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octubre 7, 2015

Bienvenida la otra España

Un grupo de bandas ibéricas apuesta por un rock pulido e inteligente desde la independencia

Por  IGNACIO MAYORGA ALZATE

Cortesía

España, como referencia musical, ha sido siempre un punto importante en lo que se escucha por este continente. El siglo pasado evidencia esta relación, hasta el punto que tal vez haya muy pocas casas (por lo menos en este país) en las que no exista un álbum de alguien como Raphael, Nino Bravo o Joan Manuel Serrat. Durante décadas en Colombia se consumió desaforadamente la música proveniente del territorio español. En ese contexto recordamos especialmente la difusión que se hizo, a través de la radio local, de proyectos importantes de los 80 como Hombres G, Los Toreros Muertos, Alaska, Cristina y los Subterráneos o La Unión. 

Con la explosión del rock latinoamericano, que en los 90 iba muy de la mano del nacimiento de MTV Latino, el foco de atención musical radicó principalmente en las grandes bandas argentinas y mexicanas que empezaron a girar por esta franja televisiva. Con excepción de grupos como Presuntos Implicados y Héroes del Silencio, que tuvieron tiempo al aire con temas como La chispa adecuada o Cómo hemos cambiado, la atención sobre los productos españoles empezó a decrecer. Por algún tiempo, eximiendo a Enrique Bunbury, cuya importancia cultural se mantiene vigente, el rock español (tan rico y difundido en el país durante la década de los 80) dejó de aparecer en el mainstream de estas geografías.

Otros contextos, muy alejados de la masividad, han mostrado siempre la existencia de pequeños nichos en los que Barón Rojo, La Polla o Extremoduro han tenido una fanaticada muy fiel. Hace poco la banda de Robe Iniesta vendió todas las entradas para su concierto en Bogotá y tuvo que trasladar la presentación a un espacio mayor. A pesar de eso, la difusión de estos españoles de culto no va más allá de las redes sociales y algunos programas de radio muy especializados.

Sin embargo, en años recientes y cada vez con más fuerza, un grupo de bandas españolas que llevan sobre sí el difícil rubro de la independencia parece estar dándole un nuevo aliento sonoro al país por el que temíamos, desde el otro lado del charco, al identificarlo cada vez más con la melosería de Operación triunfo, Melendi o David Bisbal. Aunque varias de ellas ya suman casi dos décadas en el circuito musical, su difusión por el continente y por Colombia en particular se ha venido dando desde tiempos recientes. 

Proyectos como Vetusta Morla, que no para de sumar exitosas presentaciones en la capital con varios shows agotados, una tremenda presentación en el Estéreo Picnic de 2013 y su fastuoso despliegue de actitud rockera en la más reciente edición del Rock al Parque (a pesar de una caprichosa consola de sonido que les obligó a parar su presentación apenas empezaba), dan cuenta de una serie de bandas que, preservando su esencia, han venido construyendo una estética particular muy interesante que podría ser la salvación del rock español. 

“Somos un grupo de bandas que probablemente en lo musical y en lo estilístico no tengamos mucho que ver”, dice Juan Pedro Martí (Pucho), cantante de Vetusta Morla, “pero que hemos aglutinado a cierto tipo de público. Es maravilloso porque después de unos años parecía que el rock que no estaba llevado por las grandes cadenas de radiofórmulas no tenía cabida en España. Y ahora se ha creado este movimiento que poco a poco ha venido creciendo”. Y es que, al igual que Vetusta Morla, son muchas las agrupaciones que surgieron en la década de los 90 y que, hacia finales de la primera década del nuevo milenio, empezaron a revolucionar el rock producido en España. 

La habitación roja, Niños Mutantes, Los Planetas, El columpio asesino, Second, Sidonie o Love of Lesbian son todos proyectos que datan de estas fechas y que llevan dos décadas explorando sonoridades que se alejan de las fórmulas que han caracterizado a la radio española. La influencia de sonidos procedentes de otras latitudes se hace presente en todos estos proyectos, evidencia de la globalización y de la inmediatez con que circula la música por el globo en tiempos recientes, y se siente el peso de importantes figuras de la cultura anglo como The Smiths o David Bowie. Precisamente, de las bandas arriba referenciadas, tres de ellas produjeron sus primeros trabajos en inglés (Sidonie, Second y Love of Lesbian), pues como diría Russian Red (otra abanderada más joven y pop de estos nuevos sonidos), les resultaba cercano a la música con la que habían crecido.  

“Fuimos una generación de gente joven que quiso interpretar o reinterpretar la música anglosajona”, cuenta Julián Saldarriaga, uno de los guitarristas de Love of Lesbian, antes de su presentación en Colombia el 19 de septiembre. Conforme avanzaba su experiencia y crecía su audiencia, cada una de estas bandas empezó a dejar de lado el inglés y a incursionar en el español, creando un sello propio que es, en últimas, el que les ha permitido darse a conocer en el mundo. 

Ese sello tiene que ver con una visión que trascienda las estructuras diseñadas por los circuitos más comerciales. En vez de álbumes llenos de sencillos desperdigados con los tres minutos y medio reglamentarios, Vetusta Morla, Love of Lesbian o Sidonie presentan trabajos completos con una unidad estética y conceptual que obligan a una escucha atenta. 

Quizás el asunto radique en el hecho de que estas bandas han propuesto sus proyectos desde la plataforma de la autogestión, desde una independencia comercial y artística que les ha permitido salirse de la regla que ordena la manera como se debe hacer la música desde las grandes disqueras. 

“El mismo término de indie, o independiente, es un paraguas muy grande que engloba a sonoridades muy distintas”, continúa Saldarriaga. “En el origen, en el principio de todo, éramos bandas que nos gestionábamos todo, no dependíamos de nadie”. Sin contratos opresivos que los obligaban a lanzar discos cada dos años (el primer álbum de Vetusta Morla, por ejemplo, salió 10 años después de la formación de la banda), esta serie de agrupaciones pudo permitirse afinar su sonido, logrando una serie inquietante y muy diversa de contenidos. 

Así mismo, con la evolución de las tecnologías de difusión, las bandas ya no están atadas a las promociones de los grandes sellos o de las cadenas televisivas de videoclips. Como no tienen un mercado objetivo, un sector comercial sobre el que son dirigidos, estos grupos pueden permitirse llegar a un gran y diverso número de escuchas, provenientes de distintas escenas musicales y de momentos históricos particulares, alcanzando así a gente de todas las edades. “No pertenecemos a una sola franja de edad o a un solo sector de la población. Nos hace gracia porque hay seguidores de Love of Lesbian que son más del sector rock duro, heavy. Es una amalgama de gente muy distinta”, explica Saldarriaga.  

Con un catálogo de canciones que invitan a la escucha reflexiva, con letras menos sencillas y a veces crípticas y un constante afán por explorar distintos tipos de paisajes sonoros, se han venido consolidando proyectos sólidos de una España que, en medio de la crisis, resurge, por lo menos a nivel musical, de las cenizas. Con la rotación y giras cada vez más frecuentes de estas agrupaciones por estas latitudes, seguiremos conociendo y difundiendo estas propuestas inquietantes que, desde su propia independencia, han logrado conquistar a un diverso número de escuchas cuyo único rasgo en común es el estar cansado de las fórmulas y la tiranía del music business.

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