Crítica: Viernes negro

El director de Hostel regresa con una copia descarada de Scream que incluye unas cuantas muertes creativas.

Eli Roth  

/ Patrick Dempsey, Addison Rae, Gina Gershon, Jalen Thomas Brooks, Nell Verlaque

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de Sony

En 2007, Quentin Tarantino y Robert Rodríguez colaboraron en un maravilloso proyecto llamado Grindhouse, que consistió en presentar en las salas de cine dos películas por el precio de una, para rendirle homenaje a las películas clase B y al cine de explotación de los años 70, que se proyectaban en unas salas sucias y pulgosas ubicadas en los barrios de clase media y baja.

Planet Terror, dirigida por Rodríguez, fue una película sucia y salvaje sobre zombies (o infectados, si lo prefiere) con elementos de ciencia ficción, horror y mucha sangre y vísceras. Death Proof, dirigida por Tarantino, fue una divertida cinta sobre un peculiar asesino en serie, que mezcló el género de persecución de autos con el “gorno” (mujeres abusadas que cobran venganza). 

Para añadir autenticidad a la experiencia de estar en una sala de cine grindhouse, se incluyeron anuncios alusivos a la época y cinco tráileres falsos entre las dos películas.  Machete, dirigido por Rodríguez, supuestamente seguía las andanzas de un ex agente federal mexicano (Danny Trejo) que buscaba venganza. Edgar Wright, conocido por dirigir Shaun of the Dead y Last Night In Soho, dirigió el tráiler de Don’t, en donde juega con las convenciones del cine giallo de Mario Bava y Darío Argento. Werewolf Women Of The S.S. de Rob Zombie, era una parodia de las películas de “nazisploitation” y a la vez un tributo a la infame cinta de Don Edmonds Ilsa, la mujer loba de la SS (1975), que presentaba literalmente a unas mujeres lobo en un campo de concentración. Aunque no formó parte de la versión original de Grindhouse, Hobo With A Shotgun fue un falso tráiler dirigido por Jason Eisener para su estreno canadiense, en el que un indigente (Rutger Hauer) decide comprarse una escopeta para invertir el concepto de “limpieza social”. Thanksgiving de Eli Roth, se burlaba de los slasher enfocados en días festivos como Halloween y Black Christmas, y se centraba en un asesino enmascarado que acecha a un grupo de jóvenes durante el día de Acción de Gracias.

Grindhouse fue un fracaso comercial en los cines y muchos críticos no entendieron cuáles eran las intenciones del proyecto. Sin embargo, con el tiempo, ganó un estatus de culto y el aprecio de los verdaderos fanáticos del cine a los que les gusta revisar el pasado. De hecho, Rodríguez terminó convirtiendo en realidad el tráiler de Machete, dirigiendo dos estupendas cintas y Un mendigo con escopeta se convirtió en una delirante cinta de acción protagonizada por el fallecido Rutger Hauer. Ahora es el turno de Roth de cumplir la promesa de 16 años de estrenar una cinta slasher ambientada el 23 de noviembre. 

Roth es un director cuya reputación supera con creces su talento. Cabin Fever (2002), su película debut, es conocida por su enfoque en el body horror y la combinación de elementos de comedia negra, pero en realidad es un trabajo muy irregular que no le llega ni a los talones a las primeras películas de bajo presupuesto dirigidas por el maestro del subgénero, el gran David Cronenberg (piense en Cabin Fever como una burda imitación de Shivers).

El director alcanzaría una mayor notoriedad con Hostel (2005), la película que daría origen al Torture Porn junto con Saw (2004) de James Wan y Martyrs (2008) de Pascal Laugier.  La cinta ultraviolenta sobre un grupo de turistas que se encuentran en una situación aterradora en Europa del Este fue todo un éxito de taquilla y dio paso a una secuela, también dirigida por Roth. Pero el fallecido Ruggero Deodato ya había explorado la idea de turistas sometidos a torturas extremas 25 años antes de Hostel (inclusive Deodato apareció en la cinta haciendo un divertido cameo). 

Luego vinieron la poco exitosa The Green Inferno (2013), una cinta sobre canibalismo que remeda a Holocausto caníbal sin el mismo impacto; Knock Knock (2015), un irregular remake de la película de 1977 Death Game (conocida también como Las seductoras), de la que tan solo quedó como recuerdo un popular meme; y Death Wish (2018), un infame remake del clásico de 1974, protagonizado por Charles Bronson, ahora protagonizado por Bruce Willis y que se parecía más a un anuncio de La Asociación Nacional del Rifle a una cinta de acción y suspenso. Sus trabajos más interesantes y originales son la adaptación de la novela gótica juvenil de 1973 La casa con un reloj en sus paredes de John Bellairs, y su serie sobre la historia del cine de terror para AMC. 

