A los 81 años, Marcos Valle debuta en Buenos Aires: “Me gusta que me samplee Kanye West porque me hace llegar a nuevos públicos”

El célebre artista brasileño repasa su carrera, del memorable encontronazo con Marlon Brando a sus grabaciones con Sarah Vaughan y el grupo Chicago, y un concierto inolvidable junto a Elis Regina

Por  HUMPHREY INZILLO

febrero 20, 2025

LEO AVERSA (GENTILEZA)

Nadie diría que ese hombre tiene 81 años. Por su lucidez, por su impronta juvenil, por su memoria prodigiosa y por el entusiasmo que transmite en la conversación, nadie osaría decir que Marcos Valle, la leyenda de la música brasileña que el jueves 20 en Deseo (av. Chorroarín 1040) dará su primer concierto en Buenos Aires con los ascendentes Vinocio como grupo soporte (entradas acá), es un octogenario. Parece mentira su edad, y parece mentira que el artista, que el año pasado giró por Europa durante un mes y otro tanto por los Estados Unidos, que ha tocado en Japón y en sitios exóticos, no haya tocado nunca en la Reina del Plata. “Realmente me pregunto cómo es que nunca toqué en Argentina, siendo un lugar tan cercano y con tantas cosas en común con Brasil. A mí me encanta el tango, incluso antes de Piazzolla. Desde que era un garoto, cuando empecé a tocar el acordeón, aprendí a tocar ‘La cumparsita’. Y años más tarde, Mercedes Sosa grabó una de mis canciones, ‘Guitarra enlunarada’, en una versión preciosa. De todos modos, esta conexión sudamericana que tenemos es muy interesante. Así que todavía estoy muy feliz de estar cada vez más cerca de poder llevar mi música a esta audiencia por primera vez, con el anhelo de que sea la primera de muchas”.

Viene de tocar en las sedes que Blue Note, el emblemático club de jazz de Nueva York, tiene en Río de Janeiro y Sao Paulo. Acaba de lanzar Túnel acústico, un álbum en el que predomina el funk, pero que no abandona la esencia brasileña que caracteriza su obra. 

El álbum incluye un tema en homenaje a Burt Bacharach (1928-2023): “Se la dediqué porque fue uno de los compositores que más influyó en mi carrera. He tenido varias influencias, desde muy pequeño. Pero Bacharach, con esa mezcla de diferentes ritmos que rompía compases y melodías, con esos arreglos de cuerdas y de bronces, con sus ritmos… La verdad es que me gustó todo lo que proponía desde que apareció. Fue uno de los que más me influyó”. 

¿Llegaste a conocerlo personalmente?

Cuando vino a Brasil, hace unos años, vino a hacer un espectáculo y de un periódico me pidieron que lo entrevistara. Así que pudimos hablar mucho, intercambiar ideas, cómo hacía su trabajo, en qué momento del día le gustaba componer, ese tipo de cosas. Y luego fui a ver su espectáculo, que fue hermoso, realmente hermoso. Y esa fue la última vez que lo vi. Entonces, en este álbum, como había fallecido recientemente,quise incluir en la última parte un homenaje, no sólo por la importancia de su música en general, también, y principalmente, por la influencia que tuvo en mi música. 

Y si tuvieras que hacer una lista con las personas y los artistas que fueron generosos con vos e importantes en tu carrera, ¿a quiénes mencionaría? 

Empezaría muy atrás, con Antonio Carlos Jobim,que fue muy generoso conmigo. Eso en la época cuando estaba comenzando la bossa nova. Porque suelen decir que pertenezco a la segunda generación de la Bossa Nova, más allá de que mi música sea mucho más mixturada. También debería mencionar a Dorival Caymmi, porque después me volví amigo de toda la familia. A Andy Williams, que me invitó a su programa de TV en Estados Unidos y verdaderamente fue maravilloso. Igual que Henry Mancini, que fue extremadamente cariñoso conmigo, también en Estados Unidos. Al grupo Chicago, que a mi me encantaba y terminaron grabando músicas mías. A Sarah  Vaughan, que me recibió en su casa, y también  grabó músicas mías. Y también, en Brasil, a Roberto Menescal… y, hoy en día, a Emicida. Tuve mucha suerte, son muchísimas las personas que te nombré y con todos ellos fui siempre muy bien recibido, con mucho cariño.

