Este 20 de enero de 2025, Donald Trump asumió oficialmente su segundo mandato como presidente de los Estados Unidos, en una ceremonia a puerta cerrada celebrada en el Capitolio. Junto a él, J.D. Vance, su compañero de fórmula, se posesionó como vicepresidente. Con esta nueva investidura, Trump inaugura una era marcada por una clara intención de alterar el orden mundial para restaurar la “grandeza” de su país, todo enmarcado en un futuro político y económico de gran incertidumbre.
Trump, que como expresidente llegó a ser condenado por delitos relacionados con la insurrección del 6 de enero de 2021 en el Capitolio, cuando intentó anular los resultados de unas elecciones democráticas, también ha enfrentado varios procesos judiciales y en 2023 se le encontró culpable de abuso sexual. Su regreso al poder se perfila como una nueva etapa de agitación política, tanto dentro de los Estados Unidos como a nivel internacional.
Un discurso de guerra comercial, expansión y autoritarismo
El discurso inaugural de Trump no ofreció grandes sorpresas: fue una versión reforzada de sus promesas de campaña. A lo largo de su alocución, subrayó que su administración comenzará con una serie de órdenes ejecutivas, lo que le permitirá actuar de forma inmediata sin necesidad de la aprobación del Congreso. En su discurso, Trump dejó clara su intención de poner a Estados Unidos en primer lugar, sin importar las consecuencias internacionales. Cabe anotar que no es del todo claro cómo puede implementar muchas de esas medidas que funcionaron en campaña, pero que en la práctica tienen otro tipo de limitaciones.
Uno de los primeros gestos de su administración será indultar a los procesados por la insurrección del 6 de enero de 2021, un acto que subraya su afán de reconstruir la narrativa de su mandato anterior, además de su vínculo con los sectores más radicales de su base de extrema derecha.
En cuanto a sus intenciones expansionistas, Trump ha revivido ideas que ya había planteado en su primera presidencia, como la reocupación del Canal de Panamá, pues buscaría tomarán de nuevo el control del importante paso interoceánico, acusando a las decisiones soberanas de este país de gestionarlo de manera inadecuada. Esta propuesta no solo abre la puerta a un posible conflicto con el país centroamericano, sino que también podría intensificar la guerra comercial con China, ya que esto se encuadra en sus intenciones de proteger la economía estadounidense de la importancia comercial que tiene con el gigante asiático.
Otro de los anuncios más polémicos fue su intención de intentar comprar Groenlandia, un tema que ya había abordado durante su primera presidencia y que ahora regresa como un emblema de su política exterior agresiva. Esta propuesta ha sido percibida como descabellada y una más de las polémicas propuestas que no parecen reales. Sin embargo, su insistencia en el tema tanto de Panamá como de Groenlandia, así como sus batallas comerciales con China (palpables en la disputa por TikTok), son parte de un interés más profundo que es la imposición ideológica de un orden global en el que Trump y sus aliados más fanáticos tienen gran interés. De hecho, las cada vez más explícitas alianzas con el poderoso sector tecnológico, representan una incógnita de cuál será el impacto en la mentalidad de sus ciudadanos frente a su mandato.
Las duras amenazas contra los migrantes
Trump ha hecho de la inmigración una de sus grandes banderas. Desde su primer mandato se hizo famoso por la propuesta de construir un gran muro (cosa que no pudo hacer) y prometió para este segundo round una serie de órdenes ejecutivas que, según él, restaurarán el control de los Estados Unidos sobre sus fronteras. Entre las herramientas que mencionó en su posesión para dar inicio a las políticas de deportaciones masivas, declaró una “emergencia nacional” en la frontera sur y prometió frenar inmediatamente todas las entradas “ilegales”, así como deportar a millones de inmigrantes “criminales”. En su plan, también contempla la reinstauración de su política “Permanecer en México”, que obliga a los solicitantes de asilo a esperar fuera del país mientras se resuelven sus casos y que en el pasado creó un caos migratorio donde se documentaron graves violaciones a los derechos humanos de los migrantes.
La propuesta de Trump de revocar la ciudadanía de los niños nacidos en suelo estadounidense por padres sin estatus legal, otra de sus propuestas más visibles, está en clara contradicción con la Constitución, que otorga la ciudadanía a cualquier persona nacida en el territorio. Este punto podría enfrentar serios desafíos legales en los tribunales, donde se anticipa que sus políticas migratorias sean objeto de intensas disputas. Si bien Trump no es el primer presidente que trabaja activamente en contra de los migrantes, a pesar de ser este uno de los pilares más importantes de la historia de Estados Unidos, sí representa un temor renovado que ha sido usado habilmente para ganar votos incluso entre comunidades migrantes, como la latina.
La naturaleza en riesgo
Otro de los frentes conflictivos de la administración Trump será el de la salud del planeta Tierra. El presidente es un vivo impulsor del negacionismo de la crisis climática. De hecho, anunció que Estados Unidos se retirará formalmente del Acuerdo de París sobre cambio climático, una medida que ha sido condenada por líderes internacionales, incluidos el secretario general de la ONU, António Guterres, quien advirtió que la decisión podría “debilitar gravemente” los esfuerzos globales para combatir esta crisis.
Aunque se esperaba este anuncio, no por eso es menos grave. Trump ha insistido en volver a fortalecer la economía basada en los hidrocarburos, y para ello decretará una emergencia energética que permitirá expandir la explotación petrolera en el país, intensificando las críticas de ambientalistas que no dejan de señalar que Estados Unidos no lo tiene una gran responsabilidad como potencia mundial contaminante, sino que ya vive los efectos del cambio climático, como se vio en los recientes incendios incontrolables en California.
Un espaldarazo de la elite internacional de extrema derecha
La toma de posesión de Trump fue un evento que no solo atrajo la atención de figuras políticas nacionales, sino también de líderes internacionales de la derecha más radical. Entre los asistentes se encontraron figuras como la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, y el presidente de Argentina, Javier Milei, quienes se sumaron al apoyo a las políticas de Trump como un referente a seguir. La ceremonia de posesión se convierte así en un evento simbólico del creciente vínculo entre los gobiernos de extrema derecha y los grandes intereses económicos globales.
El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca marca el inicio de un periodo presidencial cargado de tensiones, tanto internas como externas. Con su serie de órdenes ejecutivas, Trump buscará reformar rápidamente el panorama legal y político de Estados Unidos, pero es probable que los tribunales y la ciudadanía opositora no permanezcan pasivos.
A medida que se adentra en su segundo periodo, Trump parece dispuesto a dejar su huella en la historia, impulsando una agenda que podría cambiar para siempre la política estadounidense y su posición en el mundo.


