Arath Herce y ‘Musas en mí’, un renacer desde el silencio, el tiempo y la intuición

El cantautor veracruzano presenta un disco profundamente humano, grabado en vivo junto a su ídolo Leif Vollebekk, y concebido desde la necesidad de reencontrarse con la música desde la honestidad.

octubre 17, 2025

Cortesía Arath Herce

A unos días del lanzamiento de Musas en mí, Arath Herce habla sobre el largo proceso detrás de su segundo álbum: un viaje introspectivo que va del silencio a la plenitud creativa. Grabado junto a músicos que trabajaron con figuras como John Lennon, Bob Dylan y George Harrison, el disco se erige como una declaración de libertad artística. En conversación con ROLLING STONE en Español, Arath reflexiona sobre el aprendizaje de grabar con sus héroes, la influencia de Natalia Lafourcade, la importancia del error y el arte de respetar los tiempos de la música.

A unas horas de lanzar algo con un proceso tan largo, con tantas horas y emociones, ¿qué sientes?

He pasado mucho tiempo soñando y absorbiendo expectativas ajenas. Creo que la mayor ambición que uno puede tener es hacer el disco que realmente quiere, y en ese sentido me siento feliz.

Porque sí hay muchas expectativas, ¿no? De gente muy talentosa y grande. ¿Eso te pone presión o te motiva?

Por un lado, te emociona y te impulsa a demostrar, pero por otro es un veneno que te distrae del verdadero objetivo: hacer música y vivir el momento. La voz interior se nubla y dejas entrar otras voces. Estoy justo en ese proceso de volver a sacarlas.

El año pasado dijiste: “Solo hago música para no defraudar a mis héroes”. ¿Crees que estarían orgullosos?

No sé, prefiero no pensarlo. Pero cuando tengo dudas, a veces les pregunto.

Cortesía Arath Herce

La lista de músicos con los que trabajaste es impresionante. Entre ellos hay quienes colaboraron con Lennon, Harrison o Dylan. ¿Cómo te sientes de eso?

Es un honor haber podido aprender de ellos y grabar con ellos. Muchas de mis partes favoritas del álbum surgieron de ideas inesperadas que trajeron los músicos. Mi proceso consiste en hacer demos con los arreglos que imagino desde que escribo las canciones y tratar de replicarlos en vivo. Tenía miedo de que, al tener todo tan claro, se perdiera la magia del momento. Leif, mi coproductor, ayudó mucho al limitar las tomas a tres por canción. Si no salía en esas tres, lo dejábamos para el día siguiente. Así manteníamos la frescura. Trajimos músicos increíbles y no les dimos instrucciones específicas. Aunque teníamos muy claro lo que queríamos, Leif insistía en no decirles nada. Fue fascinante ver cómo llegaban solos a lo que buscábamos y, al mismo tiempo, aportaban ideas nuevas. Fue muy divertido trabajar así.

Claro, porque si les das una dirección, la siguen al pie de la letra, pero pierden la oportunidad de proponer.

Sí, al final ellos también son artistas. Me gusta mucho el cine, y a veces veo entrevistas donde los directores hablan de cómo guían a sus actores. Ellos también piensan mucho y quieren aportar. Si desde el inicio das una dirección muy concreta, puedes limitar su libertad. Es raro, porque eliges a estos artistas por lo que ya hicieron, por algo que les salió naturalmente, y luego quieres que repitan eso.

Es como si en cine tienes a DiCaprio o a Streep, déjalos aportar su visión.

Exactamente. A veces era frustrante. Cuando varias tomas no salían, le decía a Alex que mejor les dijéramos lo que queríamos o intentáramos con otro artista. Hay una canción llamada ‘Quién pensaría’ que intentamos grabar un día y no fluía. Se generó algo de tensión. Al día siguiente, el baterista regresó diciendo que había escuchado un disco en la noche, habló con su esposa y tuvo una idea. Esa primera toma fue la que quedó.

¿De dónde viene tu colaboración con Leif Vollebekk?

De mi admiración por él. Twin Solitude y New Ways son discos que me han acompañado por años. Todo surgió por casualidad. Cuando trabajaba con Natalia Lafourcade, me invitó a su casa y me enseñó demos de De Todas las Flores. Le conté que quería otro productor; si lo hacía solo, jamás lo terminaría. Ella me propuso a Leif, sin saber que era mi artista favorito. Me encanta su sensibilidad y ese minimalismo que aplicamos al disco. Grabamos todo en una semana y luego pasamos meses muteando la mayoría. Fue un proceso muy interesante.

