momentos que mejor retratan el impacto de Blnko ocurrió en pleno Metro de la Ciudad de México, donde se vivió una energía visceral y desbordada. Ese caos, ese sudor compartido, fue prueba de que la música con alma, instrumentos y verdad sigue tocando fibras profundas. En un panorama saturado de beats y filtros, proyectos como el suyo no solo se sienten necesarios, sino urgentes.
Con más de 13 millones de views en YouTube, miles de oyentes mensuales, su reciente firma con Hopeless, una base de fans sólida y colaboraciones interesantes, blnko está comenzando una trayectoria que hay que voltear a ver.
Cuéntame de tus gustos, con qué referentes creciste, qué se escuchaba en tu casa…
De morrillo, lo que se escuchaba en mi casa era banda y cosas clásicas como Maná, rockcito mexicano. Toda mi familia es de Sinaloa, así que mi jefe siempre fue fan de la Banda El Recodo, Joan Sebastián, Juan Gabriel… O sea, entre mariachi y ese rollo. Crecí con eso, pero un día un primo me puso Green Day, luego me enseñó My Chemical [Romance] y otras cosas. Me gustaban, aunque al principio no entendía bien qué onda.
Cuando tenía 12 años, mi papá me regaló el Guitar Hero 3 en Navidad y me hice adicto. Ahí conocí un chingo de música. Jugué tanto que un día me dijo: “Ya no pierdas el tiempo”, y me regaló una guitarra de verdad. Empecé a tocar, pero no cantaba. Me daba pena, solo tocaba. Así seguí, tocando en bandas de la escuela, en festivales de la canción, cosas así. Todos los que cantaban lo hacían muy cabrón, y yo no me animaba porque sabía que eran buenos. Como quería hacer mis propias rolas, aprendí a rapear.
Me cambié del rock al rap, literal para animarme, porque ahí no tenía que cantar. Y cuando empecé a rapear, se me quitó la pena y empecé a meter melodías poco a poco. Y así, eventualmente empecé a cantar.
Un día encontré en internet a un vato que se llama Hillkidd. Ya llevamos como seis años siendo compas. Me invitó a su casa a grabar, me dijo que era productor. Yo nunca había trabajado con nadie, solo usaba beats de YouTube y pegaba cosas en FL Studio. Fui con él, hicimos una rola y pensé: “No mames, esto es real”. Tenía micrófono y todo. La segunda vez que fui, conectó una guitarra a la compu y yo le dije: “¡No mames que se puede hacer eso!”. Desde ahí le propuse hacer punk. Pero también hicimos un chingo de pop, reggaetón, bedroom… de todo. Siento que de ahí viene que el proyecto tenga tantos lados: solo hacíamos música por gusto.
Después me enfoqué más en hacer pop-punk, porque ese era mi sueño desde morro. Hicimos un disco de eso y ahora ya estoy haciendo otras cosas.
Me encantó lo del Guitar Hero, yo también era bien adicto, aunque bien malo. ¿Cuáles eran tus rolas favoritas?
¿Jugabas el 3?
Sí, el que tenía a Tom Morello.
Buenísimo. Me encantaba ‘Raining Blood’, ‘One’. Las del final, las del infierno. Pero también me gustaban un chingo ‘Barracuda’, ‘Hit Me With Your Best Shot’ y ‘My Name Is Jonas’. Ahí conocí a Weezer y pensé: “No mames, esta bandota”. ‘Welcome to the Jungle’ también estaba chida porque jugabas contra Slash.
¿Qué me cuentas de la época de la Pink Face?
Ahí fue justo donde estábamos con Hillkidd. Él y yo nos encontramos en Instagram. Yo tenía a mis compas que hacían hip-hop, era como el cotorreo. Todos le movían, pero era todo más o menos con beats. Nos juntamos a hacer canciones. En realidad, la Pink Face solo tiene una o dos canciones, pero éramos como un crew y nos presentábamos juntos. Estaba chido. Los conciertos eran con todos arriba: una canción mía, luego una de él, y así. Así empezamos a tocar en Guadalajara.
