En medio del caos de la Ciudad de México, el encanto de una voz hipnotizante irrumpe su curso. Se trata de Fuensanta, cantautora, compositora e instrumentista originaria de Tlalnelhuayocan, Veracruz, cuyas sonoridades, enraizadas a la poesía, la improvisación libre y la fusión distintiva de folclore latinoamericano y jazz, han cautivado la escena musical, alrededor del mundo.
En un par de horas, la artista volverá a Ámsterdam, ciudad que le ha permitido llevar la riqueza de su tierra a escenarios inimaginables. Por ahora, pasa un tiempo rodeada de una brisa de hojas invernales, el aroma del café y los sonidos de un taller artesanal que, a ratos, es testigo de un canto delicado y susurros que posiblemente se convertirán en una canción. Fuensanta muestra sus manos con orgullo; está aprendiendo a tocar una leona, instrumento que hace la función de bajo en el son jarocho, género al que reconoce por su fuerte conexión con las entrañas de la naturaleza, una característica que bien podría definir su propia esencia musical.
Luego del lanzamiento de Ensamble Grande y Principio del Fuego, la artista se mantuvo dentro de los escenarios, un espacio sagrado al que siempre recurre para dibujar paisajes sonoros amenizados por su voz o las texturas del contrabajo, pero ante la necesidad de darle un nuevo respiro a la música y erigir más ideales, cartas surrealistas, versos y sueños, se adentró durante algunos meses en el bosque de niebla donde creció, para trabajar en su próximo álbum.

En entrevista con ROLLING STONE en Español, Fuensanta habla sobre sus orígenes, su filosofía en torno al arte y la música, los detalles de sus próximos lanzamientos y cómo logra configurar la música, con un toque casi artesanal, para rendirle un homenaje a la libertad, a la vida y al realismo mágico que acompaña la experiencia de ser latinoamericano.
Fuensanta, ¿qué detonó tu amor por la música?
La historia con la música empezó pronto, a partir de diferentes fuentes. Mi mamá es coreógrafa y mi papá es productor de radio. Por ahí de los 4 o 5 años, comencé a estudiar música con Natalia Valderrama, una mujer a la que considero una especie de madrina. Ella era mi vecina, vivíamos en Tlalnelhuayocan, en el bosque de niebla, y yo iba los sábados en la mañana a estudiar flauta dulce; con ella también aprendí a leer.
En casa siempre hubo música, ya sea por las piezas de mi mamá o por los programas de mi papá. Los dos son melómanos. Después, comencé a estudiar danza y, en ese tiempo, estaba convencida de que era lo mío. Alrededor de los 12 años, me di cuenta que me gustaba mucho cantar, que siempre estaba cantando. Un año después, una amiga me invitó a tomar una clase con Lisareli Servín, en Coatepec. Cantamos juntas, tocamos tambores y me dijeron: “Bueno, ahora te toca a ti, por ser la nueva, cantarnos una canción”. Yo salí de esa clase y a partir de ese día supe que eso era lo que quería hacer por el resto de mi vida. Quería ser cantante.
Empecé a tomar más clases y, por suerte, mi familia me dijo que valía la pena estudiar algo más que solo canto. Fuimos a Xalapa y yo tenía muy claro que no quería ser una cantante de ópera, así que entré a Jazzuv y me enamoré de la música improvisada y del jazz; antes, toqué son jarocho con algunos amigos y canté folclore latinoamericano. Estudié piano, canto, y luego tuve una lesión en las cuerdas vocales que me hizo aprender a tocar el contrabajo. Digamos que ese fue el comienzo.

