Crítica: ‘Billy Joel: And So It Goes’

Se necesitan cinco horas para resumir la extensa trayectoria y, más aún, los tropiezos personales y los accidentes de tránsito del cantante

Por  DAVID BROWNE

septiembre 16, 2025

HBO

A lo largo de sus dos partes y cinco horas, Billy Joel: And So It Goes reúne a muchos músicos amigos de la leyenda del título, desde Bruce Springsteen y Sting hasta, sorprendentemente, Nas. Todos dan testimonio de la habilidad de Joel como compositor, de su estilo campechano o de las veces que se enojó por las malas críticas. Pero es un amigo, no músico de Joel, Howard Stern, quien señala por qué este documental es más cautivante de lo que se podría esperar. Como dice Stern, esta historia es, “psicológicamente, mucho más profunda de lo que Billy admite”

Desde el principio, se percibe el deseo de las directoras, Susan Lacy y Jessica Levin, de que su bien elaborada película se centre en la música y la carrera de Joel. ¿Y por qué no? Ha sido bastante extraordinario: un chico de Long Island, a menudo acosado y atormentado por sentimientos de abandono, después de varios intentos fallidos se convierte en una estrella del pop que llena estadios, gracias a canciones cuyo clasicismo no siempre estuvo en sintonía con los tiempos del rock & roll. Se casa con una supermodelo, se convierte en una de las pocas estrellas de los setenta aclamadas por MTV, escribe éxitos imperecederos y aterriza en su papel actual como Sinatra de la generación boomer, también apreciado por los millennials y la Generación Z.

Pero a lo largo de And So It Goes, la personalidad de Joel —testaruda, pendenciera, a veces autodestructiva— irrumpe constantemente en la narrativa, amenazando con descarrilar su carrera, su vida personal o ambas.

El lado oscuro de Joel no es novedad. Pero este retrato pretende profundizar en su psique e indagar en lo que lo ha atormentado y perseguido desde la infancia. A pesar del exceso de testimonios y escenas de fans vitoreando en sus conciertos, And So It Goes también tiene momentos de sorprendente franqueza, algo poco común en el estado actual de los documentales musicales “autorizados”. Al final, uno se sorprende no solo de que canciones como “Vienna” hayan impactado en una nueva generación, sino de que Joel haya logrado sobrevivir a todas las veces que se metió en problemas.

Para quienes conocen lo básico de la historia de Joel, el documental sigue una narrativa predecible. Lo vemos como un joven con flequillo desaliñado tocando el órgano en The Hassles, banda de garaje de Long Island; formando el dúo de heavy metal, proto-Spinal Tap, Attila; y lidiando con un primer álbum en solitario (Cold Spring Harbor) cuyo proceso resultó fallido, tras lo cual se ve agobiado por problemáticos contratos. Una vez más, escuchamos cómo se muda a Los Ángeles y acepta un trabajo en un bar para ganar dinero y esconderse, lo que resulta en, sí, su canción emblema: “Piano Man”. Vemos cómo conoció y se casó con Christie Brinkley, su aparente polo opuesto, cómo logró una segunda vuelta con “Storm Front” de 1989, cómo tomó la decisión de dejar de escribir canciones y cómo chocó tantos vehículos que literalmente se convirtió en un sketch de Saturday Night Live.

Pero también conocemos al padre distante a quien Joel no vio por décadas, su incómoda reunión y cómo esa situación inspiró “Vienna”; las batallas de su madre soltera contra el alcoholismo y la depresión; y la historia de sus abuelos judíos, dueños de una fábrica de ropa contigua al lugar de las concentraciones del partido nazi en Núremberg, Alemania. Los intentos de suicidio de Joel antes de alcanzar la fama ya habían sido documentados, pero su inclusión aquí sugiere por primera vez la oscuridad que lo dominaría en el futuro. Elizabeth Weber, la primera esposa y posterior mánager de Joel, también hace una rara aparición pública, y se presenta como alguien que fue dura con él y con su banda, pero que también jugó un papel fundamental en salvar su carrera. Joel, ahora con el aspecto de un curtido marinero de Long Island, relata o corrobora estas historias con una mezcla de franqueza, melancolía y desafío. (“Nunca fui detenido por conducir ebrio, así que jódanse”, dice en respuesta a los informes sobre sus accidentes).

Naturalmente, las canciones y los álbumes se muestran en abundancia. Y aunque uno pueda estar cansado de escuchar “Movin’ Out (Anthony’s Song)”, “The Longest Time” y “She’s Got a Way”, es fácil entender por qué resisten tan bien el paso del tiempo. En una época en la que la composición se reduce a un rasgueo desganado sobre melodías gastadas, las canciones de Joel parecen las últimas que podrían ser versionadas dentro de 50 años. Resulta entretenido escuchar las historias que las inspiraron. Algunas de esas historias no muestran a Joel bajo una luz especialmente halagadora. “Tenía un complejo de inferioridad”, admite Joel en un momento.

El auge y la disolución del matrimonio Joel-Brinkley ocupan una parte sustancial de la segunda mitad del documental. Verlos pasar de ser una pareja enamorada en películas caseras y en el video de “Uptown Girl” a una pareja destrozada por sus juergas resulta deprimente. Al relatar su eventual divorcio, Brinkley dice: “No se daba cuenta de cuánto daño podía causar” cuando bebía.

Lacy y Levin no edulcoran nada de esto ni las maneras en que Joel coqueteó con el desastre a medida que su estilo de vida se descontrolaba. Vemos un poco de ese sketch de SNL y muchos de esos titulares sobre accidentes automovilísticos. Se relata su disputa con Elton John, después de que John lo criticara en Rolling Stone, así como su paso por rehabilitación, la ruptura de su tercer matrimonio (con la chef y presentadora de televisión Katie Lee) y su posterior recaída. Dado su talento innato para las melodías, la decisión de Joel de dejar de componer canciones pop sigue siendo desconcertante después de más de 30 años. “Me liberé de la tiranía de la rima”, dice, sentado al piano. Como otros se aventuran a conjeturar, quizás no quería que sus canciones posteriores fueran comparadas desfavorablemente con sus éxitos populares. Pero ahora que tantos contemporáneos siguen publicando material nuevo a sus ochenta, la decisión de Joel resulta aún más llamativa. ¿Fue otra forma, quizás subconsciente, de socavar su carrera? Quizás no, pero el documental te hace dudar.

CONTENIDO RELACIONADO