enero 4, 2023

Entrevista Rolling Stone: Chizzo habla sobre la película rutera de La Renga, la psicodelia, su último disco y el riesgo como forma de vida

Charla íntima y relajada con el cantante, guitarrista y compositor de la banda de rock más convocante del país

Por: SEBASTIÁN RAMOS

Cara de popeye. Ese es el gesto que Gustavo “Chizzo” Nápoli dice que le gusta hacer para las fotos. Infla los cachetes, entrecierra los ojos y mira a cámara. A su lado, Jorge “Tanque” Iglesias y Gabriel “Tete” Iglesias estallan de la risa y la sesión de fotos debe detenerse por unos minutos. Parecen tres hermanos compinches (de hecho, Tete y Tanque lo son) haciéndosela difícil a una madre que tan solo quiere una foto de sus tres bendiciones para su muro de Facebook. Es una escena inédita: en 25 años de Rolling Stone Argentina La Renga se presta por primera vez a posar ante la lente de un fotógrafo de la revista. No es una tarea sencilla para Ignacio Arnedo, a cargo de la misión, pero no por la fama de músicos duros que esquivan este tipo de producciones, sino por las permanentes tentadas tras los chistes internos que surgen una y otra vez. De hecho, por eso mismo el manager de la banda, y amigo de juventud de los tres, Gaby Goncalves, propuso días antes hacer la entrevista solo con Chizzo. “Si estamos todos siempre nos dispersamos”, explicó.

Estamos en el centro de operaciones rengo, una quinta ubicada en un barrio de casas bajas de Ezeiza, con dos estructuras edilicias como faros: una casona señorial refaccionada como sala de ensayo para tocar y tocar hasta el amanecer (el lugar donde la banda grabó sus últimos discos) y un quincho habitualmente copado por la familia renga, los mismos de siempre, engalanado desde no hace mucho con una heladera/chopera Siam-Di Tella, con cerveza para todos los gustos. Al lado una pileta y más allá una canchita de fútbol entre árboles y malezas. El lujo es vulgaridad, escribió alguien hace un tiempo y aquí ese verso parece estar tallado en piedra.

Al trío formado en Mataderos, y a todo el equipo, siempre multitudinario, se los ve en un momento de plenitud, a punto de cerrar un gran año. En febrero de 2022 lanzaron finalmente Alejado de la red, el álbum que estaba casi listo para editarse cuando allá por marzo de 2020 la pandemia trastocó los planes del mundo entero. A los pocos días de estar el disco en la calle, La Renga inició una minigira de cuatro conciertos en el interior argentino, con paradas en Santa María de Punilla (Córdoba), Salta capital, Potrero de los Funes (San Luis) y Neuquén, ciudad que sobre la marcha no autorizó el show y, por lo tanto, el grupo debió mudar la última fecha del tour a Cipolletti, Río Negro.

Más allá de la adrenalina que genera todo lo que rodea la producción de una gira presentación de cada nuevo disco de la banda más popular del país, esta tuvo un condimento especial: “Si vamos a salir de la pandemia, hagámoslo con todo”, fue el lema y el grupo decidió no solo hacer todo el recorrido en sus motos, en vez de viajar en el micro de siempre, sino además filmar el viaje para un futuro documental con destino de clásico rutero.

Chizzo y Tete ya se tomaron sus fotos individuales y solo resta retratar a Tanque en la batería. El baterista parece ser el que mejor lleva esto de ser fotografiado y posa con naturalidad sentado en su Tama doble bombo. ¿Listo? El fotógrafo pide una más, pero el resto de la banda ya está en el quincho de charla con amigos. “No vuelven más”, le digo a Arnedo. “Yo los voy a buscar”, tira el Tanque entendiendo la situación. Cinco minutos después, los tres mosqueteros del rock argentino están de regreso para una última toma. “Hagámosla en el cuarto de arriba, que es donde nos ponemos a zapar y a estirar la noche cuando ya se hace muy tarde”.

Otra vez los tres juntos, como hace treinta y cinco años, y otra vez los chistes, las risas, las anécdotas y la fraternidad, fuerza central de este grupo. “¿Listo?”, pregunta Chizzo, ansioso por terminar. Ahora sí, listo. “Vamos a charlar”.

“La ruta sigue más allá/ De las luces de la autopista/ Secando al ojo de la lágrima/ Te perderás de vista/ Como un relámpago en la fría noche/ Cruzarás los abismos/ Esos que guardan a la sombra/ Que te oculta de vos mismo” (“La razón que te demora”).

