Quizás te cruzaste con la imagen de un hombre cavando una tumba bajo un cielo oscuro y gris en HBO. Unos caballos relinchan inquietos bajo la tormenta. Después de bajar un cuerpo al pozo, la corpulenta figura con la pala pronuncia unas palabras solemnes. Es un escudero llamado Dunk y le está dando sepultura a su antiguo amo, un anciano caballero que prácticamente lo crió.
Al día siguiente, Dunk jura seguir adelante en busca de aventuras. El fornido joven se considera un “Ser”, el título que ostentan los hidalgos caballeros del reino; las menciones, al pasar, de Desembarco del Rey y Lannisport nos confirman en qué universo nos encontramos. Dunk ha oído de un torneo en la cercana Ashford, donde hombres valientes pueden ganarse un nombre. Una melodía familiar comienza a sonar sobre la escena… Y entonces la música se corta repentinamente y pasamos a una toma de Dunk cagando detrás de un árbol. Bienvenidos al nuevo spin-off de Juego de Tronos.
Los orígenes de A Knight of the Seven Kingdoms se remontan casi tan lejos como los libros de Canción de hielo y fuego que le dieron a HBO su mayor éxito. Pero a menos que estés familiarizado con los Cuentos de Dunk y Egg, de George R.R. Martin –el primero, El caballero errante, apora el material para esta precuela de seis episodios–, podrías no saber que esta serie interactúa con Juego de Tronos. Su campaña de marketing fue modesta en comparación con el lanzamiento de, por caso, La Casa del Dragón. El único dragón que vas a ver acá está hecho de madera y controlado por titiriteros.
Y el hecho de que subvierta inmediatamente cualquier sentido de grandeza propio de G.O.T. con un chiste escatológico te dice todo lo que necesitás saber sobre la serie. El despliegue épico característico de la revolucionaria saga de D.B. Weiss y David Benioff brilla por su ausencia; en una entrevista con The Hollywood Reporter, Martin confesó que parte del atractivo para sus jefes corporativos al adaptar estas historias era que podían resultarles baratas.
Así las cosas, A Knight… no le suma capítulos a la saga, sino que presenta una comedia de amigos algo excéntrica, a veces ruidosa, en los márgenes de aquella gran historia. La acción tiene lugar aproximadamente un siglo antes de los eventos de G.O.T., y una vez que Dunk (Peter Claffey) inventa su título de caballero sobre la marcha –Duncan el Alto–, quizás recuerdes haber escuchado ese nombre varias veces en la serie original, porque eventualmente será una figura importante en la Guardia Real. ¿Y Egg (Dexter Sol Ansell), el “mozo de cuadra” pelado que Dunk conoce cuando llega a Ashford y que se convierte en su escudero? Vale la pena aclarar que resultará extremadamente familiar una vez que se revele su identidad hacia la mitad de la serie.
HBO estudió varias ideas potenciales para ficciones luego de Juego de Tronos, incluida una que habría seguido las aventuras de Jon Snow. La que arrancó en punta fue La Casa del Dragón, que se enfocó en eventos 200 años anteriores a los de Juego de Tronos y replicó la fórmula de la original con bestias escamosas, escenas con muchos efectos visuales e intrigas palaciegas llenas de sexo y violencia. Y parecía haber repetido y amplificado también los errores de la desastrosa temporada final de Tronos. Los creadores daban la impresión de sentir que si simplemente tiraban grandes cantidades de dinero, mitología y dragones a la pantalla, la gente lo aceptaría con gusto. En cambio, A Knight… es, en esencia, un estudio de personajes desaliñado que enfatiza el deambular junto a este improbable dúo en lugar de azotarlos con interminables batallas. Y es eso, justamente, lo que hace a este spin-off mucho más interesante.


