abril 9, 2022

Dos años después, Maroon 5 tuvo su revancha hitera en Buenos Aires

En el Campo de Polo, la banda de Adam Levine finalmente pudo dar el show que habían cancelado hace más de dos años cuando la pandemia de Covid-19 recién empezaba

Por  FEDERICO MARTÍNEZ PENNA

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Maroon 5 en el Campo Argentino de Polo.
Adam Levine finalmente pudo tocar en Buenos Aires.

Pablo Mekler

“Hace exactamente dos años y veintisiete días nos enteramos que el planeta se estaba yendo al demonio y nosotros estábamos aquí en Buenos Aires”, decía ayer a la noche Adam Levine justo en la mitad del show que Maroon 5 dio en el Campo de Polo de Palermo. El recuerdo era sobre marzo de 2020 cuando al grupo de Los Ángeles le tocó la histórica situación de estar a punto de salir del hotel porteño para dar su cuarto show en Argentina y que en cuestión de horas, con el escenario y los equipos ya montados, la pandemia de Covid-19 cancelara el evento y encerrara a todo el planeta.

Pero Levine no quiso perder mucho tiempo en eufemismos y solemnidad. Solo lo hizo en el intimismo del filtro acústico de “Payphone”, que usó para agradecer especialmente a quienes guardaron sus tickets del primer show y remató con un celebrado micro-español: “Historias de pandemia, ¡carajo!”.

La recompensa de la espera se tradujo en una hora y media de un show sin rodeos, compacto, construido desde la potencialidad de los hits sonando sin espacios entre medio. Y, por supuesto, de Maroon 5 pasando lustre a una bien ganada chapa de máquina pop con dos décadas encima.

Un evento de este tipo crece en los contrastes y las sorpresas. Si en el estudio la banda es una incansable cazadora de modas y tendencias (es fácil ver cómo acomodaron su sonido en los últimos diez años al crecimiento del EDM, el Trap y todo lo relacionado al sonido urbano), el vivo es sin dudas otro asunto. Tanto que el inicio de “Moves Like Jagger” perdió su pulso más pasteurizado para ganar crudeza como un himno de rock de estadios. Lo mismo le pasó al genial “Animals” que tuvo a James Valentine y al multiinstrumentista Jesse Charmicael intercambiando solos rabiosos sobre el final.

Maroon 5 en el Campo Argentino de Polo. Foto: Pablo Mekler.

Al menos hasta la primera mitad el mayor dominio es del costado más agresivo y orgánico, repleto del funk y el soul blanco de las primeras épocas (en todo el show sonaron cuatro canciones de Songs about Jane de 2002). Particularmente el doblete de “Makes me Wonder” y “Wait” tienen sin dudas en vivo el sello acid-jazzero de Jamiroquai, y “Maps” reveló un carácter mucho más artesanal, de una cercanía innegable a The Police.

Ese approach estructural hace que Maroon 5 se entienda como grupo y no sea solamente el capricho de Levine. Él sin dudas domina la situación, se erige como el sex symbol californiano que creció en exposición para las masas, pero entiende de límites. Quiere el encanto del público, y lo hace como un prestidigitador astuto, muestra el truco pero apenas para no devorar su performance vocal, incuestionable en todo el show. Y como esto es un evento para complacer a todas las audiencias, casi sobre el final le regaló “Sunday Morning” a quienes crecieron con el grupo a principios del milenio, advirtiendo a los nuevos, “esta canción es de cuando ustedes no habían nacido”.

Luego de las baladas de “Memories” y “She Will Be Loved”, ya en cuero para locura de la multitud, “Sugar” puso a todo el campo de polo a corear el estribillo en falsete de Levine, mientras él y Charmicael sumaban verborragia rockera en las seis cuerdas. “Dos años estuvimos esperando para esto, y vamos a volver como sea”, cerró el cantante.  La pandemia todavía no está oficialmente terminada pero al menos en el Campo de Polo hubo un sentido de redención y luz al final del túnel.