En la que probablemente sea la road movie de motociclistas más emblemática de la historia del cine y un hito de la contracultura de finales de los 60, Easy Rider (Busco mi destino), los protagonistas, Billy y Wyatt, conducen sus Harley-Davidson por 3.045 kilómetros de rutas norteamericanas, desde Los Ángeles hasta Nueva Orleans. Un viaje en busca de experiencias, musicalizado por el clásico de Steppenwolf “Born to Be Wild”, que marcó a más de una generación.

Cincuenta y tres años después, los protagonistas de esta otra historia, Chizzo, Tete, Tanque y Manu (el saxofonista que ingresó a la banda como “cuarto rengo” en 1992, hoy ausente con aviso), recorrieron en sus motos, creer o reventar, 3.057 kilómetros de rutas argentinas, desde Santa María de Punilla hasta Salta (con parada en Cafayate), de Salta a Potrero de los Funes (con parada en el Parque Nacional Talampaya, La Rioja) y de Potrero de los Funes a Cipolletti. Un viaje en busca de experiencias, también, claro, pero en el que el objetivo central fue presentar el nuevo disco de la banda más familiar del país en una gira federal.

FOTO: IGNACIO ARNEDO

Chizzo y Gaby invitan a sentarse en el control de la sala de ensayo para charlar más tranquilos. No quieren adelantar mucho de lo que se verá en el documental y aseguran que luego del show programado para el 14 de enero, en Mercedes, todo el equipo se dedicará a pleno al proyecto. “Las últimas imágenes de la película las estuve compaginando yo”, cuenta el guitarrista y advierte: “No es que tenga un guion, pero sí un relato. Va a ser una película muy visual y musical, más que nada, en la que se mezclan las imágenes del viaje con la de los shows, lo que le da un toque como que estás adentro de una batidora de conciencia [risas]”.

El sueño de la gira en moto viene carcomiendo la mente del monstruo rengo de mil cabezas desde hace años. Todos amantes de los caballos de metal desde jóvenes, los músicos compartieron cientos de viajes y caravanas motoqueras con amigos y, en más de una oportunidad, en compañía de su hermano musical Norberto “Pappo” Napolitano. “Siempre lo teníamos ahí dando vueltas, pero por una u otra cosa nunca nos terminaba de cerrar. No es un plan sencillo de llevar a cabo. Pero después de la pandemia fue como decir: ‘Es ahora o nunca’”, cuenta Gaby, manager todoterreno del grupo y, en cierta medida, impulsor involuntario de este tour-aventura en dos ruedas.

A principios de 2022, Gaby se subió a su camioneta para afrontar una larga vuelta por el interior y así conocer in situ las instalaciones elegidas para la gira: el Aeródromo Santa María de Punilla (el único con el que estaba familiarizado, ya que allí se realiza anualmente el festival Cosquín Rock); el Autódromo Martín Miguel de Güemes, de Salta; el Autódromo de Potrero de los Funes, y el Paseo de la Costa de Neuquén (lugar donde cerraría la primera etapa del tour, luego cambiado por el predio de Fernández Oro, Cipolletti). “Cuando volví del viaje les comenté a los chicos: ‘No saben qué espectáculo los lugares donde vamos a tocar y, encima, pasé por unos caminos buenísimos que no se pueden creer’. Entonces ahí salta el Chizzo y me dice: ‘Genial. Yo voy en moto’”.

Chizzo al frente de la caravana motoquera en el Parque Nacional Talampaya, La Rioja. FOTO: GENTILEZA LA RENGA.

Chizzo: Claro, como era un show por fin de semana, ¿qué iba a hacer en el medio? ¿Ir y volver en avión? Yo odio el avión. Y ahí un poco se empezó a gestar la idea de que, si todos íbamos en moto, podíamos hacer una película, un documental.

Gaby: Primero salió la locura de hacer el viaje: “¿Se animan a hacerlo en moto?”. Todos dijimos: “Sí, vamos a hacerlo. Y, bueno, si lo hacemos, vamos a filmarlo”. Entonces se empezó a planificar todo desde ese lugar.

