Rolling Stone en el Festival Roskilde: así es el esperado regreso de Blur a los escenarios

Estuvimos en uno de los shows destacados del tour que traerá en noviembre a la banda de Damon Albarn -y su primer disco en ocho años- al Primavera Sound Buenos Aires

Por  MARÍA FERNANDA LAGO

julio 1, 2023

Damon Albarn, en Roskilde 2023, Dinamarca

Christian Hedel

En la previa al show de Blur, en el legendario Festival de Roskilde, se siente la división. La gran pregunta es ¿Blur o Rosalía? Por un lado, están quienes esperan ansiosos por la cantante española. Por el otro, los ilusionados por el reencuentro con la banda britpop. La cuestión es que ambos artistas tocarán en escenarios vecinos, con solo 45 minutos de diferencia en el comienzo, pero con una segura superposición en parte del desarrollo. El grupo de Damon Albarn empieza antes, en el Orange, el escenario principal, con capacidad para 60.000 personas; y luego, la Motomami va en el Arena, un escenario menor, para 16.000 espectadores. 

Foto: Christian Hedel

El Festival de Roskilde es la fiesta de música más importante de Escandinavia y una de las más tradicionales en el calendario de festivales europeo. Este año celebra su edición número 51, con 205 artistas, ocho escenarios, y música exquisita, según palabras de los organizadores, que no se escucha en otra parte (aunque con nombres internacionalmente menos conocidos que en años anteriores). Thomas Jepsen, el responsable de la programación musical, justificó que colocar estos dos conciertos casi sincronizados sería una forma de repartir la audiencia, para que dos generaciones se crucen y circulen de un lado al otro. Más tarde se verá que no hacía falta: quedará a la vista que el público de Blur, un ícono pop de los años 90, todavía reúne a todas las edades.  

Blur se reservó una parada en Roskilde para su esperadísima gira 2023, que comenzó en mayo pasado y que el 25 y 26 de noviembre los tendrá encabezando junto a The Cure el festival Primavera Sound en Buenos Aires.

Las letras B l u r en blanco coronan el escenario. Desde las 21.15, dos danesas están agarradas de la valla que separa el escenario del campo. “Pasaron 20 años desde 2003, queremos verlos de nuevo acá”, dicen con entusiasmo. Mientras, la gente se acerca y esquiva latas pisadas o botellas vacías que quedaron después de Kesi, un rapero danés que subió al Orange un turno antes. La última y única vez que Blur tocó en Roskilde fue en 2003, así que este reencuentro es muy esperado, y potenciado por la salida del noveno (y primero desde 2015) disco de Blur, The Ballad of Darren, anunciado para el 21 de julio.   

Foto: Christian Hedel

Rosa y Astrid, dos danesas de 18 y 19 años, llegan media hora antes para asegurarse un buen lugar. Rosa creció con Parklife porque era el disco que escuchaban sus padres, y cuenta que el britpop la representa mucho más que el pop latino. “Da igual si se superponen los shows, cada uno tiene su perfil de seguidores y en Dinamarca no se conoce tanto a Rosalía”, comenta Rosa. 

Los encargados de levantar los residuos del concierto anterior no alcanzan a despejar el área, que a las 22 ya está poblada. Kenneth, un danés que lleva una cerveza en mano, como la gran mayoría, encuentra a sus amigos ingleses que viajaron desde Londres para ver a la banda que escuchaban juntos en su adolescencia. Imri y Stav son hermanos y vienen desde más lejos, Israel. Es su primera vez en el Festival de Roskilde y cuentan que este año lo eligieron como destino de vacaciones porque sabían que tocaba Blur. Imri se confiesa: “En mi juventud era fan de Oasis, pero no puedo perderme la reunión de este grupo después de tantos años”.