Mencionaste a Roberto Menescal, que a los 86 años se mantiene en actividad, grabando con artistas como la italiana Mafalda Minnozzi y el ítalonorteamericano Paul Ricci. Quería preguntarte sobre tu vínculo con él y, también, su la música es el motor que los mantiene activos…

Roberto Menescal es mi gran amigo. Incluso vive cerca de mi casa, aquí en Río de Janeiro. Nos vemos muy seguido. Roberto, desde el principio, fue muy cariñoso. Y aparte de eso, hasta el día de hoy, estamos juntos una y otra vez, en algún escenario o de Brasil, de los Estados Unidos, de Europa o de Japón. Amo a Roberto. Tiene una importancia muy grande, porque viene de la época de la Bossa Nova y creó, junto a Tom Jobim y Carlos Lyra, las grandes canciones de la Bossa Nova. Y luego fue productor de varios artistas. A Menescal le gusta la música y le encanta la vida. Va a cumplir 87 años pronto, pero sigue, sigue trabajando, haciendo mucho. Y ahora tengo un proyecto que probablemente hagamos juntos. Creo que la música trae la alegría. Hay que estar agradecidos por vivir de la música y especialmente de la música que nos gusta: la música es sincera, no es una música que tenemos que hacer para volvernos comerciales, para tener éxito. Cuando hacemos una canción, por supuesto, esperamos que sea un gran éxito, pero eso no es lo que nos motiva. Nos mueve hacer una música que nos guste, que nos parezca hermosa. También poder vivir de ello, que nos permitió haber criado a nuestros hijos. Y que hasta hoy seamos requeridos para  varios proyectos, para hacer shows, para seguir editando álbumes. Eso da mucha felicidad. Entonces, en el momento en que sentís esta gratitud, creo que te da alegría en la vida. Y te da fuerzas para seguir. 

Tu hermano, Paulo Sérgio, gran parceiro tuyo, además de escribir canciones también era piloto de avión, ¿Cómo es esa historia?

Él era piloto porque mi padre, era director de una compañía aérea muy famosa en Brasil que se llamaba Cruzeiro del Sur. Y en ese momento vivimos eso de la aviación, que tanto le gustaba a mi padre. Y Paulo César se emocionó con eso, y decidió ser piloto en ese momento. Fue piloto de línea aérea comercial por un tiempo y luego dejó de ser piloto comercial cuando se dedicó de lleno a la composición, pero nunca dejó de volar.Se desempeñó como instructor, y luego hizo algunos vuelos de fumigación, pero todo por placer. Hasta hace unos seis años, Paulo Sérgio todavía tenía un avión ultraligero.

¿Y es cierto que alguna vez escribió algunas canciones durante el vuelo?

Es verdad. Una de las canciones que escribió a bordo de un avión fue “Preciso aprender a ser só”, que en Brasil la grabó Elis Regina y, en Estados Unidos, Sarah Vaughan. Él la escribió a bordo: tomó la melodía que yo le había grabado en un casete y la escribió en un vuelo. Es una historia real.

Mencionas a Sarah Vaughan, pero el jazz está muy vinculado a tu historia. De Dizzy Gillespie a Oscar Peterson y Diana Krall. Definitivamente no podríamos decir que sos un jazzista del punto de vista ortodoxo, pero el jazz como lenguaje sí forma parte de tu identidad musical…

Cuando comencé a buscar música, a tener influencias, comencé a buscar, primero, las big bands.Estaba Benny Goodman y tantos otros que tenían ese lenguaje, ese sonido bailable y maravilloso, ¿no? Pero ya tenían grandes músicos, con esos solos maravillosos solos. Entonces eso empezó a atraerme hacia ese tipo de música que incluía el jazz. Lógicamente, cuando también me empezaron a gustar los cantantes, como Sinatra y otros, las bandas que los acompañaban, las de Nelson Riddle y otros, también tenían ese sonido,el ritmo, el groove, las armonías… Eso, junto con la música clásica, con la música brasileña que también escuchaba. Inclusive la Bossa Nova, que es una mezcla del samba con el jazz. Es una influencia que me pegó para todos lados. “Samba de verano” tiene, indudablemente, una cosa jazzística. Por eso la grabaron artistas como Oscar Peterson y Dizzy Gillespie. Esa influencia del jazz no es ostensible u ortodoxa, pero no tengas dudas de que forma parte de mi música.