Nos fue bien en los primeros conciertos. Pero al final, entre que cambié de género, me iba a mudar y todo ese rollo, ya no pasó nada y cada quien siguió por su lado.
¿Y cómo llegas a darle forma al proyecto como Blnko? A lo que es hoy.
Hubo un punto en el que empezamos a tocar en vivo un poco más, pero la neta me invitaban a mí. Yo decía: “Está bien aburrido que todos hacen playback”. Entonces, me junté con varios compas que tocaban instrumentos muy cabrón y empezamos a convertir las canciones en algo más pop punk. Incluso las que no eran así, las adaptábamos. Empezamos a tocar en Guadalajara en diferentes eventos.
Un día conocí a Uziel, el guitarrista, y ahí todo tomó sentido. El güey que tocaba la guitarra conmigo era George Rhoads, pero él tiene su propio proyecto de regional. No tenía sentido que siguiera tocando conmigo, así que entró Uziel. Luego Michael, que toca el bajo, nos vio ensayando en un live y dijo: “Yo también quiero”. Resulta que toca muy cabrón. Cuando nos mudamos a CDMX nos fuimos de tour. Rick, el baterista, estaba tocando de suplente con otra banda del tour. Lo vimos, le preguntamos si quería entrar y dijo que sí. Solo pasó, y estuvo muy chido. Ahora llevamos tres años tocando juntos. Son mis carnales.
Y con las letras veo que conectas mucho con la gente. ¿Cómo logras eso? ¿Cómo lo has trabajado?
La verdad, no sé. Al principio solo hacía canciones de lo que me estaba pasando, y la neta estaba bien triste, tenía 18 o 19 años y andaba bien agüitado. Solo escribía cosas muy literales. “Estábamos en el parque, te pasaste de lanza, me dijiste tal cosa…”, así. Y la gente lo agarró. Siento que cuando las cosas son súper específicas, se vuelven más generales. Cada quien las interpreta a su manera.
Seguí escribiendo así porque dije: “Pues así escribo yo”. Últimamente he estado componiendo con otras personas, y está chido ver cómo lo hace cada quien. Pero casi siempre escribo solo.
Me dices que empezaste escribiendo así porque estabas triste, pero ahora ya no estás así. ¿Tienes que forzarte a estar triste a veces para poder ser más creativo?
Todo el año pasado, el disco que hicimos era pop-punk, entonces muchas canciones eran de broma o de “me rompiste el corazón”, pero no tan en serio. Hay unas dos canciones que sí salieron de cosas que viví. Una se llama ‘Hubiera Sido Yo’, sobre un compa que falleció en un accidente. Esa le gustó mucho a la gente porque muchos han perdido a seres queridos en choques. Yo la conté de forma directa y cada quien la hizo suya. Cuando vamos a tocarla, mucha banda me dice: “Tócala por mi primo”.
Hay otras más motivacionales, como ‘La Luz De La Ambulancia’. Trata de animarnos a mudarnos a CDMX. La idea es: ‘Si no te da miedo, no lo estás haciendo bien. Sal de tu zona de confort. Si lo estás soñando, inténtalo’. La gente la toma para todo: exámenes, rupturas, cosas personales. Me mandan mensajes diciendo que les da ánimo.
A veces pasa, a veces no. Depende de la canción. Ahorita lo bueno y lo malo es que me volví a agüitar. Así que ando haciendo un chingo de rolas.
Antes pensaba: “Ya no me ha pasado nada raro. Llevo un año y medio donde todo me está saliendo bien”. Y sentía que ya no tenía tanto que escribir. Pero hace poco corté con mi morra. Entonces está saliendo todo otra vez, con todo.
Usas la frase: “Si no te da miedo, no lo estás haciendo bien”. ¿Te estás siempre orillando a hacer cosas que den miedo?
Siempre. Siento que me sentencié yo solo al escribir esa frase. Luego me tocan cosas que sí me dan miedo, como cuando abrimos a Bring Me The Horizon. Fue lo más complicado que me ha pasado. Era demasiada gente que no nos quería ver. Estaban enojados. Salir enfrente de 15 mil personas y dar lo mejor de ti da muchísimo miedo.
