El 4:20 celebra el cannabis, pero también cuestiona la política de drogas 

Lo que surgió como un evento intrascendente de un grupo de amigos, se ha convertido en una fecha de reivindicación para los usuarios del cannabis en muchos países

Por  LAURA VÁSQUEZ ROA

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Laura Vásquez Roa

El 4:20 es una anécdota: un grupo de chicos en California se junta cada tarde en 1975, a las cuatro y veinte, para buscar un cultivo de marihuana como quien busca un tesoro. No lo encontraron, pero establecieron una hora que se volvió emblemática para hablar del consumo de cannabis.

Levinson Niño, representante en Colombia de la Red Latinoamericana de Personas que Usan Drogas -LANPUD-, lo presenta así: “su origen hace referencia a algo completamente anecdótico, pero más allá de este hecho, de fondo representó la complicidad entre quienes consumían la planta y sabían que las afectaciones que se mencionaban en los medios de comunicación alrededor de la marihuana no eran reales, que el consumo no era necesariamente problemático como lo mostraban”. Con el tiempo esta complicidad dio pie a la movilización social y a darle connotaciones distintas al acceso y consumo del cannabis, algo que se celebra ahora en esta fecha en gran parte del mundo occidental. 

De acuerdo con la Organización Mundial para la Salud, el cannabis es la droga ilícita más cultivada, traficada y usada en el planeta. Se estima que 147 millones de personas la consumen, aunque esta cifra es más elevada de acuerdo con otras fuentes, llegando a los 200 millones. Si bien no todos los consumidores son activistas del cannabis, el movimiento social sí surgió del uso recreativo. 

Por ejemplo, Julián Quintero, investigador de la Corporación Acción Técnica Social (creadores del reconocido proyecto Échele Cabeza) considera que el 4:20, y por tanto del 20 de abril (mes 4 y día 20), es muy importante para los activistas del cannabis, especialmente en Estados Unidos, por la reivindicación del consumo y la lucha por su legalización en ese país. De hecho, el 4:20 se puede considerar la antesala del 7 de mayo, día de la Marcha Mundial de la Marihuana o marcha por la regulación del cannabis que, según Quintero, es una fecha con mayor arraigo en América Latina donde tiene lugar una movilización en pro de una regulación distinta del cannabis y por el cambio en la política de drogas. 

Este activismo ha impactado otros países del continente incluyendo a Colombia con este mismo sentido. “Es una fecha de encuentro, de búsqueda de cambio en la política frente al cannabis, de reconocimiento de sus cualidades y de desestigmatización”, dice. Quintero además identifica un cambio en el tipo de activismo cannábico en dos momentos: un activismo de visibilización y otro más reciente de incidencia y educación.


“Todavía es necesario luchar contra estas estructuras corporativas que están manejando el mercado y dejando por fuera pequeños cultivadores como las comunidades campesinas”


El activismo de visibilización inició con personas consumidoras reunidas en lugares concurridos para fumar marihuana. El punto era darse a conocer, sentir un rato de libertad para protestar a través del consumo frente a las políticas y el castigo sobre el cannabis. Aunque este tipo de movilización existe todavía, también ha dado paso a otro tipo de manifestaciones que trascienden lo que sería el activismo de incidencia y de educación. “Es un activismo que ya trascendió el solo hecho de fumar y pasa a educar. Lo que estamos viendo son emprendimientos relacionados con el cannabis de personas que lo han hecho siempre, desde esa zona gris, pero que ahora se están regularizando y que además promueven el autocultivo como alternativa de cuidado”. 

Precisamente, la promoción del autocultivo toma cada vez más fuerza dentro del activismo cannábico en el país. Esto ocurre en gran medida por la complicada situación que genera el enfoque de “guerra contra las drogas” que marca la pauta del gobierno nacional ante la realidad de Colombia como país productor y consumidor de sustancias, incluida la marihuana. 

El uso medicinal del cannabis está permitido en Colombia, y aunque esto es un avance, es paradójico que esto no se corresponda con un desarrollo más coherente de la política de drogas en las distintas partes de la cadena de uso. Hasta el momento el enfoque guerrerista no ha sido exitoso y más bien ha traído mayor violencia y pocas mejoras para las comunidades rurales involucradas en el cultivo (algo que ocurre de manera más reiterada con los cultivos de coca, pero no deja por fuera del todo a la marihuana). 

Mientras la despenalización del cannabis medicinal se está regulando por medio de licencias de cultivo que expide el Gobierno, no deja de ser interesante revisar el hecho de que sean grandes corporaciones de capitales extranjeros o mixtos las que encabecen la lista de licencias. Ante ese interés corporativo, organizaciones como Dejusticia han alertado sobre los posibles conflictos que esto puede representar para las poblaciones históricamente vulneradas del país. En su informe Principios para una regulación responsable del uso adulto del cannabis en Colombia, manifiestan que al tener en cuenta la historia del conflicto colombiano y las enormes brechas de desigualdad social en ciertas partes de la geografía nacional, vale la pena preguntarse dónde quedan las poblaciones campesinas, indígenas o afrodescendientes en este nuevo enfoque. 

Estas poblaciones se encuentran en las zonas de cultivo y han sido víctimas de distintos tipos de violencia, por esto la promoción de un negocio que ahora legaliza el cannabis debería considerarles como parte central de este cambio, y no como agentes al margen que sean simplemente empleados sin tierra de estas plantaciones.  Como comenta Levinson Niño, “si bien ya existen regulaciones para permitir el consumo de cannabis a nivel medicinal, y en algunos casos recreativo, todavía es necesario luchar contra estas estructuras corporativas que están manejando el mercado y dejando por fuera pequeños cultivadores como las comunidades campesinas. Sobre esto hay que hacer una reflexión más profunda”.

El movimiento social cannábico discute también otros temas desde lo urbano. Recientemente se han establecido veedurías distritales y una Mesa Distrital Cannábica en Bogotá que visibiliza diferentes necesidades de la población usuaria. Por medio de la promoción del autocultivo se han establecido alianzas con la Secretaría de Salud para fortalecer esta práctica como una estrategia de autocuidado y salud. 

Como se puede ver, este 4:20 incluye una celebración del consumo mientras nos da pistas de lo que implica esta fecha para el activismo desde la incidencia política, la movilización social y la transformación cultural frente al uso y disfrute de esta planta desde un enfoque más amplio.