septiembre 8, 2022

‘Sandman’ finalmente llegó a la pantalla con una serie que no le hace justicia al cómic

Escrita por Neil Gaiman y publicada entre 1989 y 1996, la historieta llega ahora a la pantalla en una primera temporada de diez episodios

Por  ALAN SEPINWALL

En un episodio de Sandman, dos personajes conversan sobre su gusto compartido por la obra de Shakespeare. Cuando uno objeta la alteración de la historia en una reciente puesta de King Lear, el otro dice: “Las grandes historias siempre vuelven a su forma original”. Esa reflexión es clave para entender los desafíos de basar una serie en un cómic considerado como una cumbre del género e “inadaptable”.’

Escrito por Neil Gaiman y dibujado por una seguidilla de artistas, en Sandman, publicado entre 1989 y 1996, cada miembro de una familia de seres cósmicos, más poderosos que ningún dios, domina un aspecto crucial de la existencia humana. El personaje del título, identificado como Dream o Morpheus, es el señor de todo lo que nos ocurre cuando dormimos y aquello que soñamos despiertos. A través de Morpheus, sus hermanos y sus fantásticas aventuras, Gaiman se despachó con una saga que ayudó a atraer lectoras femeninas y LGBTQ a las comiquerías, tradicionalmente visitadas por varones heterosexuales, al tiempo que cimentaba la idea de que las historietas ya no eran solo para chicos. 

El cómic fue tal fenómeno que Hollywood intentó llevarlo a la pantalla desde su debut. Pero Sandman desafió testarudamente su adaptación por décadas, con una historia demasiado grande y etérea para condensarse en una película y un héroe que es todo un reto a la hora de hacerlo tan interesante en tres dimensiones como lo es en la página.

Al fin, la versión fílmica de Sandman llegó en un formato más adecuado para su narrativa ampulosa y con Gaiman metido en la producción de esta serie. En algunos aspectos, los diez episodios que se pueden ver por Netflix son la representación más cercana de las primeras páginas de Sandman. En otros, la versión muestra por qué llevó tanto tiempo y por qué, a veces, a las grandes historias no necesariamente se les hace un favor al respetar su forma original. 

Con unas pocas excepciones, la primera temporada es una recreación directa de los dos primeros arcos de la historieta. Empieza con la historia “Preludes and Nocturnes”, en la que Dream (Tom Sturridge) es mantenido cautivo durante un siglo por el mago Roderick Burgess (Charles Dance, de Game of Thrones), quien intentaba atrapar a la muerte y se decepciona al encontrarse con su más nebuloso hermanito. Después de escapar, Morpheus debe recuperar una serie de objetos que Burgess le robó y así reconstruir su reino, The Dreaming, caído en desgracia durante su ausencia.

En el otro arco principal, basado en “The Doll’s House”, la persecución de Morpheus a una pesadilla conocida como The Corinthian (Boyd Holbrook) se cruza con una convención de asesinos seriales y una chica llamada Rose (Vanesu Maninyai), quien inesperadamente desarrolla poderes que amenazan tanto a The Dreaming como a la vigilia.

Pero “Preludes and Nocturnes” fue un comienzo extraño para un cómic y un inicio aún más raro para una serie. Dream se pasa el primer episodio casi entero en su propio show, sentado desnudo y callado dentro de la caja de vidrio a la que Burgess lo confinó, mientras los otros personajes sostienen la acción. E incluso cuando ya salió nos cuesta apreciar la dimensión de su pérdida y de su misión, ya que aún no tuvimos oportunidad de conocer ni a él ni a The Dreaming. Anda por ahí, por las ruinas de su reino, visitando a la bibliotecaria Lucienne, pero da la sensación de que la historia arranca en el lugar equivocado solo porque así lo hizo Gaiman en los libros.

O quizás sea que Morpheus es un personaje difícil de plantar en medio de todo esto. Es distante, insondable e inmutable. Ningún rasgo ideal para un protagonista. El cómic zafaba del escollo por su gran impacto visual, fantasmalmente pálido, pelo negro, envuelto en capas oscuras. Por largos tramos de la saga, Gaiman usó a Dream para introducir a personajes bastante más coloridos.

El magnetismo de Dream en los cuadritos se podría haber canalizado con el actor correcto. Sturridge tiene la imagen, pero su actuación, desafortunadamente, se inclina hacia todas las debilidades de Dream como figura central. Lo que en otras manos podría haber sido intrigante acá resulta irritado y tedioso.

Pero incluso con un actor protagónico más cautivante, demasiados elementos en esta temporada solo parecen tener sentido porque así fueron dispuestos en otro formato, treinta años atrás. Parafraseando a Ian Malcolm en Jurassic Park, Gaiman estaba tan preocupado resolviendo si podría recrear su obra original que no se detuvo a pensar si realmente necesitaba hacerlo.