Cuando uno escucha todas las músicas que hiciste a lo largo de tu carrera, si bien tienen un hilo conductor, queda claro de que nunca tuviste prejuicios. Eso te permitió ir de la bossa nova al rock, pero también has trabajado en remixes, con DJs… la falta de prejuicios es una de las características que mejor te definen 

Exacto, porque dentro de mis influencias, además del  jazz, te puedo mencionar la Black Music de Marvin Gaye, Chaka Khan, Stevie Wonder… Dentro del rock and roll, uno de los más grandes, que más amaba, era Little Richard, por el modo en que tocaba el piano. Esa manera de tocar las teclas como si fuera un instrumento de percusión yo lo tengo mucho, ¿no? Y por otro lado, porque tengo mucho lado del ritmo, siempre me ha apasionado mucho el ritmo: el baión, las marchas de Carnaval, las batucadas de Carnaval… Pero tengo la melodías, y eso, principalmente, comenzó con música clásica de Ravel y Debussy. Y más tarde, Tom Jobim. Y así sucesivamente. Así que siempre he estado abierto a ello. Pero la influencia del rock ya estaba en mi música. Entonces, no es que de repente dije: “ahora voy a hacer rock”. Yo todas esas músicas ya las tenía cuando estaba empezando. Pero en los comienzos de mi carrera, el impacto de la Bossa Nova, era muy grande,  porque acababa de suceder. ¡João Gilberto!, ¿entendés? Así que, al principio, casi que tuve que camuflar las otras influencias. Pero ya en el segundo, tercer álbum, las otras influencias empiezan a aparecer. Mantengo la Bossa Nova, pero el baión también es fuerte, el jazz es fuerte… Y llega el pop, llega el funk, llega Quincy Jones… Todo eso entra dentro de mi estilo que es un estilo versatil que empecé a construir desde que tenía 5 o 6 años.

A los 23 años, en 1964, una composición tuya estaba en el Top 40 de Estados Unidos, gracias al organista Walter Wanderley, el mismo año que exploraron los Beatles allí… ¿Cómo recordás el impacto inicial cuando aparecieron los Beatles? 

El impacto fue grande. Tenía una hermana que los amaba los fragmentos, estaba enamorada de los Beatles. Y ella ponía a los Beatles todos los días en casa. En ese momento yo estaba sintonizado con la Bossa Nova, la música brasileña. La verdad es que al principio no me impresionaron demasiado. Pero, de repente, comencé a prestar más atención a la música, y a los versos, especialmente a las baladas, como “Yesterday”, “Something”, y tantas otras. Hermosas canciones que me permitieron apreciar la riqueza de la música y los versos. Así que para mí no había nadie que diferenciara, o que me distanciara con esa música. Yo valoraba la armonía de la Bossa Nova y también la de los Beatles. Y muchos años después, grabé “Something”, de George Harrison, con Sarah Vaughan. Creo que este impacto que tuvieron los Beatles en la música americana es muy positivo. 

¿Cómo recordás esos años en los que había tantos artistas, como la increíble generación de músicos brasileños desarrollando la Bossa Nova, los Beatles y Astor Piazzolla, por ejemplo, en su pico creativo? 

Ese momento me parece interesante por lo siguiente: la música es una cuestión de gustos en primer lugar, ¿no? Hay muchas músicas que me gustan, y otras cosas que no me gustan. Pero dentro de las que me gustan, a veces las canciones se crean con muchos acordes y son hermosas. A veces, otras canciones también son geniales con sólo unos pocos acordes. No hay ninguna regla que determine cuándo una canción está bien hecha. A veces, si construyes una canción apenas cinco acordes, puede ser interesante y puede llegar a ser tan buena como otra canción que tenga muchísimos acordes. Entonces, los estilos eran diferentes pero es verdad, estabamos conviviendo al mismo tiempo, cada uno con un estilo diferente, pero todos ellos, los tres que mencionaste, Piazzolla, Bossa Nova y los Beatles, teníamos una intención de que tuviera una calidad muy alta. Creo que una de las cosas más importantes en la música, o en cualquier otro aspecto de la vida, es la intención. ¿Qué es lo que querés hacer? ¿Es calidad? ¿Es cantidad? ¿Es hacer música a todo volumen para ganar dinero? Todo eso forma parte de la intención. Por supuesto, todo el mundo necesita vivir de esto para ganar dinero, genial. Pero estoy seguro de que Piazzolla, los artistas de la Bossa Nova en Brasil y los Beatles, la intención era hacer cosas buenas, nuevas y creativas. Esto es lo que creo que une estos tres estilos y muchos otros, por supuesto. 

