enero 26, 2022

El callejón de las almas perdidas

Guillermo del Toro se luce con la grandiosa adaptación cinematográfica de la novela negra de William Lindsay Gresham

Guillermo del Toro 

/ Bradley Cooper, Rooney Mara, Cate Blanchett, Willem Dafoe, Richard Jenkins

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de Cinecolor

No solo estamos viviendo unos tiempos oscuros de enfermedad, muerte, soledad y desilusión, sino que también estamos viviendo un nuevo oscurantismo, regodeándonos en nuestra ignorancia, desconfiando de la ciencia y justificando el fracaso de nuestras relaciones con brujería o signos del zodiaco. 

Guillermo del Toro lo sabe, y por esta razón ha decidido dejar a un lado la magia, las criaturas fantásticas y las ciencias ocultas, para entregarnos una magistral obra noir basada en el realismo más crudo. Su nombre es El callejón de las almas perdidas.

La cinta está basada en Nightmare Alley, la novela de William Lindsay Gresham publicada en 1946. Gresham se inspiró en el relato de un médico que contó la historia de una atracción de feria basada en un hombre alcoholizado que era obligado a arrastrarse sobre sus propias heces fecales y decapitar pollos y serpientes con su mordida. 

Gresham cayó en el alcoholismo y tuvo un intento de suicidio, pero pudo combatir sus demonios personales, gracias a que buscó ayuda en el psicoanálisis. Trabajó como mago, vendedor y redactor de publicidad, antes de conocer a la escritora y poetisa Helen Joy Davidman, quien se convertiría en su esposa. 

Gresham comenzó a escribir relatos cortos para revistas y Nightmare Alley, su primera novela, se convertiría en un éxito editorial inmediato. Un año después de su publicación, se realizaría una adaptación cinematográfica protagonizada por Tyrone Power, la cual terminaría siendo un fracaso de taquilla.

El escritor nunca pudo recuperar su éxito inicial cono novelista y eso lo llevó de nuevo a la bebida, a la violencia y luego a una infidelidad que lo condujo al divorcio. Davidman se llevó a sus dos hijos y se fue a vivir a Inglaterra, donde contrajo matrimonio con C.S. Lewis, el autor de Las crónicas de Narnia y de Shadowlands, novela inspirada en su relación con la escritora. 

Gresham se casó con su amante, Renee Rodríguez y continuó dedicándose a la bebida, a la vez que se encargaba de revelar los fraudes que cometían los espiritistas, muy populares a comienzos del siglo XX. Estuvo implicado en la cienciología, pero luego se retiró de ella por considerarla también como una estafa. 

Su adicción a la bebida le cobró un alto precio. Quedó ciego y le diagnosticaron cáncer de la lengua. En 1962, se hospedó en el hotel donde escribió gran parte de Nightmare Alley y se suicidó a los 53 años de edad.

Del Toro reconoce todos los aspectos autobiográficos y personales de la novela de Gresham y los plasma en su primer noir, el cual también está inspirado en El grito (1957), el clásico neorrealista de Antonioni, y en El suavecito (1951), el único noir en la historia del cine mexicano y una cinta que él mismo ayudó a restaurar. 

Bradley Cooper reemplazó a última hora a Leonardo Di Caprio para interpretar a Stanton Carlisle, el alter ego de Gresham y el protagonista de El callejón de las almas perdidas. Como si se tratara de Frank Chambers, el protagonista de El cartero llama dos veces, vamos a ver a Carlisle sin un centavo y buscando un lugar para trabajar, comer y dormir. 

Este hombre con un pasado tan misterioso y turbio como su alma, va a encontrar refugio en una feria de atracciones, donde va a ser apadrinado por Clem Hoatley, un hombre amante del dinero que alcoholiza vagabundos para convertirlos en fenómenos de feria (la cinta de Del Toro también bebe de Freaks, el clásico maldito de Todd Browning). 

En la feria, Carlisle conocerá a la joven Molly Cahill (Rooney Mara), quien protagoniza una atracción relacionada con electricidad. Los dos se enamoran, pese a que Bruno (Ron Perlman en su séptima colaboración con Del Toro) y El Mayor (Mark Povinelli), los protectores de Molly, ven con sospecha esa relación. 

Carlisle se hace amigo de Zenna (Toni Collette) y de Pete (David Strathairn) una pareja que trabaja haciendo actos de magia en la feria. El alcohólico Pete ve en el joven Carlisle a su sucesor y comienza a enseñarle todos sus trucos. Carlisle convence a Molly de abandonar la feria para llevar a cabo un espectáculo de magia en otro lugar y ambos parten para buscar fortuna, la cual encuentran de manera momentánea.

Como este es un noir, aquí no puede faltar la mujer fatal que lleva al protagonista a descender en los infiernos. Dicha mujer es la psicoanalista Lilith Ritter (Cate Blanchett), una mujer que, para desgracia de Molly, seduce a Carlisle y despierta su ambición desmedida. 

Dicha ambición lo llevará a desobedecer las advertencias de Pete sobre no utilizar sus secretos para dedicarse al espiritismo y esto lo lleva a estafar a un juez primero y luego a Ezra Grindle (Richard Jenkins), un magnate con un pasado mucho más oscuro y turbio que el de Carlisle. 

El universo del noir de los años cuarenta, especialmente Fallen Angel de Otto Preminger (autor que Del Toro admira) y Heroes For Sale de William Wellman, se conjuga en esta obra maestra que goza de un estupendo guion escrito en conjunto con Kim Morgan (crítica de cine y colaboradora del maestro del surrealismo Guy Maddin), de unas maravillosas e inolvidables actuaciones de parte de todo su elenco (esperen ver a Cooper y a Blanchett en los premios Óscar) y de un impresionante trabajo de fotografía de Dan Laustsen (quien trabajó con Del Toro en Mimic, La cumbre escarlata y La forma del agua), así como de la meticuloso diseño de producción de Tamara Deverell (colaboradora de Del Toro en la serie The Strain).

Guillermo del Toro nos entrega una obra muy superior a La forma del agua (una historia de amor fantástica sobrevalorada y muy poco original). Este es una obra maestra del cine noir en todo sentido. Se siente clásica pero, a la vez, posee la visión de un maestro de la crueldad con la habilidad para escudriñar en lo más profundo del alma humana. 

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