El soundtrack de un thirller psicológico que nunca se filmó según Dillom, el preciosismo hecho canción de Conociendo Rusia, el revisionismo del hip-hop desde el barrio de La Boca que propone Trueno, la energía rockera de Winona Riders y el esperado (y celebradísimo) regreso de Charly García. Los críticos de ROLLING STONE ARGENTINA eligen lo mejor del año. Pasen y lean.
1. Dillom – Por cesárea
“Ni a mi peor enemigo le deseo la sensación de ver la vida dependiendo de una mala decisión. Y ese día llegó. Y ese día llegó”, canta Dillom en “Últimamente”, suerte de trip-hop con el que abre su segundo álbum, Por cesárea, y planta así el eje de su nuevo trabajo. Una horror movie hecha disco o el soundtrack de un thriller psicológico en el que, tema tras tema, desarrolla la tortuosa descomposición mental de un joven, desde el momento en el que empieza a ser consciente de que algo le pasa (“para sentir que algo se viene, no hace falta ser vidente”, casi recita) hasta el final (doce temas y poco más de media hora después) que, como en las buenas películas de suspenso, no conviene spoilear. Porque Por cesárea no es una colección de canciones para escuchar aleatoriamente (de hecho, no tuvo adelantos, como suele haber en estos tiempos de plataformas), sino un álbum conceptual para escuchar de un tirón. Sebastián Ramos
2. Conociendo Rusia – Jet Love
Grabado en los estudios Sonic Ranch de El Paso, Texas, Estados Unidos, durante 19 días junto al productor Nico Cotton —ladero infaltable de Mateo—, Jet Love representa un paso al frente para Conociendo Rusia. Tras un LP debut que, coqueteando entre la canción pop y la sutileza del indie, lo puso en escena con hits como “Loco en el desierto” o la balada “Cicatriz”; un segundo disco consagratorio como fue Cabildo y Juramento —con canciones que se volvieron imbatibles como “Cabildo y Juramento”, “Puede ser” y “Cosas para decirte”— que quedó suspendido por la pandemia y terminó convirtiéndose en un éxito extraño que condujo a La Dirección, el tercer disco, engendrado en el encierro y cuyo resultado sabe a poco. Este nuevo disco reubica a Mateo en el cancionero actual de la escena musical argentina. Y podríamos arriesgar un poco más: lo posiciona como uno de los pocos exponentes de eso que conocemos como rock nacional. ¿Cuánto del mainstream de hoy está compuesto por canciones como las conocemos en su concepto tradicional? Gonzalo Bustos
3. Trueno – El último baile
En la tapa de El último baile, Trueno tiene unos quince años menos que ahora, mirada pícara y las trencitas que usaba uno de sus ídolos, el cantante de dancehall Sean Paul. La foto es trucada, aunque esas bantu knots son el look que el rapero de La Boca adoptó para esta etapa de su carrera, pegada al lanzamiento de este álbum, que en menos de media hora construye una block party en homenaje a los 50 años del hip-hop, concebido para que los BPM vayan en ascenso y que esa aceleración se traslade a la dinámica de la fiesta. Humphrey Inzillo
4. Winona Riders – No hagas que me arrepienta
Como una metáfora de un rush anfetamínico, los tiempos en el universo de Winona Riders son acelerados y bruscos. En un año y medio, la banda de Morón dio forma a un debut de título arrogante (Esto es lo que obtenés cuando te cansás de lo que ya obtuviste), afinó la puntería en su sucesor (el expansivo El sonido del éxtasis) y, ahora, con su tercer disco, decide hacer su pisada más fuerte. En ese proceso, Winona Riders pasó de resolver cómo llevar al estudio el caos del vivo a aprender a convertir la grabación en otra etapa creativa. No hagas que me arrepienta es la conversión de ese aprendizaje en la construcción de una identidad propia, alimentada a base de psicodelia, garaje, rock espacial y electrónica. Joaquín Vismara
5. Charly García – La lógica del escorpión
Que Charly García edite en 2024 un disco como La lógica del escorpión es un triunfo del espíritu. De su voluntad, su resiliencia, su talento inagotable. Un disco que, a diferencia de otros artistas de rock crepusculares, desde Lou Reed hasta Leonard Cohen, no enfrenta los dilemas del transcurso del tiempo, sino que transmite un mensaje vital, hasta alegre y esperanzado. En lugar de enmascarar su voz, como en Random, la manda al frente, mostrando sus debilidades pero también su poder emotivo. Parte del mérito puede atribuirse al técnico de grabación y mezcla Matías Sznaider, un joven al que los pergaminos del artista no parecen pesarle. García asume la mayoría de los instrumentos, junto a un reducido grupo de colaboradores (Fernando Samalea y el chileno Toño Silva en la batería, Fernando Kabusacki y Kiuge Hayashida en las guitarras, y Rosario Ortega e Hilda Lizarazu en los coros) e invitados (David Lebón, Pedro Aznar, Fito Páez, y una aparición casi sobrenatural de Luis Alberto Spinetta). El Charly de hoy atravesado por el de siempre nos lleva de paseo por su historia, que es la nuestra, en un recorrido pleno de referencias a su obra y la de los artistas que lo influenciaron. Claudio Kleiman