Obviamente es increíble, pero fue complicado. Yo estaba temblando días antes. Y todos me decían: “Tú dices eso, ¿no? Que si no te da miedo, no lo estás haciendo bien”. Y yo: “Bueno, pues sí”.
Cuando firmamos en Estados Unidos también me dio miedo. Ir allá, hacer sesiones en inglés, todo el proceso… Pensaba: “WTF”. Pero mi mamá me decía: “Tú lo escribiste”. Y así con todo. Cada rato me está pasando algo que me da miedo. Pero tiene que ser así. Si no, te quedas en tu zona de confort.
¿Cuál ves como ese momento en tu carrera que supiste que ya lo habías logrado?
Todavía no. Tengo muchas ganas de hacer cosas bien grandes. Siento que apenas di el primer paso a lo que quiero, como firmar con Hopeless. Fue como: “No mames, a huevo”, pero no siento que ya se armó. Más bien, esta es la oportunidad chida para ver si ahora sí la pegamos más fuerte.
Yo la verdad ya diría que sí, viendo cómo reacciona la gente a tu proyecto.
El metro estuvo chido.
¿Cómo lo recuerdas?
Bien raro. Fue muy diferente. Ya que veo los videos y todo, es distinto a como lo recuerdo. El show iba a ser a la una, y nosotros llegamos desde las once a ver qué pedo, a poner las cosas. Bien chistoso porque llegamos con los instrumentos a la mano, pagamos nuestros cinco pesos, y cuando íbamos bajando las escaleras ya había un chingo de gente. Todos estaban pintados de payaso y pensé: “No mames, sí vienen con nosotros”.
Nos acomodamos y empezamos a tocar. Como no había escenario, no veía cuánta gente había. Solo escuchaba que sonaba bien verga, pero no tenía idea de qué estaba pasando. Al final del show, hubo una rola donde solo rapeo y no toco. Me subí al amplificador, vi hacia arriba y pensé: “A la verga, no mames”. Volteé a todos lados y estaba llenísimo. No sé cuánta gente era, pero era un chingo.
Los videos se ven cabrones y la gente muy prendida. Muchos comentan que qué chido ver este tipo de cosas “en tiempos del reggaetón”. ¿Crees que hay una necesidad de este tipo de música hoy en día?
Sí. Más que nada por defender la música con instrumentos. No digo que sea solo rock, pero sí los shows en vivo. A mí me enoja ver que alguien cobre un boleto, se suba al escenario, ponga el beat y ni siquiera cante. Está lleno de eso. Eso fue lo que me sacó del trap. Pensé: “Ya no quiero hacer esto, porque todos son así”. Pero ahora hay un chingo de weyes que sí tocan con banda en vivo, y está bien verga. Ves a Dillom, a Duki… lo hacen con banda y eso es lo que yo siento que debe ser un show en vivo. Siento que se tiene que defender. Si no, se va a morir. Y siempre dicen: “El rock ya se murió”. Yo no creo. Hay un chingo de gente haciendo cosas chidas, solo hay que estar presentes.
¿Cómo es esa relación con Uziel y cómo llevan el balance entre sus proyectos? Vi un comentario que decía que son “soulmates musicales”.
Está bien cabrón. Nos conocimos y nos hicimos mejores amigos, de esos que a la semana ya es tu carnal. Cuando lo conocí en Guadalajara, fue a un show nuestro. Me bajé a hacer mosh pit y me rompió la nariz. Luego me subió para seguir el show. Le dije: “El que me haya pegado, bien”, y él respondió: “¡Sí, a huevo!”. Desde ahí nos hicimos bien compas. Se quedaba en mi casa como cuatro de siete días a la semana. Hacíamos rolas, tocábamos, pisteábamos, y no paró.