Thanksgiving (estrenada en español con el título Viernes negro), comete la gran equivocación de desprenderse de la propuesta formal de Grindhouse con su imitación de celuloide sucio y arañado, los cortes abruptos, las cintas quemadas y los problemas de sonido, para presentarse como si se tratara de una cinta actual y no un homenaje al cine de los años setenta. Alexander Payne sí tomó ese riesgo con la reciente The Holdovers y nos entregó un bellísimo tributo al trabajo de Hal Ashby

Pero el peor error con Viernes negro no está en su aspecto formal tradicional, sino en que es una copia descarada de Scream. No estamos hablando de una parodia al estilo Scary Movie, ni tampoco de un intento de hacer algo camp como la tercera parte de Piraña. Y Scream no es una cinta de los años setenta como para rendirle un homenaje y mucho menos con las recientes secuelas tan frescas en la mente de los amantes del cine de terror. Es por eso por lo que el slasher de Roth, con todo y actriz famosa que muere al inicio, casi no tiene perdón. 

Sin embargo, la cinta se salva, primero que todo, por una maravillosa secuencia inicial que nos muestra el horror real que se desata en los centros comerciales en el Black Friday (que inicia realmente en la noche del jueves). Una multitud ansiosa por irrumpir en la tienda departamental RightMart, como si necesitara urgentemente de recursos para sobrevivir el apocalipsis, se termina asesinando mutuamente mientras busca un electrodoméstico inútil que supuestamente está en oferta. Si Roth se hubiera quedado con esta premisa, nos hubiera deleitado con un grupo de personas encerradas en un mall al estilo de Dawn Of The Dead y con un asesino enmascarado utilizando wafleras, secadores, barbacoas y freidoras de aire para darle a la chusma una brutal lección sobre urbanidad, siguiendo la línea de Jigsaw en Saw y de paso, instruyendo a los espectadores sobre los aspectos oscuros y siniestros del consumismo desmedido. Pero no fue así. 

Todo degenera cuando un año después de la tragedia de RightMart, un asesino con la máscara del peregrino y primer gobernador de Plymouth, Massachusetts, John Carver, comienza a aterrorizar el pueblo, atacando a aquellos que fueron en parte responsables de lo que sucedió. Los estudiantes de secundaria que se colaron por la entrada de empleados y que parecen sacados de una serie de Hanna-Barbera, como Jessica (Nell Verlaque), Gabby (Addison Rae), Yulia (Jenna Warren) y Scuba (Gabriel Davenport); el dueño (Rick Hoffman) y su esposa Kathleen (Karen Cliche); y los clientes cuyos actos atroces fueron capturados en imágenes de la cámara de seguridad, van siendo eliminados sistemáticamente. Lo segundo que se le agradece a Roth es el cuidado y la creatividad con la que elabora las escenas de gore, clave del éxito de Hostel y algo que se extrañó muchísimo en la terrible décima entrega de Saw.

Los asesinatos son investigados por Eric Newlon, el sheriff local (Patrick Dempsey) haciendo una burda imitación del oficial Dewey de Scream. Pero es Jessica, la hija del dueño de la tienda y nuestra final girl, quien comienza a armar las piezas de lo que ha estado sucediendo, mientras ella y sus amigos reciben notificaciones crípticas de Instagram del asesino e imágenes de una mesa de cena de Acción de Gracias que ha sido preparada para ellos. Piensen en Jessica como una amalgama entre Sidney Prescott y las hermanas Carpenter de la saga de Scream.  

Como en la mencionada saga, el asesino se esconde entre las víctimas y algunos de los sospechosos incluyen a Bobby (Jalen Thomas Brooks) el ex novio de Jessica, que desapareció después de que sus sueños de béisbol fueran arruinados por una terrible lesión durante esa fatídica noche de ventas; y Ryan (Milo Manheim), el chico enamorado de Jessica que se aprovechó de las circunstancias después de que Bobby se fue. Pero si usted es un espectador curtido en el género whodunit y sabe que el menos sospechoso siempre es el más culpable, no tendrá problemas en resolver el enigma antes de que Roth lo resuelva por usted. 

Esperemos que Edgar Wright y Rob Zombie se animen para llevar a cabo sus respectivas cintas Grindhouse y se acerquen más al estilo de Machete y Mendigo con una escopeta que al de este slasher recalcitrante y de pocos sobresaltos.

CONTENIDO RELACIONADO