Chizzo: Justo se armó todo como la salida de la pandemia. Creo que inconscientemente pensamos: “Ya que salimos, hagámoslo con todo lo que tenemos. Fue un viaje muy especial. Convocamos a los talleres que siempre prepararon las motos para nosotros y en el camino se fueron sumando amigos de todos lados. Había un grupo en el que íbamos todos juntos y después estaba el equipo de los asistentes, en varias camionetas. Se filmó todo con la idea de hacer esta película-documental y ahora estamos viendo también de sumarle temas nuevos. Estamos haciendo un laburo con todo lo filmado, no solo la gira en moto, sino también los shows. Porque de alguna manera todo esto también se conecta con esos viajes de otros momentos, los que inspiraron discos como Despedazados por mil partes. Fue como volver a pasar por ahí, pero ahora con toda la banda, en ese contexto de la moto. Lo que fueron aquellos primeros viajes, sumado a otros condimentos que se fueron agregando y que, sin querer, o atraídos por no sé qué fuerzas, confluyeron en algo extraordinario. Nos pasaron cosas que no se pueden guionar, que si querés planearlas no suceden. Tenemos dos millones de horas filmadas, pero muchas cosas que nos pasaron mientras íbamos de ciudad en ciudad no se pueden contar desde las imágenes.

Gaby: Total, porque también hay mucho de conexión con lo espiritual, que es muy difícil de filmar y de representar. El viaje tuvo mucho de espiritual, no solo con la tierra sino con la gente y con cada persona que nos íbamos cruzando. Fue muy grosso. Atahualpa Yupanqui decía algo parecido en un documental que vi hace un tiempo. Decía que él viajaba a caballo porque el caballo le daba historias. Cada lugar por el que pasaba con el caballo le daba una historia para escribir, mientras que el micro y el avión lo único que le daban eran ganas de llegar. En el medio no le daba nada. Él iba a caballo y por ahí paraba a tomar unos mates con alguien en el camino, o se cruzaba con un árbol o una piedra con los que se relacionaba emocionalmente. Eso nos pasó mucho en este viaje, de encontrarnos con historias, con sensaciones.

Cuatro «rengos» en la ruta. FOTO: GENTILEZA LA RENGA

Chizzo: Todas cosas muy inesperadas.

Vos siempre dijiste que cada tanto salías a buscar, a nutrirte con experiencias sin planes previos…

Chizzo: Sí, porque si uno se queda mirando pasar la vida, no pasa nada. Debe haber muchas maneras de ir a buscar historias, pero nuestro estilo es este.

Gaby: Nosotros vamos más a vivir que a buscar historias. Después nos encontramos un montón de historias que ni pensábamos vivir. Eso es el viaje, vos te creés que lo dominás pero no, el viaje te lleva a vos a otro lugar.

Chizzo: Esta gira salió con todo ese contexto. Porque también hubo que ponerle el lomo, horas bajo el sol, manejando; después, llegar y hacer los shows… ¡Fa, mierda! Pero tiene una cuota de adrenalina y libertad que te rejuvenece. Uno enseguida piensa: ¡La puta madre, no puede ser que no me duela nada!

La troupe renga salió de Punilla con ocho motos, una camioneta/taller móvil para solucionar cualquier desperfecto eventual, la camioneta de Gaby acondicionada para llevar las cámaras 5K y otra camioneta con asistentes. En distintos tramos del trayecto se fueron sumando también algunos amigos motoqueros y hubo varias cámaras Go-Pro para registrar en plan subjetivo.

Una de las paradas estratégicas del viaje fue el Parque Nacional Talampaya, en La Rioja. Allí, años atrás, Chizzo compuso “Montaña roja” (“La montaña roja sangra por mí/ Un cañón al río de mis venas/ La profundidad que se elevó/ Llevará de mí la que queda/ Hacia las cumbres/ Abrazado fuerte a mí donde voy/ Allá donde ya no hay fronteras”), incluida luego en el disco Truenotierra (2006). Ahora, rodeados de montañas y tierra roja, la banda aprovechó para registrar una versión acústica del tema que aparecerá en el documental.

