Crítica: Nota de voz

David Bohórquez vuelve al terror psicológico con Nota de voz, una película que confirma su crecimiento formal pero también sus viejos tropiezos narrativos.

David Bohórquez 

/ Paulina Diazgranados, David Palma, Stefany Mosquera, Michael P. Nangle, Isabella Savdie Ospina, Katterina Nangle, Daniel Bonavita, Chloe Jeanine Fernande

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de Santa Bárbara Films

David Bohórquez es uno de esos cineastas colombianos que han construido su carrera a fuerza de insistencia. Formado en el universo del videoclip, trabajando con figuras como Sebastián Yatra, Maluma y J Balvin, dio el salto al largometraje con Demental, un debut marcado más por el ímpetu que por el control. A ese inicio le siguió Calibán, un intento de gótico contemporáneo que prometía personalidad pero terminó naufragando entre excesos y desorden. Fue en La desaparición de Sofía, donde el director encontró una forma más clara de dialogar con el espectador a través del falso documental y el drama, señalando un camino posible para su cine.

Ese avance, sin embargo, no se sostuvo en Diavlo, una cinta que retomaba muchos de los vicios de sus primeros trabajos (acumulación de ideas sin desarrollo, una narrativa errática y un pulso que nunca terminaba de asentarse). Nota de voz, su película más reciente, se ubica en un punto intermedio dentro de esa filmografía: evidencia aprendizaje y refinamiento, pero también deja ver las fisuras que Bohórquez aún no logra cerrar.

Naya, interpretada por Paulina Diazgranados, intenta procesar la muerte de su hermana Anna, quien falleció en circunstancias violentas y sobrenaturales tras asesinar a sus padres. El duelo se transforma en inquietud cuando Naya comienza a recibir notas de voz enviadas desde el teléfono de la hermana muerta. El dispositivo sonoro (la voz como rastro y como eco persistente) es el corazón de la película y su mejor hallazgo conceptual.

En el plano actoral, Nota de voz se sostiene con solvencia. Diazgranados construye un personaje contenido y vulnerable, evitando los excesos habituales del género. Su trabajo encuentra un buen contrapunto en el resto del elenco, que entiende el tono que la película exige y no cae en la sobreactuación tan común en los anteriores trabajos del director. Hay una clara intención de sostener el relato desde la sugestión más que desde el impacto inmediato.

Donde la película muestra un avance indiscutible es en lo formal. La fotografía de Omar Gutiérrez, el diseño sonoro y la puesta en escena revelan a un director más consciente del lenguaje cinematográfico, más atento al encuadre y al uso del espacio. Se percibe una voluntad clara de narrar desde la atmósfera y no desde el sobresalto fácil, algo que no estaba muy presente en sus trabajos.

El problema es que ese progreso visual no termina de traducirse en una experiencia narrativa sólida. El ritmo vuelve a jugar en contra: la película se dilata en momentos que no aportan tensión real, mientras que los puntos de quiebre llegan tarde o con poca fuerza. Las ambigüedades, lejos de enriquecer el relato, terminan generando desgaste, y la historia parece avanzar más por inercia que por necesidad dramática.

Estos tropiezos no son nuevos en el cine de Bohórquez. Vienen desde Demental y reaparecen, con distintas formas, en Calibán y Diavlo. Nota de voz demuestra que el director ha aprendido a filmar mejor, pero también que aún no logra dominar del todo el pulso interno de sus historias. La tensión, elemento clave del thriller, aparece de manera intermitente y nunca alcanza el peso que la premisa promete.

Aun así, Nota de voz no es un retroceso. Es una película que confirma que Bohórquez está en un proceso de maduración real, aunque todavía inconcluso. Hay una mirada, una obsesión temática clara y un interés genuino por explorar el terror psicológico desde lo íntimo y lo emocional. Lo que falta es depurar, decidir y, sobre todo, aprender a soltar ideas en lugar de acumularlas.

En ese sentido, Nota de voz funciona como una señal de tránsito dentro de su carrera. No es la película definitiva, pero sí una que deja claro que el camino ya está trazado. Ahora el reto será recorrerlo con mayor precisión.

Tráiler:

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