El hecho de pensar en Italia nos lleva a muchas cosas; a su historia, a su fútbol, a la ópera, al cine del neorrealismo, y al pop que brilla en el festival de San Remo. Resulta inevitable recordar a figuras como Laura Pausini, Eros Ramazzotti, Tiziano Ferro, Andrea Bocelli, Zucchero o Jovanotti. Ahora pensamos también en Måneskin. En ese panorama, la figura de Virginio Simonelli, conocido en la actualidad simplemente como Virginio, puede verse hoy como un puente entre la tradición melódica de Italia y el dinamismo contemporáneo del pop internacional.
Nacido en Fondi en 1985, su trayectoria no se percibe como la búsqueda de un éxito fugaz producto de la mercadotecnia, sino como el camino de un músico con formación, paciencia y visión estratégica. Desde sus primeros años, el piano fue el eje de su universo; el instrumento no solo le permitió entender la armonía, se convirtió en el vehículo para canalizar una sensibilidad que, años más tarde, lo llevaría a participar en importantes festivales y, eventualmente, un Latin Grammy como compositor, al lado de Laura Pausini.
El primer gran contacto de Virginio con el público masivo ocurrió en 2006, cuando se presentó en el Festival de San Remo. Entonces era apenas un joven con una propuesta introspectiva, pero esa experiencia sentó las bases de su identidad, que bebía tanto de la canción de autor italiana como del pop británico. Al resultar ganador en el programa Amici di Maria De Filippi de 2011, demostró una técnica vocal impecable, y conectó con millones de espectadores, proyectándose como una de las voces masculinas más prometedoras de su generación.
Algo que diferencia a Virginio de muchos de sus contemporáneos es su doble faceta como intérprete y compositor. Mientras su carrera como solista avanzaba, él empezaba a ser requerido para escribir junto a grandes de la música europea. Su colaboración con Laura Pausini marcó un antes y un después en su proyección profesional; a su lado demostró una gran capacidad para capturar la esencia de otros artistas, adaptando su sensibilidad a voces femeninas de alcance global. Esta labor fue recompensada por la Academia Latina de la Grabación con un Latin Grammy que validó su talento y aporte como coautor en el álbum Házte sentir, de Pausini, que se llevó el gramófono en la categoría de Mejor Álbum Vocal Pop Tradicional. Años antes, Virginio había escrito junto a Pausini ‘Limpido’, una canción que ella grabaría en colaboración con la australiana Kylie Minogue.
En los últimos años, Virginio ha experimentado una metamorfosis estilística que apunta más hacia la noche y la sofisticación, sin perder la fuerza de sus primeros trabajos. Es evidente que ha venido explorando el electro-pop y el synth-wave de los años 80. Grabaciones como ‘Notte Nera’ y ‘Amarenas’ son testimonios de esta evolución, donde los sintetizadores reemplazan la desnudez del piano para crear atmósferas más densas, bailables y urbanas.
Este giro no fue solo sonoro, sino también lingüístico. Ha dejado de ser un visitante ocasional para el mundo hispanohablante para sumergirse en el estudio del español, mudándose temporalmente a Miami y Ciudad de México para componer directamente en este idioma, evitando las traducciones literales y buscando una conexión emocional más auténtica con el público latino.
A través de sus letras ha abordado temas como el acoso escolar y la importancia de la salud mental, compartiendo sus propias experiencias. Al llegar a 2026 con dos álbumes, un EP y varios sencillos en sus manos, su figura se alza como la de un artista con proyección global. Se trata de alguien que ha logrado mantener el respeto de la crítica italiana, mientras se abre camino con fuerza entre las audiencias latinas, construyendo puentes sonoros entre el Mediterráneo y el Caribe.


