¿Cómo estás?
La vida es una bendición. Agradezco todo lo bueno y lo malo que me pasó, y el privilegio de llegar a viejo. Muchos no lo tuvieron. Perdí a mi hermano, a mi amigo Paul Allen, a John [Belushi], demasiado temprano. Perdimos mucho y yo sigo acá.
¿Cómo fue, emocionalmente, recordar a John para tu nuevo audiolibro?
Estimulante y a la vez muy duro. Y después también hubo algo de alivio. Me di cuenta de que aún no había logrado procesar mucho de lo que pasó.
Es curioso, contás que la idea original de los Blues Brothers era más chica. En realidad querían hacer simplemente blues y no tanto soul y lo demás.
Fue así. Siempre me encantó el jump swing —Cab Calloway, Winona Harris, Jimmie Lunceford–, pero con John pensábamos ir por el lado del blues; una banda con armónica y quizás tres o cuatro músicos, pero después la cosa se extendió a los vientos y empezamos a hacer canciones como “Who’s Making Love”, de Johnnie Taylor, y nos dimos cuenta de que al blues lo podés llevar más lejos y hacerlo más rápido y divertido para bailar. Cuando sumamos a [Steve] Cropper y [Donald Duck] Dunn [de Booker T. and the M.G.s], que eran la columna vertebral de Otis Redding, Wilson Pickett y un montón más, ellos le dieron otra forma. “Duck” Dunn dijo: “Si sacan un disco de blues van a vender solo hasta cierto punto. Deberían meter un tema soul, un tema R&B, una versión de ‘Soul Man’”. Nos abrió la cabeza. Y así fue que nos convertimos en una banda de Chicago blues. Había Stax, había Chicago, había grandes sesionistas de Nueva York y jump swing, y el grupo se convirtió en uno de los mejores de todos los tiempos, con ese baterista de 19 años, que era Steve Jordan, y una onda festiva en todo el show. Esa era la clave: grandes músicos, grandes temas del repertorio afroamericano. A nosotros dos nos veían como los graciosos, los raros, pero a la vez honrando a los verdaderos artistas, las auténticas super estrellas.
¿Qué pensás de que Steve Jordan ahora toque con los Rolling Stones?
Sí que tienen suerte de tenerlo, ¿no? Steve era increíble. Él se cargó ese disco [Briefcase Full of Blues], nos dio ese sonido. Fuimos muy privilegiados de tenerlo como un Blues Brother. Además es un gran tipo con el que estar. Keith es el uno; Ronnie, el dos. Pero Steve es el tres, seguro.
¿Cuándo te diste cuenta de que John podía estar al frente de la banda?
Cuando lo vi cantar un tema de Joe Cocker. La verdad es que John podía hacer cualquier cosa. Nunca tuve dudas, aunque éramos los integrantes con menos talento en la banda.
En los setenta, los acusaron de apropiación cultural. Su defensa parecía ser que el proyecto trataba de preservar una música que estaba pasando de moda.
Siempre fue así. La misión fue siempre de preservación. También nos divertíamos, esa fue una motivación fundamental. Y lo llevamos a un nivel cinematográfico, lo que amplió la percepción pública de esos grandes artistas y llevó al blues un poco más lejos. Reivindicamos a James Brown, Aretha Franklin y John Lee Hooker. Varias veces nos ofrecieron comprar los derechos de esos temas y nunca aceptamos. Siempre nos aseguramos de que las regalías le llegaran a quien correspondía.
Me sorprendió saber que hubo mucho racismo a la hora de distribuir la película. The Blues Brothers casi no se vio en Alabama. ¿Eso te llamó la atención?
¿En 1980? ¡Por favor! Claro que me sorprendió. A todos nos sorprendió y escandalizó. ¿Cómo podía pasar algo así en 1980?
Por su adicción, Belushi tendría buenos y malos días. Como amigo, pero también como quien trataba de terminar una película, ¿cómo lo manejabas?
Estaba muy encima del tema, monitorieando su comportamiento minuto a minuto. Y, por otro lado, soltando un poco también, porque sabía que si presionaba demasiado John se me podía ir. Así que lo trataba con cuidado, tratando de calibrar la situación, lo cual es muy difícil con alguien al que le gusta la cocaína. Pero no recuerdo ningún episodio grave.
¿Por qué te gustaría que se recuerde a John Belushi?
Eso ya no lo podemos cambiar: será recordado por su espectacular trabajo y por lo triste de su muerte. Está todo ahí. Pero podría contarse un poco más quién era en privado: un tipo culto, cálido, divertido. Uno de esos personajes magnéticos, que querías tener siempre cerca, como Elvis o Hendrix. Una personalidad eléctrica, compasiva y buena para el negocio. Un gran ser humano.


