Diana Ross & The Supremes un texto escrito por Antonio «L.A.» Reid

Por casi 30 años –mi carrera completa, literalmente– he estado intentando encontrar a otra Diana Ross

Por  ROLLING STONE

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Cortesía

EXTRAÍDO DEL ESPECIAL DE COLECCIÓN LOS 100 GRANDES ARTISTAS DE TODOS LOS TIEMPOS, DICIEMBRE 2011

Obviamente, todavía tengo mucho trabajo por delante; ella era radiante y delgada (todo eso de la delgadez era nuevo, ya que estábamos en la era de Twiggy), tenía un hermoso cabello y por supuesto, era glamurosa. Recuerdo las pieles, los diamantes, era el principio del “bling-bling”. Sus gestos, su mirada, su aura, todo sobre ella era igual a estrellato.

The Supremes era el arquetipo del sonido Motown, la gente decía que Ross tenía estupendas canciones, que era hermosa, detrás de ella tenía a Berry Gordy –que en mi opinión es el mejor productor que ha existido jamás. Holland y Dozier eran grandes compositores, hombres melodía. Como todos sabemos, los héroes desconocidos eran Motown House Band y The Funk Brothers, tomaban una gran canción y le daban un sonido: “Where Did Our Love Go”, “Baby Love”, “Come See About Me”, “Stop! In the Name of Love”, “I Hear a Symphony”, canciones que la gente las creía desechables y ahora se dan cuenta que son obras maestras, están tan llenas de vida, todo sobre ellas es genial, hasta los intros, todas y cada una de ellas tiene una introducción distintiva y memorable con un excelente gancho. Y no podemos olvidar a las otras dos cantantes en The Supremes, Mary Wilson y Florence Ballard.

Pero al final del día, la voz de Diana Ross era la que nos producía escalofríos, tenía tanta presencia, unos tonos impresionantes que era muy fácil de identificar; no cantaba como Aretha Franklin ya que no era cantante de gospel, pero tenía un gran estilo que hacía que le creyéramos, era tan cautivadora y romántica que cuando cantaba “Where Did Our Love Go?” parecía como si estuviera rogando.

Hoy en día, creo que su voz no funcionaría en la radio actual pero ella le abrió camino a Janet Jackson y Madonna, a cualquiera que pueda cantar pero que no fuera melódico como Aretha, Patti LaBelle o Gladys Knight. Siempre que un artista llega a mi estudio le pido que “cante como lo haría Diana Ross”; hasta ahora nadie lo ha logrado.