FOTO: IGNACIO ARNEDO

Si bien el grupo mantuvo la movida en secreto, la caravana no pasó inadvertida. “Al ir con las motos, parábamos cada cien, ciento cincuenta kilómetros, a cargar nafta, y ahí siempre había alguien que nos filmaba o avisaba por las redes que estábamos en ese lugar”, cuenta Gaby. “Todo eso nos dio un tipo de viaje al que no estábamos acostumbrados. Porque nosotros viajamos mucho, nos gusta la ruta, vamos, subimos al micro, paramos y seguimos. Pero esta vez tenía un plus que creo que fue lo más lindo que nos pasó. Porque era como pasar por la puerta de las casas de los pibes. Entonces los pibes nos devolvían una onda, un amor, un cariño, una conexión tan grande entre lo que era nuestro viaje y el lugar, que fue extraordinario. Nos agradecían mucho eso: el estar pasando por la puerta. No es que ellos venían a nuestro show, sino que nosotros íbamos a sus casas”.

Chizzo: Fue un flash que no teníamos en cuenta. En la película eso no sale mucho porque no es que fuimos preparados para filmarlo. En cada estación de servicio, en cada esquina de pueblo, se nos acercaban y nos daban un amor increíble.

“Si en sus manos ya no hay tiempo/ Todo está en su corazón/ Va buscando aún su estrella/ En las rutas su motor/ Revisá todo en tu interior/ Para salir en la mañana detrás del sol/ Y al ver que la ruta hierve la sangre de tu pasión/ Buscá el secreto que trae el viento, buscalo” (“Motoralmaisangre”, tema dedicado a Nélida Iglesias, la primera mujer en obtener el registro profesional para conducir en Argentina y motoquera reconocida).

La esquina de las calles Eugenio Garzón y Homero, en el barrio de Mataderos, marca el punto desde donde partió La Renga. Entre cervezas y charlas musicales, ahí cruzaron sus caminos Chizzo y Tete, ambos clase 67. Hacia fines de los 80, Chizzo trabajaba con su padre como plomero y Tete como operario en una fábrica de cables de bujías bajo las órdenes de su hermano Tanque, dos años mayor. Mientras la idea de la banda propia comenzaba a formarse con fuerza en la cabeza de Chizzo, Tanque ya tocaba la batería en el grupo Nepal. Y entonces ocurrió ese famoso chispazo de fin de año: en la madrugada del 1° de enero de 1988 Chizzo pasó a buscar a Tete en el auto de su padre para armar una tocada improvisada en la esquina de siempre. Los amigos le pidieron prestada la batería a Tanque. El mayor de los Iglesias dijo que solo si él iba a tocarla. Y el resto es historia para manuales.

Ahora Chizzo cuenta que su primera moto la tuvo en aquellos años y que se la armó el tío de Tete y de Tanque. “Era mecánico de motos de los años 50. El padre de Tete también repartía películas de cine en cine con una Gilera 150. Y su hermano arreglaba motos. Éramos pendejos con Tete y fuimos a la casa del tío, que le gustaba juntar fierros. Tenía una montaña y, entre todo eso, había un par de motos. Le dijimos si podía restaurarlas para nosotros y se prendió fuego con los dos pendejos que querían meterse en esa. Él fue el que nos hizo la cabeza y nos decía: ‘Con estas maquinitas se pueden ir hasta el fin del mundo’. Eran dos huevos 150 del año 57 o 60. Ese fue nuestro primer viaje, nos fuimos hasta Córdoba. Tres días tardamos con esas motos, pero fue toda una experiencia. De ahí en más fui cambiando de motos y ellos también y no paramos. Esta gira fue como un reencuentro con aquellos años, cuando salíamos todos más seguido en moto. En la película se van a ver algunas fotos de esas épocas, aunque no hay mucho registro”.

El título del último álbum, Alejado de la red, parece estar en sintonía con el espíritu de esta gira en moto.

Chizzo: Bueno, esta es la gira presentación del disco, claro… Tiene algo de eso, sí, puede ser, una manera de decir. Porque las motos son como artefactos que están supermaterializados, pero un poquito alejados de la red. La moto es el artefacto que te acerca más y más rápido a la libertad, digo yo. Pero también todo está en tu mente. Es la mente la que se transforma y empieza a despojarse, aunque estés arriba de un aparato tan condensado. Qué sé yo, uno dice, por ahí a otro no le gusta toda esta historieta.

Gaby: Creo que por ahí la moto es lo que conecta tu mente al alma. El alma empieza a tomar protagonismo al estar sintiendo en medio del viento, el calor, la vibración. La mente empieza a mezclarse más con lo que vas sintiendo y te lleva el alma a algún lugar…

Chizzo: Sí, a buscar la nada, a meterse en la boca del lobo. Eso me da mucha inspiración y me transmite a la hora de componer.

