GET YOUR WINGS (1974)
Hay bandas que van levantando presión en sus años de garage y bares y revientan ni bien les abren la puerta del estudio para grabar su primer disco. Y hay otras que no, que quizás saben lo que quieren, pero no cómo conseguirlo, y entonces tardan un poco más en quedar a punto. Aerosmith es de estas últimas: el debut homónimo es carne de primera que quedó jugosa, y entonces llegó el productor Jack Douglas para Get Your Wings y puso el golpe de parrilla extra. Lo que se oye por acá es blues eléctrico de esencia norteamericana, ya dando pasitos hacia el hard rock, con clásicos como “Train Kept a Rollin’”, el casi hit “Same Old Song and Dance” y la balada “Seasons of Wither”, entre otros. Todavía faltaba, pero la Golden Age estaba oficialmente inaugurada.
TOYS IN THE ATTIC (1975)
Lleva literalmente tres segundos darse cuenta de que lo que se insinuaba en Get Your Wings se concreta en Toys in the Attic: el riff de la canción que da nombre al tercer disco de Aerosmith tiene la velocidad, el descaro y el sonido fibroso que la banda venía pidiendo y no consiguiendo del todo. Jack Douglas asciende de colaborador a sexto miembro y eso se traduce en una producción que resalta las mejores virtudes del grupo (gancho y hedonismo a la cabeza), pero también en canciones mejor terminadas. La prueba está en los hits (“Sweet Emotion” y “Walk This Way” no salieron nunca más de sus setlists en vivo), pero también en placeres menores como el rocanrol stone “No More No More” o el lentazo de piano “You See Me Crying”. El concepto Aerosmith se construye acá.
ROCKS (1976)
Newton escribió que todo lo que sube tiene que bajar y así predijo al cuarto disco de Aerosmith, una obra cumbre que –como toda cumbre– marca también el inicio del declive. La idea de “banda de rock n’ roll” clásica se desarrolla en Rocks mejor que en cualquier otra parte (con la excepción de, justamente, sus dos principales influencias: los Stones y Led Zeppelin): guitarra, voluptuosidad, excesos (por estos años Steven Tyler y Joe Perry se ganaron el mote de Gemelos Tóxicos), raíces bluseras, pesadez (por algo Metallica cita este álbum como referencia), glamour y decadencia. “Back in the Saddle” y “Last Child” llamaron la atención, pero “Nobody’s Fault” y “Get the Lead Out” están a la misma altura como joyas oscuras de este trabajo en el que Aerosmith fue más Aerosmith que nunca y, de paso, como quien no quiere la cosa, inventó a Guns N’ Roses.
PUMP (1989)
La resurrección de Aerosmith también fue paso a paso: Done with Mirrors (1985) fue reencuentro, Permanent Vacation (1987) fue consolidación y Pump, estallido. La sociedad con Bruce Fairbairn, que no por nada venía de producirle a Bon Jovi Slippery When Wet y New Jersey, encontró acá el equilibrio justo entre rock riffero de raíz y pop radial y le dio una nueva vida al grupo en pleno apogeo del hair metal. “Love in an Elevator”, “The Other Side”, “What It Takes” y “Janie’s Got a Gun” conectaron a pleno con el zeitgeist de fines de los 80 y una nueva camada de adolescentes hormonales (el disco abre con “Young Lust”, lo cual tampoco parece casual) y hartos de oscuridad y sintetizadores cayeron en masa a mover la patita.
AEROSMITH (1973)
Imaginate tener 15, 16 años y enganchar en la radio “Dream On” recién publicada: una balada que también es rock duro, que avanza lento con un arpegio y una melodía filosa y va en crescendo hasta morir en grito y volver a empezar, que habla de soñar “hasta que tus sueños se vuelvan realidad” pero no con un discurso motivacional goma sino con angustia, con miedo, haciendo carne la incertidumbre que implica dejar la vida por ser alguien en la juventud. El primer disco de Aerosmith no vendió nada y la discográfica estaba a punto de rescindirles contrato hasta que “Dream On” –un hito del rock del siglo XX, sin exagerar– salió como single y se dio vuelta la tortilla: una profecía autocumplida. Todo eso, y “Mama Kin” y un tracklist de buen nivel general pero sin grandes sobresaltos.