Un día me estaban invitando a un tour y él me dijo: “Vamos”. Le respondí: “¿Neta?”, y él: “Sí, yo pago lo mío, vamos a tocar”. Y fuimos. Hicimos otro tour bien punk por Mexicali, San Luis Río Colorado, Ensenada y Tijuana. Íbamos en una camioneta, yo manejaba. Mike también se unió.
Después le dije: “Me voy a ir a CDMX”. Y él: “¿Cuánto cuesta irnos?”. Hicimos cuentas, vendió su ampli y nos mudamos. Mike también se fue. Así de unidos estamos. Componemos complementario. Él domina la parte musical y yo las melodías, letras, conectar con la gente. Tiene otra escuela, yo vengo del hip-hop. Cuando hacemos música juntos, sale lo que somos.
Él produjo todo el disco pasado, yo el nuevo de San Venus. Todo lo hacemos juntos de alguna manera. En vivo, él es el director musical de la banda. Arregla todo, organiza. Yo solo toco y canto. En San Venus tocamos los mismos: Mike, Rick, Uziel y yo. Solo que allá Uziel canta y yo toco la guitarra.
¿Y respetan eso de “tú mandas aquí y yo allá”?
Sí, claro. Así es el pedo. Sé que en un proyecto soy guitarrista y apoyo, y en el otro soy el frontman. Está bien chido. En San Venus me la paso increíble porque no tengo que pensar en nada más. Solo toco la lira, brinco y hago cagadero. Me la paso chido. Es un balance bien chingón.
El show en vivo es una parte súper importante del proyecto. ¿Cómo te sientes en el escenario? ¿Estás cómodo?
La neta, tocar en vivo siempre ha sido mi parte favorita. Desde el principio me sentía bien. Me gusta un chingo decirle a la gente qué hacer. Siento que la banda ya está tocando muy cabrón. Estoy emocionado por el nuevo tour, porque vamos a meter rolas nuevas de las que hice en Estados Unidos.
Además, ya no quiero tocar todo con guitarra. Me la voy a quitar en varias rolas y solo voy a cantar o rapear. A ver qué pasa. Siempre lo veo como lo más divertido del mundo. Pienso: “No mames, mi trabajo es tocar, que me den pizza gratis y pistear”. Casi siempre siento que hacer canciones es solo el camino para poder tocar en vivo. Es el objetivo final: presentarlas.
¿Qué significa para ti firmar con Hopeless?
Nos invitaron a un evento tipo “Happy Hour” de Hopeless en México. Fuimos, cotorreamos. Yo pensé: “Chido, buena onda”. Después mi manager me dijo: “Me hablaron estos güeyes que sí quieren firmar”. Y yo: “¿Neta?”. Estuvimos seis meses en negociaciones. Todo quedó muy verga.
Siempre estuve en contra de firmar con disqueras. No me latía la idea porque congelan a la banda. Pero me ofrecieron justo lo que yo quería: una disquera con las bandas que escuchaba de morro, en Estados Unidos, con sesiones allá. Pues claro que sí.
Hice rolas con Mike Green, una verga. Ha trabajado con Pierce The Veil, Neck Deep, All Time Low, Sum 41… cuando me enseñó su compu y vi todas esas bandas dije: “No mames”. También hice una canción con Hot Mulligan. En la sesión, el vato de la banda me ayudó y tocó la guitarra. Y sonaba igual porque, pues, era él. Estuvo bien cabrón.
Y sí traes mucha música nueva. Has estado compartiendo algunas que no han salido.
Sí, las pongo para ver a cuál le va mejor, con cuál conecta la gente. Ya tenemos unas 10-11 listas. Esta semana grabé otras tres. Hay música para rato. Pero no quiero sacar un disco, solo sencillos. Y si luego tiene sentido, lo compilo.
Ahora ando explorando muchos sonidos. Hacer un disco me limitaría a que todo tenga coherencia.
¿Quieres agregar algo?
Estoy muy emocionado por lo nuevo. Sí está muy diferente, es otra cosa completamente. Estoy volviendo a rapear y, de repente, hay rolas de otro tipo. Están muy chidas. A ver cómo las recibe la gente.