¿Le temés a la falta de inspiración?

Chizzo: No sé, ni me detengo a pensarlo. Sé que estoy ahí y a la espera de las canciones siempre. Yo siempre digo que espero que siempre bajen esas composiciones, pero bueno, no es como tener la vaca atada, que siempre te va a dar leche… No sé, si algún día no aparecen, iré a buscar experiencias más fuertes [risas].

¿Qué cosas te inspiraron para componer las canciones de este disco? ¿Qué sonido buscaste?

Chizzo: Yo quería un sonido que saliera de la estructura de lo que veníamos haciendo. Hay sonidos de violas muy agudos, que los hice con una guitarra que tengo de doble diapasón, con un sonido muy latoso. Quería jugármela con otra sonoridad. Yo creo que el disco es arriesgado. A muchos no les gustó tanto al principio, a otros les fascinó. Por ahí a los más acérrimos de la primera hora les costó un poco digerirlo, pero también tiene la base del sonido crudo. Si bien no llega a ser un disco ultramoderno, porque conserva la crudeza, creo que tiene cosas jugadas, como cuando uso el Kaoss Pad o el chord de Manu, que hace unos sonidos graves. Tiene un sonido más experimental y al mismo tiempo mantiene algo muy particular y muy nuestro.

FOTO: IGNACIO ARNEDO

¿Llegaste a experimentar más de la cuenta y tuviste que volver atrás?

Chizzo: Bueno, si agarrás mi computadora vas a encontrar unas cosas super locas. Me encanta meterme con la compu y grabar cosas locas. Pero no sé si dan siquiera para mostrárselas a un amigo [risas]. Sin ir tan lejos, creo que es un disco muy fuera de nuestra zona de confort. Tiene unas estructuras de bajo, de base, que tuvimos que estudiar mucho porque no estábamos acostumbrados a hacer ese tipo de cosas, esos bajos intrincados. Hubo que laburar mucho con Tete y Tanque. Los pibes tocaron impresionante. Mientras lo grabábamos, le decía a Tete: “Vas a salir bajista del año con todo esto”. Si bien costó un poco comprender la estructura de los temas, salieron bárbaro. Los temas que más me gustan, como “En bicicleta”, “El que me lleva” o “Para que yo pueda ver” tienen una estructura mucho más intrincada.

¿Puede ser que el disco tenga una presencia más preponderante de cierta psicodelia?

Chizzo: Dentro de todo, sí. Es un estilo que me gusta mucho, esas bandas de los 60 y 70 de la psicodelia, me gusta ese sonido analógico y experimental. Acá hay un poco de electrónica también, porque está bueno experimentar con sonidos nuevos. Me gustan las bandas que son sucias, como Blue Cheer en su primera época. Me gusta lo zapado, los Crazy Horse ni hablar, los Grateful Dead, y también me gusta la música stoner, aunque a veces puede ser monótona, pero es para ponerla y pegarte un viaje.

Todo vuelve al viaje: sea mental, en moto o musical.

Chizzo: Yo creo que no somos una banda netamente psicodélica, porque mezclamos con el rock pesado, el hard-rock y hasta coqueteamos con el punk un poco. En ese contexto es que mezclamos la psicodelia. Me gusta mucho ese palo. Esos pasajes musicales de temas como “La canción es la misma”, somos de esa época. Nos encantan las zapadas largas en el medio de los temas. “Alejado de la red” tiene algo de eso y en ese punto creo que se toca con Trueno-Tierra. “Palabras estorbantes” tiene ese tipo de composición, con zapada. Tiene un solo stoner, con un fuzz que atrona y es desprolijo y no tiene melodía. Todo eso también se nota en los pibes que vienen a los shows. En esta gira es como que hay momentos en los que los ves más contemplativos, en calma, observando las imágenes y escuchando y todos entran como en un trip.

La puesta de los shows definitivamente es psicodélica.

Chizzo: Sí, las puestas han cambiado mucho en los últimos años con todo lo que tiene que ver con las pantallas. Nosotros le buscamos la vuelta con el mapping, que no es algo tan digital ni tan analógico. La escenografía que hicieron los chicos fue fabulosa para esta gira, con mucho color, mucho shocking (sic). Trabajamos bastante también con los dibujos animados esta vuelta, con Javi Quintana, que se sumó al equipo, un gran artista. Se hizo un combo con lo que son los temas, el tono un tanto psicodélico que tienen las canciones del disco y las imágenes. Todo eso que se fue viendo en los videos que lanzamos con cada tema está plasmado en las pantallas.