Foto: Christian Hedel

El público que peina canas se mimetiza con el rubio de los jóvenes nórdicos. Laura Flora tiene 18 años y mientras cena un plato de pasta afirma convencida: “A Rosalía podemos verla en otro momento. Tener a Blur acá es una posibilidad que no queremos perder”. Ante la pregunta desde cuándo los escucha, responde que desde chiquita sus papás ponían los CD en el auto en cada viaje; para ella es rememorar su infancia. Peter, tiene la misma edad y cena junto a ella, los dos sentados en el pasto que hace rato es mezcla de tierra y residuos. “Si tengo que elegir el Arena o el Orange, me quedo con el Orange, por lo que nosotros llamamos el Orange feeling¨, dice Peter en referencia a un sentimiento de comunidad ya tradicional en ese espacio.

A las 22.30, con puntualidad inglesa, aunque danesa también, Damon Albarn, Graham Coxon, Alex James y Dave Rowntree arrancan con los primeros compases de St. Charles Square, el corte recién estrenado del nuevo trabajo de Blur. La multitud baila con la cabeza, como diciendo sí a todo. Al terminar el primer tema, se escucha el esperado: “Good evening, Roskilde” (buenas noches, Roskilde). Un detalle muy agradecido por los daneses, que en otras ocasiones tuvieron que escuchar artistas que no sabían que Roskilde era el nombre de la ciudad, o que los saludaran con un “Hello Denver”, en lugar de Denmark. Anécdotas que se cuentan en el detrás de escena. De allí, en más, después del primer tema desconocido, lo que seguirá es un continuo de hits y clásicos como “There’s No Other Way”, “Beetlebum”, “Parklife” y “Country House”.

Foto: Christian Hedel

Albarn continua su repertorio de canciones y de gestos. Se acerca al público, lo toca, lo abraza, como si buscara reconocerlo, y recibe un ramo de flores que luego devuelve. El intercambio de honores es constante y mutuo. Todo da a pensar en un romance revivido entre músicos y audiencia, mezclado con la nostalgia del reencuentro y los años pasados. “I like you, i always like you” (me gustan, siempre me gustaron). “This is the best festival in the world, really, thank you Roskilde” (este es el mejor festival del mundo, realmente, gracias Roskilde). 

Foto: Christian Hedel

Una noche de verano, típica danesa, luminosa, pero nublada, fresca, con 16 grados sin viento. Todavía no oscurece y se puede distinguir al público dividido en tres categorías: el fanático que va al frente y canta todas las canciones, el que escucha un par de temas y rota a otro escenario, y el que no sale del camping porque tomó todo el día y se perdió en el camino. Mientras suena “Coffee and TV” la gente baila, toca guitarras imaginarias con jarras de cerveza de 5 litros, hay espacio para moverse y para que un danés recién llegado pregunte a los gritos: ¿quiénes son los que suenan? 

La multitud no está apretada, hay algunos espacios abiertos donde una ronda de amigos baila con los brazos extendidos, otros se abrazan, y no falta el que se baja el cierre del pantalón para hacer pis, ahí donde ya no se aguantó más. Una escena repetida en Roskilde y más aún pasados los seis días de festival. 

En varias ocasiones Damon corea “Roskilde, Roskilde” y más de una vez grita a los vientos “I love you” una declaración de amor correspondida con alaridos de alegría. También, en plan de confesiones cuenta, entre tema y tema, que la familia de su madre es danesa. “Cuando veo daneses por la calle pienso que alguno puede ser mi familia” dice para que la audiencia delire unida en un grito. 

A la medianoche, la luna se ve con una tonalidad naranja, como si estuviera programada para reflejar el color de la bandera del festival. Después de “The Narcissist” (otro adelanto del nuevo disco), la canción “The Universal” es la que cierra la noche. Damon se arrodilla ante el público, levanta y baja sus brazos en señal de alabanza. Repite una vez más, por si quedan dudas, que son la mejor gente del mundo y que los ama. “What a wonderful night” (qué noche maravillosa) y se despide con tres gracias en danés: “tak, tak, tak”. Son las 00.10, la gente deja el campo en diferentes direcciones. Algunos van hacia el Arena, quizás quede algún tema de Rosalía por escuchar. 

Foto: Christian Hedel