Y ya que hablamos de los años 60, fue por ese entonces que protagonizaste una historia que, me imagino, ya estás cansado de contarla, y que tiene que ver con Henry Mancini, pero también con Marlon Brando… 

Estábamos en una fiesta en la casa de un tipo muy rico en Estados Unidos, el dueño de Swift: vendía conservas, jamón, salchichas, y tenía mucho .Y fuimos a su casa. Él tenía varios micrófonos cayendo del techo y había mucha gente, estaba Henry Mancini, estaba Johnny Mandel, estaba Petula Clark, estaba Laurindo de Almeida, estaba Sergio Mendes, estaba Henry Mancini… y cada uno se sentaba, tocaba y cantaba… ¡Y estaba Marlon Brando! En esa época, Marlon Brando estaba muy gordo y tocaba los bongós… ¡No dejó de tocar esos bongós en toda la noche! Era medio insoportable. Todo el mundo decía: “Wow, ¿este tipo no va a parar?”. Fue una noche maravillosa. Estaba Vincent Price, estaba Tony Curtis… Había muchísima gente! Y cuando llegó el momento de irnos, yoestaba hablando con un actor italiano llamado Gabriele Tinti, que estaba casado con la actriz brasileña Norma Bengell. Cuando estábamos saliendo, Marlon Brando la agarró del brazo a mi esposa, Anamaría, que era una mujer muy hermosa, y se puso bastante pesado. Yo no lo vi, pero ella vino y me dijo “!Ese hijo de puta me agarró”. Ella estaba muy enojada, ¡Era muy brava! Y yo no pude quedarme quieto. Fui directo a pegarle. Por suerte, como Brando estaba con los bongós, la gente llegó a agarrarme y me frenaron. Brando estaba terriblemente borracho, bebía mucho en esa época. Así que me convencieron y no pasó a mayores…

¡Te quiso robar la novia pero te regaló una historia buenísima! Y me contabas que en la fiesta estaba Henry Mancini. Me preguntaba si estaba también Waltel Branco, el baterista brasileño que tocó mucho tiempo en su orquesta, aquella noche… 

Yo lo conocía mucho a Waltel. Era mi amigo. Pero no estaba esa noche, porque nos conocimos después. En varias bandas sonoras que hice para telenovelas, películas y programas de televisión en Brasil, Waltel hacía la orquestación. Trabajamos juntos, yo disfrutaba mucho de trabajar con él. Cuando hicimos la adaptación de Plaza Sésamo para Brasil, él también hizo la orquestación. Y, además, le gustaba venir a casa a jugar al billar. 

A mediados de los 70 volviste a vivir a Los Ángeles. Ese fue un momento en el que allí había muchos músicos brasileños y latinoamericanos como Airto Moreira, como Hermeto Pascoal, que habían tocado con Miles Davis también estaban Hugo y Osvaldo Fattoruso… ¿Tenés recuerdas esa época?  

Yo estaba viviendo en Brasil, pero había una dictadura y no era un buen tiempo para hacer música, había mucha censura y me estaba causando mucho daño. Así que dije: “me voy”. Estaba en mi segundo matrimonio. Y primero fui a Nueva York, donde vivía allí mi amigo Eumir Deodato. Me quedé un año y él grabó mis canciones, fue muy bueno, pero necesitaba respirar, tener un poco de aire, extrañaba Río de Janeiro y Nueva York es una ciudad hermosa, pero muy cerrada. Necesitaba el sol. Entonces decidí ir a Los Ángeles porque había muchos músicos viviendo allí. Cuando llegué allá, el primer llamado que recibí, fue del productor de Sarah Vaughan, Marty Paich, que también fue un gran arreglador que colaboró con Frank Sinatra, entre muchos cantantes. Su hijo, David Paich, tenía un grupo llamado Toto. En ese momento estaban produciendo juntos un álbum para Sarah Vaughan interpretando música de los Beatles. Y me proponía que grabara con ella. Eso fue lo primero que pasó cuando llegué a Los Ángeles. Dije: “Dios mío, qué maravilloso”. Lógicamente acepté, grabamos y luego ella quiso grabar mis canciones. Fui a su casa, era una persona maravillosa. Y luego grabó mis canciones. 