Alejado de la red se editó en formato vinilo y pen drive. Signo de los tiempos, es la primera vez que un disco de La Renga no se edita en CD. “No sabíamos bien qué hacer, porque el CD está medio perdido, los autos ya ni tienen para escuchar CD”, cuenta Chizzo. “Y el vinilo le dio todo ese carácter de disco psicodélico también, con esa tapa, que un poco remite… no sé, no te quiero decir a Sgt. Pepper, pero tiene esa cantidad de información con miles de cosas y qué mejor que mostrarlo en un vinilo. Además, los temas daban para armar un lado A y un lado B, unos más arriba y otros más contemplativos. Después, como para hacer algo más contemporáneo, también le sumamos el pen drive”.

Gaby: Es todo un tema, porque ¿cuál es el formato para editar hoy? La gente hoy escucha la música en el teléfono, es lo más práctico. En lo personal, no me conforma el audio que se logra escuchando con ese formato. Es práctico para un montón de pibes que si no escuchan en digital por ahí no pueden acceder. Pero todavía no se le encontró la vuelta al tema de la calidad del audio.

Chizzo: Es una discusión que tenés todo el tiempo cuando te encontrás con algún músico y te ponés a hablar. Cómo se perdieron ciertas frecuencias y eso, pero bueno, uno se las olvidó también, y las nuevas generaciones nunca las conocieron. La otra vuelta estábamos con un amigo escuchando en un equipo de puta madre, con una bandeja tremenda. Y de pronto queríamos escuchar un disco de Led Zeppelin que no tenía en vinilo y lo pusimos en Spotify. ¡El sonido se aplanó de una manera que no podíamos creer! Sí tiene la practicidad de poder tener todos los discos en tu celular. Eso hoy en día es salvador… Imaginate si tenés que andar con todos los long plays encima, como hacíamos antes. Ahora te hacen bajar del bondi [risas].

“Una banda que tocaba/ Motocicletas descontroladas/ Iba al borde del abismo/ Iba leyendo el precipicio/ Prisionero de la libertad/ Es un buen día para vos/ Tomá un estribo antes de salir/ Por la autopista, antes que salga el sol” (“Motorock”). 

Una picada y unas cervezas artesanales distraen la charla y a manera de impasse Chizzo invita a recorrer las instalaciones de la quinta. La sala está en la habitación central de esta casona de aire medieval y parece extraída de un documental de las grabaciones de discos de los años 70, cuando los Stones o Zeppelin alquilaban castillos en las campiñas inglesas o francesas para inspirarse. En una punta, una pared de amplificadores Marshall. Enfrente, una batería Tama descomunal, con platillos por todas partes y el doble bombo más ruidoso del rock argentino. La historia de cómo La Renga llegó hasta aquí comienza, como casi todo, con una crisis. En este caso no una crisis interna, sino la de todo un país, Argentina, en 2001.

“Nosotros ya habíamos empezado a buscar lugares, pero cuando metieron el corralito perdimos toda la guita que habíamos juntado”, explica el cantante. “Ya teníamos todo listo para grabar un disco y tuvimos que frenarlo y salir a tocar para recuperarnos un poco. Pasaron unos años hasta que pudimos fantasear otra vez con tener un lugar nuestro. Vimos varios galpones en Capital, pero un día nos dijeron: por la misma guita se pueden conseguir una quinta espectacular. Cuando nos mostraron esta, ni lo dudamos”.

Hace poco se cumplieron 20 años del show en River, poco después de aquella crisis de 2001, ¿cómo recuerdan aquel momento?

Gaby: Nos pasó lo que le pasó a toda la sociedad. 2001 y 2002 fueron años muy bravos para todos. De repente nos encontramos en cero y con los ahorros en un banco. Tuvimos que salir a hacer shows otra vez, como para remontar el aparato. Y como por esos días nadie venía a tocar a River, tenían unas fechas libres y nos las ofrecieron. Con los chicos lo hablamos diez minutos y no lo dudamos. Lo teníamos que hacer.