¿Qué virtudes encontraste en el contrabajo para hacerlo tu instrumento?
Desde antes de tocarlo, me ilusionaba mucho ver cómo es un instrumento que tiene juego en la parte rítmica y armónica. Tiene esa cualidad de ser parte de un todo en el discurso de la música, es decir, no solo es un instrumento solista, sino que acompaña a los demás y eso es algo que me parece sorprendente. Es un instrumento que se divierte tanto y yo, en ocasiones, quería participar a nivel más textural con la voz; en ese entonces, lo estaba aprendiendo, pero ahora lo hago.
Creo que el instrumento también tiene una cualidad compartida con la voz, en el hecho de que es tan diverso, ya sea que se toque con arco, con los dedos o con mil técnicas extendidas, pero es muy reactivo al toque humano y, en ese sentido, es como una voz, porque no está definido cuál es su timbre, sino que es orgánico.
A los 19 años, decides migrar a Ámsterdam y estudiar en un conservatorio. ¿En algún momento sentiste que esta forma de aprendizaje iba en contra de tu naturaleza creativa?
En realidad no, porque siempre fui muy honesta conmigo sobre lo que me gustaba. Es algo que puede suceder, pero para mí fue un sitio lleno de herramientas, de mucho conocimiento y una comunidad de músicos maravillosos. Tomé lo que me gustaba, y las cosas que no se alineaban con lo que yo quería hacer, digamos que las dejé pasar. No me causó mucha frustración en ese sentido.

Tienes un talento excepcional para transformar los sonidos en experiencias y en reacciones. Has dicho que te emociona la música que respira a través del contexto y las personas que están presentes. ¿Cómo haces música con todo esto en mente, incluso, cuando partes de la improvisación?
Cuando menciono que es música que respira a través del contexto, me refiero a la parte indefinida de las composiciones, es decir, hay una parte que siempre va a vivir a través de la gente que está ahí y del momento. Eso tiene que ver con una filosofía de improvisación y sucede en la mayoría de mis composiciones, aunque hay de todo. Me interesa encontrar la forma más verdadera de una composición, a través de los elementos que están definidos y que son la esencia del mensaje o de esa poesía; y, por otro lado, de los que necesitan estar libres para que resuenen, para que respiren.
Yo creo que hago la música que hago por muchas razones y es una buena pregunta que no me quiero apresurar a contestar, pero siento que es porque no me queda de otra. Realmente, siento que es para estar en paz, porque si no lo hago, me empiezo a enfermar espiritualmente. Pienso que es una bendición y es la forma en la que transito las experiencias del vivir. Si no estoy inventando algo, si no participo en ese mundo de las ideas, del arte y de la música, no me siento bien por largos periodos de tiempo, es decir, soy muy feliz haciendo esto, es lo que me hace bien. Evidentemente, no siento que solo sea para mí, yo recibo esa luz tan grande de otras personas que han decidido hacer música y lo lógico es que también lo comparta con los demás.
Ensamble Grande nos adentra en armonías, texturas y un paisaje sonoro que es tan tuyo. ¿Qué caminos te llevaron a este álbum en vivo?
Tenía ganas de buscar sonoridades que me recordaran a mi tierra, por ejemplo, al trabajar con voces y tambores. Quería encontrar sonidos nuevos o que me resultaran refrescantes, algo que se basara en textura y melodía, y no necesariamente en bloques armónicos. Trabajar con instrumentos melódicos ha sido una herramienta muy importante y, como cantante, al escribir todo o mucho a partir de la voz y la palabra, quería lograr ese sonido de ensamble vocal que, para mí, es el sintetizador más maravilloso que existe por todas sus posibilidades. Yo crecí escuchando música coral y contemporánea, y con influencias como Totó la Momposina y sus Tambores. Me gusta el sonido de las percusiones que está presente en la música africana y latinoamericana.
Ese espacio que queda en el registro medio de la música, cuando no hay instrumentos armónicos, da muchísima libertad para la imaginación. Hay una cierta ambigüedad que se genera al tener melodías y texturas delineando el camino de la música, y me encanta. Partí de ahí, y luego, quería hacer un ensamble donde estuvieran mis amigos y mis personas favoritas que, por suerte, se han alineado de forma muy hermosa.