6. Dum Chica – Súper premium extra
Dum Chica llega a su segundo disco en pleno proceso de maduración, donde la sensualidad no es más rabiosa, ahora es misteriosa y coqueta. Además del grunge y la psicodelia británica y ruidosa, siguen indagando en el rock argentino como fuente inevitable de ADN. Si en DUM (2022), el primer y sorprendente disco, salieron a tocar y luego se largaron a la composición, Súper premium ultra traccionó de forma inversa: estudio y composición y ahora canciones sueltas y nuevas para curtir en vivo. Dum Chica contempla desde un lugar cada vez más oscuro la reformulación del rock argentino. Facundo Arroyo
7. Wos – Descartable
En su nuevo álbum, Wos condensa el agitado clima social y las reflexiones intimistas. “Quemarás el dolor, en el fuego más sagrado de hoy, y buscarás el amor, en un rostro ciego de lo que ya no sos”, lanza sobre una guitarra arpegiada en los primeros compases de “Quemarás”. Encarna a una cruza de profeta y poeta, como un predicador callejero que lanza palabras al cosmos. Y la respuesta que recibe es una voz empírea: “Y quemarás el rencor en el fuego de un infierno precoz, y buscarás esa voz, que te recuerde para siempre quién sos”. Esa voz, oscura y aterciopelada, potenciada por el bajo y los sintetizadores, es la del Indio Solari. Y así, en poco más de 30 segundos, hacen que algo tan intangible como una canción se vuelva un pedazo de historia. El fuego, elemento fundamental de la naturaleza y de la poesía ricotera, ocupa aquí un papel preponderante. Y hay otro fuego en este asunto: es el de la antorcha que entrega el Indio, que parece señalar a Wos como uno de sus herederos. H.I.
8. Marttein- MARTTEIN
Los primeros discos de Marttein se pueden inscribir en el trap y la música electrónica experimental: composiciones más amorfas, con una escritura poética críptica. En MARTTEIN se concentran influencias y datas muy distintas que se sintetizan en el pop. “Me encanta la música popular, me gustan las canciones memorables, que encontrás en la radio de casualidad y decís ‘qué temazo’. No le tengo asco al estribilleo”, dice. Descubrir a Suede lo orientó hacia un estilo más narrativo y lo conectó con otra fan notable de los británicos, Mariana Enriquez, invitada en el disco a recitar un texto en “Futurista”. Otra influencia importante en el álbum fueron los libros que su abuelo, Juan Montenero, escribió en sus últimos años. El trabajo de Montenero alrededor del tango y el lunfardo terminó influyendo en la obra del nieto, como se escucha en “Amigo”, un track apesadumbrado, nostálgico y tanguero, y también en el tono arrabalero de “El rubio”. Paz Azcárate
9. Ca7riel & Paco Amoroso – Baño María
Cinco años después de “Ouke”, ese hit pegajoso que habla de fumar porro con Esteban Lamothe, Ca7riel y Paco Amoroso editaron su primer álbum y el resultado es todo lo que se podía imaginar de esta dupla explosiva. Con altas dosis de parodia, guiños a la cultura pop (de Natacha Jaitt al mediocampista italiano Andrea Pirlo), invitadas estelares como Lali (en “Supersónico”) y Tini (“Agua”), y muchas formas diferentes de hablar de sexo (“Es que nacimo’ pa’ bailar pegadito/ Baby, ya estoy para clavarte el anillo”, cantan en “Cosas ricas”), las doce canciones que son un muestrario de géneros para la pista de baile. Martín Sanzano
10. Massacre – 9
Según le dijo el propio Walas a ROLLING STONE, el noveno trabajo de Massacre es “el más ambicioso de nuestra carrera, el que se grabó en más estudios y en el que gastamos más dinero”. Sus nueve canciones son en verdad tres trípticos producidos por tres productores, Gustavo Santaolalla, Héctor Castillo y Fico, guitarrista del grupo. Grabado no en tres locaciones sino en cuatro (Buenos Aires, Nueva York, Los Ángeles y Texas), 9 germinó en los oscuros días de pandemia y se concretó con los primeros permisos para salir. Y acaso favorecido por tan extrañas circunstancias, resultó de los más logrados ejercicios en el rock psicodélico, una de las fijaciones de Massacre, con feats de Santi Motorizado, Vicentico, Sebastián Schachtel (Las Pelotas) y Goyo (Bandalos Chinos). D.Q.