FOTO: IGNACIO ARNEDO

Chizzo: Era todo un riesgo. Estábamos en la lona y desde cero apostamos a lo más grande que podíamos. ¿Cómo lo hacemos? Igual que como hicimos ahora lo del viaje de la película. Nos mandamos. Era un momento de mucha presión, en el que el país estaba en un lugar muy oscuro. Hay que mirarlo en ese contexto que estaba sucediendo. El show que se hizo mientras ocurría todo aquello tan demencial.

Gaby: Claro, por eso en las pantallas estaban esas imágenes de ese tipo que no podía escapar de ese lugar y estaba encerrado y no lo dejaban salir. En la primera reunión, Tete dijo: “Hagámoslo, pero sumemos algo más”. Y así salió la idea de que las entradas vinieran con un EP, que fue Documento único. Siempre funciona así la cosa, como que aparece un germen y nosotros empezamos a tirarle todo lo que somos para que nos coma o que nos alimente y nos llene de ese sabor, esa adrenalina que tiene jugarte con algo sin saber qué puede pasar. Nos gusta mucho ese lugar. Por suerte la música siempre que nos tiramos nos abrió el paracaídas, nos dio ese cobijo, nos protegió.

El show en River y Documento único también marcaron su regreso a la independencia, luego de unos años de contrato con Polygram-Universal. ¿Qué cambios notan desde entonces?

Chizzo: Es como que la banda continúa siendo igual, pero creció mucho. Yo siempre digo que es un monstruo al que hay que seguir dándole de comer y seguimos funcionando como si fuéramos una cooperativa. Todo lo invertimos en mejores equipos, mejores puestas y mejor todo. Lo que sí cambió fue que nos tuvimos que hacer cargo de que nadie nos iba a bancar y si vamos a pérdida perdemos nosotros y si ganamos, ganamos nosotros. Pero al monstruo hay que darle de comer para que esté contento y podamos seguir. Hasta dónde, no sé… pero mientras tanto nos lleva a pasear por distintos lugares y nosotros también lo llevamos a él. Este es un lugar donde al monstruo lo queremos, lo mimamos, lo potenciamos.

Por su forma de trabajar, durante muchos años se los comparó con los Redondos, pero el sistema “cooperativa” parece tener su marca registrada.

Chizzo: Es lo nuestro, es lo que nos pasó. Pero también nosotros pudimos hacer este camino personal porque los Redondos nos mostraron el camino y que había otra forma de hacer las cosas. Después cada uno la hizo a su manera, con sus matices y sus herramientas. Es muy difícil porque hay que estar ahí y ponerle el pecho y cuando las cosas están mal hay que bancarlas.

En 2022 tuvieron que cambiar de estadios y mover fechas ya anunciadas en más de una oportunidad, ¿por qué creen que hay ciudades, como CABA o Neuquén, en la que no los dejan tocar?

Chizzo: Es algo ya incomprensible, porque a esta altura del partido…

Gaby: Creo que hay algo de eso de temerle a las cosas que uno no conoce bien. Nosotros no salimos tanto en los medios, y a pesar de que vayamos y llenemos en todos los lugares, no participamos del sistema. De alguna manera, ese otro monstruo se te pone en contra.

Chizzo: Vos sabés que la banda, cada vez que va a una ciudad, genera una enorme cantidad de dinero alrededor. La capacidad de los hoteles se agota, los restaurantes están llenos, los almacenes y las carnicerías venden como nunca… Hay un movimiento que genera para la ciudad o la provincia muy grande y por eso es inentendible que todavía haya políticos que nos traben el paso. Nosotros, además de la música, cuidamos todos los detalles, respetamos las capacidades máximas de los lugares y nunca vamos a vender entradas de más. Por eso hacemos varias fechas para que la gente no se junte y se arme quilombo. El público sabe que, si no hay más entradas, puede esperar que pronto vamos a tocar en otro lado, para que no se desborde. Puede fallar, porque todos somos humanos, pero por suerte fueron pocas las cosas feas que nos pasaron.

Gaby: Y por otro lado, con esto que decías de las cancelaciones, también creo que hay un juego del poder de ir contra lo que hace feliz a la gente. Está todo el tiempo eso dando vueltas. Hasta se vio en el mundial, con las cosas que dijeron sobre Messi después del partido con Holanda, que se convirtió en un hombre vulgar y todo eso. ¿Tirarse contra Messi porque supuestamente había ofendido a los reyes de Holanda? Loco, es algo que es muy obvio en un punto. Viene de la historia. Las dictaduras suspendieron los corsos, los carnavales, donde la gente se divertía. Hay gente que no quiere ver felices a los que menos tienen. Es una lucha constante del poder, solo pueden ser felices ellos y el resto no. Nosotros creemos que todos tenemos que ser felices. El compromiso de la banda siempre va a ser ese. El tema es cuando aparece el compromiso de ese otro sector que defiende para mí lo que es indefendible. No deja de ser una lucha de poder. El nuestro también es un poder, el poder del amor, de la felicidad, de generar algo en vos que te lleva a decir puedo hacer lo que quiero.