PERMANENT VACATION (1987)
La vuelta de los guitarristas Joe Perry (se había ido tras pelear con Steven Tyler en 1979) y Brad Whitford (lo mismo, dos años más tarde) había hypeado Done with Mirrors, pero el ruido no se tradujo en ventas. Ante eso, Geffen –su nuevo sello– tomó la decisión de contratar a Bruce Fairbairn (experto en inyectarle gancho al hard rock) como productor y a los compositores Desmond Child (“I Was Made for Lovin’ You” de Kiss, “Livin’ on a Prayer” de Bon Jovi, etc.) y Jim Vallance (autor de varios de los hits de Bryan Adams) para convertir a Aerosmith en la mismísima bestia pop. Así llegaron “Dude (Looks Like a Lady)”, “Angel”, “Rag Doll” y el quíntuple platino, pero también llegaron los palos: ¿Se había vendido Aerosmith? Seguramente lo habrán discutido Steven y Joe en su camino al banco, porque en Pump metieron leve pero notorio y saludable volantazo.
GET A GRIP (1993)
Cerrando su segunda trilogía de álbumes clásicos, Get a Grip le dio a Aerosmith otra carta ganadora: la de conquistar MTV. Tres canciones con sus tres videos (“Cryin’”, “Amazing”, “Crazy”) y dos nombres (la rubia Alicia Silverstone, la morocha —e hija del jefe— Liv Tyler) alteraron la endocrinología de una generación entera, y de ahí al éxito, un solo paso. Parecido a sus antecesores, pero apenas menos inspirado, el álbum no era solo power ballads y chicas lindas: también había boogie rock en “Fever”, un roce con Mötley Crüe en “Eat the Rich”, el experimento celta con conciencia social “Livin’ on the Edge” y una sensación generalizada de que, aunque vendrían más hits, otro período de gloria arrancaba su fade out.
DRAW THE LINE (1977)
“Éramos drogadictos incursionando en la música, más que músicos incursionando en las drogas”, dijo alguna vez Joe Perry con respecto a la época en la que compusieron y grabaron Draw the Line, su quinto disco. Habían tocado techo con Rocks y, para el último tercio de los 70, solo quedaba un desbarranco que, con todo, dejó un par de obras interesantes. Draw the Line tiene olor a fin de fiesta: es desparejo, apagado, caótico (estaban todos peleados con todos, Perry perdió los demos y Tyler tardaba meses en escribir letras), no precisamente algo que uno esperaría de una banda esencialmente sibarita. Sin embargo, hay destellos más que dignos en la balada “Kings and Queens”, en el himno rolinga que le da nombre al disco y en “Bright Light Fright”, con Perry en la voz, acaso lo más cerca del punk que Aerosmith estuvo alguna vez.
NIGHT IN THE RUTS (1979)
Para cuando grabaron Night in the Ruts, la banda ya tenía conflictos nivel Spinal Tap, como por ejemplo que Joe Perry le debiera 80.000 dólares al resto del grupo por servicio de cuarto (!). Para peor, el tipo se fue de la banda en medio de las sesiones: el fracaso total tenía 99 números. Y sin embargo, el universo se acomodó de alguna manera y salió un disco intenso, divertido y coherente que Tyler llena de elogios cada vez que puede.
DONE WITH MIRRORS (1985)
Dos finales y un comienzo. Cuenta la leyenda que Joe Perry y Brad Whitford (que en la primera mitad de los 80 tocaban juntos en The Joe Perry Project) fueron a ver un show de sus excompañeros, dijeron “¿qué estamos haciendo?” y volvieron a la banda. El título significa “hecho con espejos”, como en los trucos de magia, pero también “basta de espejos”, en relación a la cocaína que ya no peinarían sobre ellos. Fue el comienzo de Aerosmith 2.0, una nueva vida para un nuevo público, con un disco que, de tan rockero, bordea lo pesado y que no tuvo la repercusión de sus sucesores, pero sí el amor de los fans.