Un muy buen comienzo…

Y luego, el grupo Chicago, que a mi me gustaba mucho desde que los había escuchado hacía muchos años por primera vez, a fines de los 60, con esa mezcla de jazz y rock, esos brasses… Ellos quisieron conocerme. Fui a su casa, el percusionista era el brasileño Laudir de Oliveira, y grabaron mis canciones. También grabé con elos. Ahí me encontré con Airto [Moreira] y Flora [Purim], gente maravillosa. Y estaba el grupo Azymuth y todos esos músicos, que estaban ahí con ellos. En ese momento trabajé con Airton, arreglé su disco Touching You… Touching Me (1979), que estuvo nominado al Grammy. Y luego, claro que conocí a Hugo Fattoruso. Él incluso grabó conmigo un demo para una compañía discográfica, y fue maravilloso. Nos juntábamos mucho con esa banda, y también estaba Walter Vanderley, por supuesto, que había lanzado “Samba do verao” El ambiente allá en Los Ángeles, era muy bueno. No había competencia. Al contrario, nos ayudábamos. Y la casa de Airto y Flora, siempre era un gran ambiente para juntarse y hacer música. 

Tu música fue sampleada por grandes figuras del hip-hop como Kanye West y Jay-Z. ¿Qué opinas del resultado artístico? ¿Es más  importante eso o que se haya vuelto una buena fuente de ingresos? 

La primera experiencia fue cuando los DJ se interesaron mucho por mi música en los años 90, ahí fue donde empezó todo, con Gilles Patterson y otros DJs que empezaron a tomar mis canciones y tocarlas en la pista de baile. Y el público quería saber quién era. Esto le dio una gran fuerza a mi carrera. Fue muy bien. Me abrió a un público nuevo y joven en Europa, que se mantiene hasta estos días. Está cada vez más abierto en Estados Unidos y Australia, en todos lados. Entonces, eso me gustó, porque como decíamos, tengo la mente muy abierta y mi música tiene mucho ritmo, algo que los DJs valoran mucho. En cuanto a los samples, en Brasil, los primeros fueron  Planet Hemp, ¡Marcelo D2! Me parece un artista maravilloso. En su canción “Contexto” tomaron mi tema “Mentira”, la trabajaron y explotó. Entonces, yo ya habia tenido esa experiencia. Y cuando sucedió lo de Jay-Z, recuerdo que cuando mi editor vino a verme,  y me lo contó, a mis hijos, que eran muchachos, les encantaba Jay-Z. Me gustó mucho porque Jay-Z tomó “Ele e ela”, que es una canción instrumental, como si fuera un vals jazzísitico, y  la convirtió. Pero mantuvo mi base, la orquesta, y de todos modos obtuvo un resultado muy interesante, porque logró mantener la esencia. El tema se llama “Thak You”, y por supuesto, lo aprobé. Todo se hizo oficialmente. Luego vino Kanye West, y tomó mi tema“Boda de sangue” y luego no paró, ¿no? Childish Gambino también… Realmente me gusta. Y también es bueno económicamente, por supuesto. Pero también, probablemente, parte de su público que no me conocía va a ver en los créditos y va a averiguar quién es Marcos Valle. Y eso, claro, abre nuevos caminos. 

Quiero volver a 1964. Rui Castro, en su indispensable libro Chega de Saudade relata un concierto en el  Teatro Paramount de Sao Paulo, que se llamaba O Remedio é Bossa. ¿Todavía se acuerda de ese recital?  

Mucho, porque el teatro Paramount tenía mucha fuerza, el impacto que tuvo esa presentación en el público fue algo impresionante. El público reaccionó como si fuera un partido de fútbol: ​no sólo aplaudieron, fue una emoción muy fuerte. Ahí lancé con Elis Regina el tema “Terra de ninguém”. Cuando lo estrenamos ese día, la reacción de la gente fue una locura. Creo que ese mismo día le entregué “Tem que aprender a estar só”. Y la reacción del público también fue maravilloso.  Entonces, eso fue muy fuerte. Todo era fuerte para mí, porque estaba en los inicios de mi carrera, ¿no? Entonces fue maravilloso que un recital nos reuniera a todos esos artistas, algunos ya reconocidos, otros nuevos, recién llegados, como yo, Edu Lobo, y con ese público abrazándonos, ese público paulista fue muy cariñoso, muy fuerte. ¿Cómo me voy a olvidar?

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