Desde su apoyo a los movimientos piqueteros en su momento y su presencia constante en festivales solidarios, el compromiso social de la banda siempre estuvo expuesto.

Chizzo: Eso por ahí lo arrastramos de que venimos de familia de laburantes, son cosas que nos tocan de cerca. Todo ese combo forma un poco la banda, algo que ya medio se sabe. Para nuestro primer Obras la escenografía era una villa y el lema era: “El barrio llegó a Obras”. Igual, una cosa no tapa la otra. Podemos ser psicodélicos también, ja, ja.

¿Creen que ese compromiso se mantiene en las nuevas generaciones de músicos?

Chizzo: Los jóvenes se rebelan ante lo que les sucede y se comprometen con eso.

Gaby: Mirá las pibas con la lucha que llevan adelante. O los pibes del trap, que tienen letras muy comprometidas con lo que viven, con cómo ven la sociedad.

Chizzo: Está lo comercial y los que buscan otra cosa. Como también pasa en el rock. Y en el folclore y en el tango. Esa grieta está en toda la música. Igual que cuando todos dicen que el rock se muere, que los pendejos ya no escuchan rock… No sé, hay muchas bandas de rock nuevas que suenan un montón. Además, yo cuando iba a la escuela, en mi división éramos cuatro o cinco que escuchaban rock. No te creas que éramos todos rockeros. Lo que pasa es que en los 90 hubo una explosión, si se quiere una vuelta al rock salvaje, y también se empezó a ver el rock de estadios, que no era algo frecuente. Ahora hay chicos que me dicen que en su división todos escuchan trap y que quedan como unos boludos si escuchan rock. Bueno, a mí me pasaba lo mismo, éramos cuatro los rockeros. El rock siempre estuvo en el under. Yo digo que el rock es como un riego subterráneo, siempre está ahí. En un momento encuentra una veta y pum, sale para arriba. Pero el rock es under, ahí nace todo.

Como cuando surgió a fines de los 60 en la Argentina.

Chizzo: Claro. Manal, Vox Dei, Color Humano.

Ustedes siempre reconocieron a aquella primera camada de rockeros. De hecho, en esta gira invitaron a tocar con sus bandas a Willy Quiroga, de Vox Dei.

Chizzo: Sí, con Willy grabé un tema hace poco y lo invitamos a tocar. Willy es el último de los viejos-viejos del rock y está al pie del cañón. Con su campera de cuero, su vaso de whisky, viendo la banda o tocando a las tres de la mañana. Tiene que estar acostado en el camarín y cuando le toca, sale. Es un guerrero del rock. Ya los viejos rockeros de la primera etapa quedan pocos. Willy está de pie, Alejandro Medina, que tuvo ese problema con el transplante y la luchó, pero está ahí. Ricardo Soulé, Skay y el Indio también, anda con su problema, pero sigue haciendo música desde su lugar.

¿Se ven así ustedes hasta el final?

Chizzo: Cuando éramos pibes había muy pocos viejos que hacían rock. Pero al ver a todos estos grandes músicos nos da la esperanza de poder seguir haciendo esto toda la vida. Y por eso es bueno que los pibes también no se dejen llevar por la moda o por lo que todos escuchan. Escuchá lo que vos quieras, pero no te dejes llevar por lo que los demás te dicen. Argentina es un país donde el rock está muy vivo y hay movida y vienen bandas, y eso es muy bueno. Es difícil quizá el contexto social, es muy difícil todo otra vez, las producciones son muy caras, pero bueno, uno tiene que estar más allá de eso. No hay que escupir para arriba, pero no tenemos que dejar que la historia dependa del dinero, porque si no es muy mezquino. Siempre tiene que estar adelante la música. Y hacerlo sin temor. ¿Qué voy a quedar cuidándome? ¿De qué? ¿Cuántas vidas vas a tener, de qué te querés cuidar, de qué te querés salvar?

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