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El Gonzo, saxofonista emblema del rock de los 80, lanza su primer disco como solista

El músico que tocó con los Redondos, Sumo, Soda, Charly, Los Twist y Fricción, toca este fin de semana en Rondeman Abasto

Por  Humphrey Inzillo

abril 20, 2023

En su primer disco como solista, El Gonzo explora las músicas de raíces negras.

Gentileza El Gonzo

Como Rodolfo Orozco, aquél personaje ficticio de la canción de León Gieco, Gonzalo Palacios, alias El Gonzo, tocó con todos: Los Twist, Fricción, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Charly García, Sumo, Soda Stereo, Memphis La Blusera y la lista parece extenderse hacia el infinito. Pero desde principios de los 90, su vida transcurre entre Buenos Aires y España. De hecho, desde 2002 está radicado en Menorca, una paradisíaca isla en las costas del Mediterráneo. Con una trayectoria que abarca más de cuatro décadas, recién ahora lanza su primer disco como solista. Aunque, en verdad, él concibe a El Gonzo como un proyecto colectivo que lo tiene a él en el rol de conductor. Alivio, flamante lanzamiento de Acqua Records en formato vinilo, tendrá su presentación oficial en Rondeman, el boliche del barrio porteño del Abasto, este viernes 21 y sábado 22, a partir de las 21 hs.

El lema de Maceo Parker, uno de tus referentes, era 98% funk, 2% jazz. Más allá de los porcentajes, ¿cómo definirías la música de El Gonzo?

Todavía tengo que encontrar algo tan conciso como lo de Maceo, por ahora podríamos intentar “música popular instrumental con improvisación “. Y si no la lista: derivados del blues incluyendo rythm and blues, swing, soul y funk, más alguna disgresión y algo que le pega en el palo al jazz. Emoción, interacción, dinámica y matiz.  

Escuchá Alivio:

No es errado decir que te tomaste un buen tiempo para grabar tu primer disco como solista. ¿Por qué recién ahora? ¿Cómo surgió la idea del disco?
Primero me permito una puntualización: Ya no veo a El Gonzo como un proyecto solista. Es un grupo de pares que si se quiere lidero o dirijo, pero que nos desenvolvemos en un plano de igualdad. Y ahora la respuesta. Las ofertas estuvieron desde casi el principio de mi carrera, al principio no sentía que tuviera sentido, luego vino la postergación que me permitía soñar con el disco perfecto y no enfrentarme a la evidencia de que tal cosa no está a mi alcance. A partir de unos años a esta parte surgió naturalmente la necesidad, una mezcla de acomodos personales y de tomar consciencia de la propia finitud. Justo cuando me estaba planteando el cómo, me pongo en contacto con el director del ciclo Jazzología para felicitarlo por un triunfo futbolero y la conversación derivó en una invitación para dar un concierto en dicho ciclo. Instantáneamente vi la oportunidad de volver a juntar al grupo que me acompañaba a fines de los 90 y principios de 2000, grabar un disco en vivo y continuar con un proyecto que me representa más que ningún otro y que había quedado inconcluso cuando me trasladé a Europa allá por el 2002.     

¿Por qué lo bautizaste “Alivio”? ¿De dónde viene ese título?

El nombre fue apareciendo solo y sigue cobrando distintos sentidos. El concierto que finalmente dimos y grabamos en Jazzología, en el Centro Cultural San Martín, en Buenos Aires, fue a fines de 2019, estaba planeado mezclarse en marzo de 2020 para editarlo a lo largo de ese año. Obviamente la llegada de la Covid retrasó todo el proyecto y estuvo muy presente en las circunstancias que rodearon su concreción, en el hecho que tuviéramos mucho tiempo para escuchar el material que teníamos y que terminamos descartando en su mayor parte, en haber estado trabajando a distancia y en el estado de ánimo general que nos rodeaba a todos. Al momento de pensar en la tapa quise hacer referencia a ese momento y esas circunstancias, y a lo que significó para nosotros. Surgió entonces la idea de ese “doctor de la peste” que en vez de un maletín de médico trae un estuche se saxo, como alegoría de la música como alivio en un momento de angustia, incertidumbre… Luego fueron apareciendo más capas de significados, especialmente el alivio que significa para mí realizar este proyecto, como decía antes, tanto tiempo postergado. 

¿Cómo armaste el repertorio?

Empecé por seleccionar entre mis temas favoritos de toda la vida aquellos que me permitieran explayarme musical y emocionalmente, luego imaginé una tarde de sábado en el teatro Apollo de Harlem, a fines de los 50, una de esas “revistas” vespertinas donde iban desfilando diferentes grupos y solistas, y así fui acomodando los números de tal manera que hubiera una sucesión de estilos, ritmos, climas contrastes… que te atrape y te lleve por un recorrido emocional.

