En ´Discopático´, La Vela Puerca entrega nuevas canciones de resistencia

En su octavo disco de estudio, el grupo uruguayo invita al rapero Arquero, a la colombiana Andrea Echeverri y al guitarrista de Molotov, Tito Fuentes

Por  HUMPHREY INZILLO

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La Vela Puerca y un álbum que suena a un grito de esperanza en tiempos de oscuridad.

Santiago "Gallo" Bluguerman (Gentileza La Vela Puerca).

La Vela Puerca

Discopático

Lo primero que se escucha es el silencio. En los  primeros diez segundos de Discopático, el octavo disco de estudio de La Vela Puerca, se recorta apenas la voz, a capella, de Sebastián Teysera. El silencio dura lo que dura un suspiro, y sin embargo, hay una potencia en esa elección estética de la crudeza, del vacío. Acaso, de la ausencia. “Para seguir, hay que parar y resolver. Para soñar, hay que aprender, saber perder”, canta el Enano.

Desde hace un cuarto de siglo, el grupo montevideano propone a través de sus canciones una visión del mundo y, al mismo tiempo, despliega sensaciones personales que han ido acompañando en el devenir de una evolución artística y humana. 

El título del álbum, Discopático, remite a la melomanía : “Aquel que ostenta la enfermedad de los discos. Ésta afecta al disco intermusical que se encuentra alojada entre cada surco y su función es proporcionar felicidad a los oídos”. Pero #Resistencia podría ser el más adecuado de los hashtags para definir la tónica de este álbum que tiene ecos (pos) pandémicos, pero que tiene un lazo con algunas ideas vertidas por sus letristas, desde el iniciático Deskarado (1998). 

“Madre Resistencia” era uno de los temas de aquel álbum seminal, y la  resistencia, ahora (como siempre) parece ser contra todos los males del mundo contemporáneo: la sociedad de consumo, los grupos de poder económico, la obsesión por las redes sociales, las urbes de cemento, la vida alienada y el modelo neoliberal.   

La poética del grupo se traduce en pinceladas, en frases que suenan a estocadas, en consignas: “La vida muere con los carteles que dicen ´compre así me deben´”, en las voces de Teysera, su principal compositor, y del Cebolla, Sebastián Cebreiro.   

Entre la crudeza y la sofistificación, La Vela Puerca es una máquina sostenida en la solidez de la base rítimica que conforman el Pepe Canedo en batería y Nicolás Lieutier, un tándem ajustado que es la columna vertebral de una estructura que tiene en los guitarristas Rafael Di Bello y Santiago Butler a dos pilares que, en conjunción de una sección de vientos (Carlos Quijano en saxo tenor, Ale Piccone en trompeta) amplificada en este álbum con el trombón de Martín Morón y, en ocasiones, la gravedad del saxo barítono de Mauricio Ortíz.   

La Vela tiene el punk en su ADN, pero esa energía seminal se reformula desde una interpretación ajustada y prolija, que a los ajustes propios de una larguísima trayectoria, debemos añadirle el rol del productor Ale Vazquez, de quien se intuyen pequeñas, pero importantísimas intervenciones, en detalles de cada una de las canciones. Como las correcciones de un profesor de yoga que indica las correcciones adecuadas para llegar a la postura correcta.

Diego Arquero, ascendente rapero de la Banda Oriental, suma su flow optimista a una canción rocanrolera que en su estribillo vuelve sobre la idea ricotera de cuidar el estado de ánimo, pero sin perder la conciencia social (“mejor reír que llorar, está clavado, pero no vale mirar para el costado”). Es un cruce generacional y estilístico, que no suena forzado. Arquero se mueve con fluidez en terreno conocido: La Vela forma parte de la banda sonora de su vida. 

El otro feat. del disco es con una voz femenina que llegaba a la fama cuando La Vela iniciaba su carrera. La colombiana Andrea Echeverri, cantante de Aterciopelados, aporta una notable interpretación en “Tormenta”, una canción de tónica epistolar (el flamante video termina por redondear ese concepto), que incluye un guiño al film Groundhod Day (Harold Ramis, 1993), que propone la unión (de dos, pero puede ser de todos) como único refugio contra las adversidades meteorológicas y vivenciales. 

“El paraíso es un sitio jodido”, canta Sebastián Cebreiro, el Cebolla, en “El paraíso”, otro tema uptempo, apto para un pogo en la pista de baile (en definitiva, ese es el mood que sobrevuela todo el álbum), con la guitarra de Tito Fuentes, de Molotov, sumándose en remolinos que recuerdan al  Demonio de Tasmania. 

“Sé que vamos perdiendo, lo único que nos queda es buscar un camino sin cambiar de vereda”, dicen en esa misma canción. A casi treinta años de su debut, y a pesar de un panorama que parece volverse oscuro y desolador, los músicos de La Vela Puerca todavía resisten, llenos de vida, llenos de magia.