11. Nathy Peluso – Grasa
La Nathy que descolló hasta ahora, esa catedral de lujuria y provocación que chorreaba deseo desde la pantalla y el escenario, ese tótem hecho de voluptuosidad, goce y una imprecisa procacidad, parece compartir espacio con otra, aunque sea la misma. La que emerge acá es una cantante igual de ambiciosa pero consciente de sus necesidades, sobre todo de la de reafirmar los colores de su patria artística: la música iberoamericana. Esa es la sensación que queda al escuchar Grasa. La región, en todo su esplendor, con su enorme heterogeneidad, planea sobre este álbum confesional, directo, con pocos eufemismos sobre aquello que quiere contar. Pablo Perantuono
12. Cachorro López – Éxtasis total
“Es el mejor trabajo de mi carrera como productor”, dice Cachorro López. Y una docena de Grammy en la biblioteca le otorgan algo de crédito para ponderar estas trece canciones con las que revitalizó el legado de Los Abuelos de la Nada, su banda de juventud. El álbum no solo homenajea las canciones de Los Abuelos sino que las reimagina y reinventa. No son covers sino versiones, con otros ritmos e incluso algunas nuevas partes. Cachorro no se privó de nada en la producción de Éxtasis total. Reunió a los colegas Abuelos Andrés Calamaro, Daniel Melingo y Gustavo Bazterrica (además de evocar el genio de Miguel Abuelo) junto a un seleccionado de talento: Lali, Bandalos Chinos, Ale Sergi, El Zar, Zoe Gotusso, Trueno, Emma Horvilleur, Vicentico, Auténticos Decadentes, Julieta Venegas y más, para rescatar trece que sabemos todos. Fernando Fratantoni
13. Florián – De Fábrica
“Soy de fábrica, una suma de cariños imperfectos, maniático y corrupto en el afecto, dispuesto a recibir un sobre y dejarlo a tu imaginación”, canta Florián en “De Fábrica”, la canción que abre y da nombre a un disco que tiene en el tango y el psicoanálisis dos ejes, con la complicidad de Adrián Dárgelos como letrista invitado. Canciones trabajadas como piezas de orfebrería, mirada introspectiva (a veces melancólica) y exquisitos aires latinos. La versión extendida del álbum incluye versiones tangueras de algunos temas y colaboraciones con Santiago Motorizado (“Rincón”) y Chechi de Marcos (en el tango “Fueron tres años”, compuesto por Héctor Varela en 1956). H.I.
14. Odd Mami – Donde van los perros
Odd Mami fue vagando por géneros y construyendo un camino particular. En su disco debut, Mosaicos (2022), ya se veía una mezcla entre canciones con autotune y teclados tipo Casio, combinados con el indie de guitarras, que siguió desarrollando en el EP Ultra (2023). Ahora, en Donde van los perros, da un salto más largo hacia las guitarras distorsionadas y las melodías reflexivas, mostrando la permeabilidad de los nuevos artistas ante los otros sonidos, pero sobre todo, una carrera y una música que adquiren espesura. Juana Giaimo
15. Los Reyes del Falsete – Operación Abrazo y Beso
Para su sexto disco, Los Reyes se fueron al campo con su estudio móvil. “Radio Kanikama” es el tema que da inicio al trabajo y pone en situación acerca del mundo sonoro actual del trío, que anuncia en la comunicación de prensa: “Todavía nos queda una última batalla, todavía estamos acá”. Cuando los coros raspaban en Días nuestros (2012), parecía que de ahí se desprendía la identidad del trío más indie de aquel tiempo. Pero los de Adrogué nunca quisieron amoldarse a ninguna moda y siguieron su instinto, esperando darte un beso y un abrazo. F.A.