En ese entonces, me iba a graduar del conservatorio y mi familia de México iba a venir a escucharme. Supe que era mi oportunidad para hacer algo especial e invitar a todos los músicos con los que yo quería trabajar al escenario. Se unieron Guy Salamon y Sun-Mi Hong, dos bateristas muy queridos; Alistair Payne y José Soares en los alientos. Para mí, el ensamble está organizado como los órganos de un cuerpo; están los tambores, las voces y, en ese primer concierto, también invitamos instrumentos armónicos. Los ensayos fueron seccionales y hasta el día en el que tocamos escuché toda la música junta, que fue ese concierto que está grabado, Ensamble Grande.
Ese fue el primer concierto que hicimos y la primera vez que nos juntamos. Antes, trabajamos por separado, con mucha experimentación sonora, las voces, los tambores y los alientos; de ahí también nació Perselí. Un día, encontré por accidente que si ponía juntas esas grabaciones de improvisación libre, sonaba algo maravilloso y eso también lo usé mucho para componer. La idea de Ensamble Grande es que cada miembro, por ser alguien tan específico, tenga un gran espacio de improvisación; se definen roles con interacciones fijas y libres, para que todos los organismos estén activos en la creación de la música y encuentren su forma más pura, a través de la intuición.
En este disco presentas tu versión de “Ariles del Campanario”. En una entrevista, mencionaste que con el tiempo pudiste sentir la gravedad de esta canción revolucionaria y digerir la opresión de la que habla. ¿Consideras que tu música, o tu arte en general, representa un acto político o de contracultura?
Me haría mucha ilusión que así fuera; es lo que siento y algo que me ocupa la cabeza, aunque no está en mí si eso es lo que está sucediendo o no. Siempre intento ser honesta. Espero que, actuar bajo los principios en los que creo, se transmita a través de la música que hago y en la forma en la que organizo mis dinámicas de trabajo. Quiero ser parte del lado de la balanza que apuesta por la libertad y el humanismo.
En Principio del Fuego plasmas una carta de amor al realismo mágico. ¿Cuál es la experiencia más enigmática que has vivido a través de la música?
Esa carta de amor al realismo mágico tiene mucho que ver con el realismo mágico del sitio donde yo crecí, que es el bosque en Veracruz y, en general, con México. Yo siento que aquí tenemos una forma de vivir muy vívida, valga la redundancia, pero es muy intensa. Tanto el amor y la belleza, como la violencia y la muerte; todo lo vivimos en distintas tonalidades, y podemos hablar de ciencia y del valor de la bolsa y la gasolina, pero también sobre si nos vino a visitar el difunto, si se nos subió el muerto o si hay energías. Yo creo que ese es el realismo mágico que vivimos en México. En el bosque, era imposible no soñar con la magia de un pequeño espiral de helechos arborescentes o con hadas, entonces, bajo esa experiencia de vida, formé un EP que nutrió mucho mi forma de pensar y los alambres de mi cabeza.
La experiencia de vida que yo tengo a través de la música supera cualquier fantasía que hubiera podido idear. El hecho de que nos juntemos en cada concierto, casi como una congregación, a participar colectivamente en actos de belleza, que la cabeza nos ocupe el día entero pensando en cómo hacer algo más bello o cómo compartir, y que esos sean los valores de la música, me parece que es magia pura.

Trabajas en un nuevo álbum. ¿Cómo ha sido tu encuentro con el estudio?
Acabo de grabar en El Desierto, aquí en México. Forma parte del ciclo de Principio del Fuego y Ensamble Grande, y de las cosas que ya he compartido. Tengo mucho material y me parece que algunas canciones claramente pertenecen al universo de Principio del Fuego. Ahora, estoy por grabar otro disco que también recoge experiencias, quizás, un poco más separadas de la infancia y de esos colores que también han sido parte de mi vida. Creo que va a ser un capítulo diferente, aunque en esencia soy la misma; desde entonces, hasta ahora.
En Ensamble Grande plasmé mi conexión con México y mi cultura, y en Principio del Fuego escribí cartas de amor a esa crianza desde otro lugar. Después de estas canciones, hubo rupturas fuertes con los instintos primarios y pasé por algunas desilusiones. Digamos que Principio del Fuego me agarró en una transición, en un punto de vida totalmente distinto y con la ilusión de honrar lo que estaba atrás. Ahora, con todas las nuevas visiones del mundo que tengo tras la desilusión, y también al estar lejos de mi país y luego regresar a un sitio sereno para recuperar la esperanza, este próximo material incluirá mucha de la música que hice para procesar un desamor muy grande y una experiencia de vida más urbana. Quizás, el que sigue tendrá algo nuevo.
¿Parte de la crudeza y la sensibilidad del en vivo, o de la exactitud del estudio?
Está por verse. Más bien, tengo algunas venas abiertas para el material que estoy produciendo. Durante mi camino, me he concentrado más que nada en esa crudeza del en vivo, pero también es muy satisfactorio recoger esas hebras de la exactitud y consolidar una pieza como una pequeña burbujita de resina donde dejamos un universo. Eso es lo que también estoy haciendo con varias canciones que no han recibido ese tratamiento. Creo que hay un poco de todo.

