Al final del que sería el último concierto de los Sex Pistols, en San Francisco, enero de 1978, Johnny Rotten le preguntó al público: “¿Alguna vez tuvieron la sensación de que los habían estafado?”.
Casi medio siglo más tarde, este sábado, al final del concierto de Public Image Ltd. en Buenos Aires, el público de John Lydon puede que se haya retirado con otra sensación, más grata que la de autopercibirse engañado: la impresión de haber apostado por el equipo correcto.
Eso decían las caras, sonrisas, palmas y cantos, incluso las cariñosas puteadas (requeridas oportunamente por el propio cantante) de la compacta multitud de melómanos senior que colmó el Complejo C Art Media, no sólo para disfrutar de un concierto sino para reencontrarse (con una banda que ya “vino” otras veces, con pares, consigo mismos, con la historia viva del rock y con la historia personalísima).

Por las dudas: Rotten y Lydon son la misma persona. Al primero le bastó un par de años al frente de los Pistols para irrumpir en la cultura rock, romper todo y volver a salir rápidamente. El segundo se reinventó de manera radical después del terremoto Pistol, al frente de una “nueva” banda, Public Image Ltd., que como banda nueva ya viene durando unas veinticinco vidas más que los padres fundadores del punk (hoy, otra vez activos, aunque sin Rotten/Lydon ni material nuevo ni nada que se le parezca).
Y, sin embargo, lo interesante y gratificante y para nada decepcionante es que PiL sostiene en 2026 esa capacidad de sonar “novedoso”. Por varias razones, que se pudieron apreciar en su gran concierto porteño (antecedido por uno en Rosario y seguido de uno en Mar del Plata, curiosamente):
1. Porque su concepto de post-rock (no solo “post-punk”), es decir la operación de destripar y deconstruir la canción rock, preservando su potencia, pero desentendiéndose de sus clichés conservadores, complacientes y fatalmente autoindulgentes, no se podría decir que sea una fórmula excesivamente usada y escuchada (como sí ocurre con el manual de estilo punk-rock), a pesar de tener ya medio siglo (¡!).
2. Y, por otra parte, esa fórmula es de algún modo la anti-fórmula: como lo hicieron en Buenos Aires, Lydon y sus músicos toman en vivo las bases de canciones viejas o recientes de PiL y hacen con ellas lo que les place en extensas improvisaciones más deudoras del kraut rock, el dub, la no-wave, el free-jazz y George Clinton y The Pop Group, que del 1-2-3-¡vamos! a lo Ramones. Una libertad rara y estimulante, en tiempos de shows pautados, coreografiados, precocidos y controlados al detalle. Incluso cuando tocaron, en Chacarita, “Rise”, su número más pop y su manifiesto, lo que entregaron fueron partes iguales de “canción” y de base+noise+impro y una sucesión insistente e hipnótica y tribal del mantra-PIL que asegura que “la ira es energía” y que Lydon escupe con una voz llamativamente entera a sus 70 años, cumplidos el 31 de enero.
3. El paso del tiempo jugó a favor de PiL en un sentido: se podría inferir que las muy mejoradas condiciones audio-técnicas hoy permiten disfrutar de otra manera el dispositivo Public Image. Por ejemplo, ese sonido de guitarra ultracargado de efectos, legado del primer guitarrista de Public Image, Keith Levene, y en manos ahora, otra vez, del histórico Lu Edmonds (que supo pasar brevemente por The Damned). Lo mismo con la atronadora base de bajo y batería, en la misma línea que aquellos Jah Wobble y el enorme y exMinistry Martin Atkins (entre otros ilustres ex PiL), pero hoy con una claridad difícil de apreciar años atrás. El post-punk siempre fue un desafío para los sonidistas, pero hoy deslumbra, por ejemplo, en el bombástico “This is Not a Love Song”, quizás el mejor momento del sábado, junto con “Death Disco”, con un Lu Edmonds protagónico y dando una clínica de guitar anti-hero post-punk en cinco minutos, con todo y citas a El lago de los Cisnes.
Ah, sí, y está ese otro tema… Lo del John Lydon al que se le escapa el Rotten, bastante seguido, con sus declaraciones incorrectas, derechosas, incómodas, cuando no Trumpistas, brutales o simplemente brutas. Molestas, sobre todo, y leídas por muchos como alta traición al punk, por más que Lydon lleve ya cinco prolíficas décadas renegando del punk, sin atenuantes ni eufemismos.
Pero nada de eso aparece en el escenario de Chacarita ni desvía la atención de Lydon de la música, a la hora de la verdad. A pesar de la leyenda y de la lógica del hate bait, PiL en vivo es una banda de rock concentrada en la música. Apenas flashes e indicios de ese otro personaje; el viejo iconoclasta, que se suena la nariz (sin pañuelo ni elegancia; “me resfrié”, se disculpa), que invita al público a exclamar “fuck you” y “fuck off” o propone que le dediquen los mejores insultos que tengan a mano. Aunque a cada pequeño gesto de punkitud, Lydon lo completa con una sonrisa cálida y un agradecimiento que parece más sentido que sus desconcertantes diatribas anti-woke.
Sin polémicas, sin artificios, Lydon se enfoca puramente en la música, con una banda intencionalmente simple y compacta, pero a la vez dinámica e inventiva. Podría tener razón o no, pero ese es hoy su acto más auténticamente contracultural. Quienes, en el volantazo de Lydon desde el punk-rock hacia aguas menos previsibles, vieron riesgo y no traición, seguramente no se sentirán estafados.