Cortesía Arath Herce

Qué fuerte grabar tu disco con tu artista favorito.

Sí, fue muy bonito. Pero hay que mantener la conciencia de no dejar que eso te nuble. No importa con quién estés: tienes que confiar en tu intuición y decir cuando algo no te gusta.

Claro, al final tú eres el artista.

Exacto. No hay que ceder por admiración. En este disco ninguno de los dos cedió. Trabajamos hasta que ambos estuvimos completamente convencidos.

Trabajar con ese nivel de gente implica que muchos creen en ti. ¿Qué sientes al tener esa confianza depositada en ti?

He tenido suerte de recibir ese apoyo. Este disco es un sueño. Haberlo hecho con tiempo, con los músicos que participaron, en un álbum no comercial, y con tanta confianza, significa mucho para mí.

¿Buscas visibilidad de masas o te basta con que llegue a quien deba llegar?

Me encantaría que mucha gente lo escuche, pero no creo tener tanto control. Lo importante es el compromiso con la propia música. Hay que estar orgulloso de lo que uno hace y no sacrificarlo por visibilidad. Si mi música tiene un límite, no voy a traicionarla para llegar a diez personas más.

La industria exige mucha velocidad, algo que admiro de ti es que te tomas tu tiempo para respetar el proceso creativo. ¿Crees que eso está afectando el arte?

Definitivamente. No solo en el arte, en todo. Hay una presión social por ser productivos. Con la inteligencia artificial, te das cuenta de que eso lo puede hacer una máquina. No necesitamos más contenido vacío. Las canciones son registros de vida, y si no nacen desde ahí, solo estamos llenando un espacio. No hace falta otra canción que no venga de ese lugar genuino.

Artistas muy importantes como Leonel García o Natalia Lafourcade han mostrado su apoyo a tu proyecto. ¿Qué significa eso para ti?

Es muy bonito sentir esa complicidad con artistas que admiro y que tienen más camino recorrido. Han sido generosos conmigo. Vengo de Veracruz, donde ni siquiera llegaban muchos conciertos. Cuando firmé con Sony, ni sabía lo que era una disquera o una editora; tardé un año en entenderlo. Que artistas así apoyen a los que empiezan me parece algo muy noble, y es algo que me gustaría devolver cuando me toque.

Cortesía Arath Herce

Grabaste gran parte del disco en vivo. ¿Qué aporta eso al resultado final?

Me encantan los álbumes que suenan reales, donde se escucha el cuarto, los errores, la respiración. Es más fácil apreciarlo en otros, pero uno tiende a juzgarse. Si buscas humanidad, grabar en vivo es la mejor forma. No hay tiempo para la perfección. Y la perfección, realmente, no existe.

El error humano también es parte de la música genuina.  

Totalmente. 

¿Cuál fue el papel de Natalia Lafourcade en el disco?

Ella fue el puente hacia Leif. Curiosamente, el día que lo llamó, él había escrito en su diario que quería producir para alguien más. Le dijo: “You’re a witch”. Fue una especie de bruja para este disco. También participó haciendo coros en dos canciones. Me encanta que su voz quedara ahí, porque fue esencial en cómo terminó sonando todo. La admiro mucho, siempre me inspira.

El comunicado del álbum hablaba de una etapa entre la sequía creativa y el renacimiento artístico. ¿Cómo vives cada una?

El disco nace de ese periodo. Hubo un silencio largo donde me pregunté por qué quería compartir mi música. Con la pandemia vino ese silencio, y de ahí surgieron nuevas canciones. Me enamoré de mi mejor amiga, y eso también abrió muchas cosas. Estoy aprendiendo a ver esos bloqueos como estaciones, como cuando los árboles pierden sus hojas. Es natural. Hay que dejar que todo descanse antes de volver a florecer.

¿Hubo complicaciones en el proceso de grabación?

No realmente. Grabamos en vivo con todos los músicos, menos la orquesta. Luego pasó un mes de escucha para entender qué hacía falta. Después grabamos detalles con Leif y la orquesta en México. Cada canción tenía su propio carácter, así que usamos tres ingenieros distintos para las mezclas. Fue un proceso largo, pero necesario. Me di tiempo para dejar reposar las grabaciones y escucharlas sin juicio. Este álbum fue, sobre todo, un ejercicio de paciencia.

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