¿Cómo se viven los días de composición en un lugar tan mágico como tu tierra?
Ese proceso lo he vivido en muchos sitios diferentes, a veces en Veracruz, en Ámsterdam, o en cualquier ciudad en la que me encuentre. En ocasiones, para entrar en un espacio creativo, escribo palabras sobre los sueños o lo que estoy sintiendo. Componer es algo que en realidad parte de momentos y las células iniciales no siempre suceden cuando lo decido, sino cuando voy en bicicleta o camino de un sitio a otro. Es como si, en esa pequeña célula inicial, en ese embrión, se sintiera la sombra de una burbuja más grande que debe ser desarrollada.
Durante mis primeros años de composición, me cuestionaba cómo desarrollar ese embrión sin traicionar la atmósfera inicial que me pedía, así que pensaba en cuáles iban a ser los elementos musicales, los acordes, las melodías, las texturas o la letra. El embrión puede ser tanto poético, como musical. Yo escribo música con letra y sin letra, y en el caso de las letras, he notado que me viene bien tener una visión clara del mensaje y de la poesía. Digamos que la poesía es una obra por sí sola y la puedo ajustar para que se empalme bien con la música, pero más que desarrollarlas juntas, en los últimos años casi todas las composiciones han partido de mi voz.
A veces me encuentro con el reto de completar una frase o una línea de voz de tres segundos con la que ya dije todo lo sentía. Esos embriones son una cuestión más intuitiva y la parte de desarrollarlos ocurre cuando me siento para llevarlos a un punto en el que sean interpretados por un ensamble o que sean más largos y, a veces, si siento que en esa atmósfera hay algo que necesito alcanzar, pero no sé cómo, pienso en qué otra música sabe a eso que necesito, entro al estudio, me robo una partecita y lo junto con la otra parte que me está buscando. Así desarrolló una composición.
¿A qué le quieres cantar en el futuro?
A la gente de México y Latinoamérica; y, en general, a las personas que están buscando su libertad.
¿Cuál es el impacto que ha tenido la música en tu vida?
Es una sustancia de liberación. Lo he dicho muchas veces, pero cada vez estoy más convencida de que es una herramienta increíble para que las personas vivan su vida de la forma más soberana posible y, a través de esas abstracciones que son posibles en el arte, uno ejercita también la capacidad de vislumbrar perspectivas muy diferentes de la misma situación. Esto aplica en otras personas y en la vida. Es un órgano de empatía y resistencia.
Como artista, lo más generoso que puedes hacer es confiar en lo que amas y compartirlo en su estado más puro. Tienes que ser sincero con las cosas que te ilusionan y mostrarlo, es decir, no ajustarse a lo que uno cree que otras personas van a apreciar. Dicho esto, lo más valioso que he aprendido es que nada está por encima de la humanidad. Ningún triunfo es un triunfo completo, si no está levantando a las personas involucradas.

Muchos coincidimos en que debemos agradecerte por darle vida a sonoridades que nos regalan magia y surrealismo en estos tiempos tan caóticos, pero, ¿cuál quieres que sea tu lugar en la música?
Me gustaría que fuera un lugar para todas las personas que hacemos y consumimos lo que amamos, independientemente de las tendencias que nos exigen dirigir nuestra atención, prioridad y dinero a un sitio u otro; normalmente, para el beneficio de unos pocos. Me gusta pensar que mi música viene desde un sitio muy sincero, de devoción y de las cosas que a mí me parecen interesantes. Me ilusiona ver el tipo de comunidad que se reúne alrededor de lo que hago y de lo que hacen mis compañeros que tienen búsquedas similares, porque es gente que se está entregando a sus propios valores, más allá de todo lo que nos han impuesto.
¿Qué harás en Ámsterdam?
Voy a escribir una pieza para un quinteto de alientos, dedicada a Las Patronas. También, voy a trabajar en las maquetas del disco que voy a grabar en los próximos meses y haré un par de conciertos en Europa; tocaré en el Carnaval de Nápoles y nos presentaremos con Perselí en Portugal. Escribiré todos los días en mi diario y voy a extrañar a la gente, la comida, la comunidad de la música folclórica y el tejido social que se forma por la naturaleza de las personas.