El disco sale en vinilo, que desde hace muchos años ya experimenta un revival, pero que además es el formato en que se lanzaron los discos emblemáticos que grabaste en los años 80. ¿Sentís un especial apego por ese formato?

Un apego absoluto, es el formato en que concibo un álbum, incluso si no fuera a editarse en vinilo me costaría mucho despegarme de pensarlo como tal. Y está fundamentalmente la disposición que el vinilo impone al oyente: un lugar y un momento exclusivos para la música.

Que salga en vinilo es un estímulo para un gran arte de tapa… ¿Cómo surgio la idea y la colaboración con Andy Cherniavsky?

Ya veníamos trabajando la gráfica y el diseño referentes a El Gonzo con Tite Barbuzza, y teníamos varias ideas para la tapa del disco a partir del logo y determinada paleta de colores, pero a raíz de lo que te contaba más arriba descartamos todo y comenzamos por elaborar la mascara y el vestuario del “doctor de la peste” con la gran escultora Betina Sor, quien me hizo el honor de trabajar a partir de una visión mía y llevarla más allá de lo que hubiera imaginado. Nos gustó tanto como quedó que no podíamos menos que levantar la apuesta. No se nos ocurrió otra que Andy para las fotos porque además de ser la enorme artista que es hay una ligazón que garantizaba se involucrara a fondo. Es parte del espíritu de El Gonzo que todos los que participan sean amigos, compañeros de ruta, no concebimos hacer lo que hacemos sin un componente afectivo importante. Lo mismo vale para los ingenieros Mario Breuer, Pablo Hadida, Patricio de Soto…y por supuesto al resto de El Gonzo: Daniel Castro (bajo), Gustavo Ridilenir (flauta y saxo), Fernando del Castillo (Batería) y Alejandro Ridilenir (guitarra) increíbles músicos pero sobre todo grandes amigos.

Y hablando de referentes, así empezamos la nota… ¿Quiénes son los saxofonistas que más te influyeron?
King Curtis, Earl Bostic, Maceo Parker, Coleman Hawkins y de una muy particular manera Charly Parker. La lista podría seguir, pero alguna respuesta tiene que ser corta.

En esta visita a Buenos Aires te sumaste también a La Kermesse. ¿Cómo fue para vos el reencuentro con los músicos, con las canciones y con la mística ricotera?

Para empezar, más del placer de hacer música con amigos: con Dawi, Semilla y Tito Fargo tenemos una colección de momentazos compartidos a lo largo del tiempo y un gran cariño, y mucho mejor que juntarse eventualmente a hablar de recuerdos (que también) es compartir escenarios y giras. El resto del grupo me hace sentir como uno más y me permiten reencontrarme con un público sin igual, tomar contacto con una generación que “se me escapó”, disfrutar de una liturgia que permanece intacta y unos temas que han crecido con el tiempo cobrando cada vez más significados. Y encima es absolutamente complementario con El Gonzo, me provee de la necesaria dosis de volumen y adrenalina, al fin y al cabo no dejo de ser un tipo criado a rock and roll.

En YouTube está el video de tu última presentación con los Redondos en Obras, a fines de 1990. ¿Recordás esa noche?

Sí, claramente. No se si es idea mía, pero cuando veo ese video percibo cierta expresión en mí del tipo “auch, como voy a extrañar esto”.

Los Twist, Charly, los Redondos, Soda Stereo, Fricción, Sumo… En todos esos grupos tocaste en los primeros años de tu carrera… ¿Cómo pesa eso en tu presente, y en tu historia, más allá del currículum?

Lo único que pudiera ser un peso es que me quedó de aquella época tal vez demasiada consciencia de mí mismo, en cuanto al currículum, me abre puertas y me permite el privilegio de hacer lo que me gusta y que tenga difusión, así que no pesa en lo más mínimo, si bien a veces me gustaría hablar más del presente. Esto se va equilibrando de a poco.

El año pasado El rock de los 80 llegó al Museo Histórico Nacional. ¿Qué te pareció la muestra? ¿Cómo se siente que tu generación ya sea parte de la Historia?

Soy de ir a museos y soy aficionado a la historia, y desde ahí me pareció sorprendentemente bien curada. Y la verdad es que da vértigo ver tu ropa de tocar en una vitrina, pero por otro lado el orgullo es innegable, o más bien la constatación de haber pertenecido a una corriente que ha trascendido y que posiblemente haya un legado que va a perdurar. Escuché ya un par de veces por ahí que los “ochenteros” somos los “segundos clásicos del rock nacional” y tal vez sea cierto, no me toca a mí decir si lo es o no, mientras tanto mi “carrera” transcurre más que nunca en el presente.

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