Hace un par de años, la industria de la música en español dio un vuelco al abrirle aún más las puertas a ritmos provenientes de África que, a su llegada, se entrelazaron con los sonidos urbanos y algunos del Caribe para forjar un nuevo estilo. En ese movimiento, Juan David Loaiza, más conocido como Kapo, se ha convertido en su mayor exponente.
Su álbum debut, titulado Tu og favorito, fue la semilla y, al mismo tiempo, la respuesta para emprender un nuevo camino en su segunda gran producción: Por si alguien nos escucha, un disco que, sin lugar a dudas, escuchó todo Colombia, desde quien le da play en su plataforma de streaming dentro del carro, hasta quien llama a pedir sus canciones en la radio. Un álbum que conectó con un público saturado que, sin importar el estrato, necesitaba algo diferente.

Esta nueva ola de lo que hoy se conoce popularmente como afrobeat abrió ventanas para artistas que se encontraban en las periferias de la gran industria, como Jossman, con un sonido más inclinado hacia los ritmos folclóricos del Pacífico, o Zaider, influenciado por los sonidos del Caribe. Kapo llegó a la gran industria abriendo nuevos caminos.
“Una niñez en una estación de gasolina al borde de la carretera”. Así comienza la historia que Kapo nos cuenta, que va desde su juventud en El Cabuyal, un corregimiento cerca de Cali, hasta Dallas, Estados Unidos, donde compartió tarima como invitado en un concierto de Peso Pluma, y en donde nos cuenta su historia. “Km 5, vía Candelaria – Puerto Tejada. Ahí vivía, en una estación de gasolina marca Terpel, a cinco minutos de El Cabuyal y a doce de Candelaria. Estábamos rodeados de criaderos avícolas y cerca de la Hacienda Los Cocos, un lugar con una historia triste”. Y es que allí, en 1990, en medio de conflictos entre los carteles de Cali y Medellín —este último liderado por Pablo Escobar—, ocurrió una masacre que dejó 19 personas muertas.
“Crecí al lado de mi madre, siempre junto a doña Orfa, entre la estación de gasolina y un restaurante dentro de la misma. Estudié en el colegio Merino Renjifo Salcedo. Eso fue desde mis cinco hasta los 16 años, cuando me fui a vivir a Bogotá”, recuerda el artista sobre su infancia y adolescencia, marcadas por el olor a gasolina y el amor de doña Orfa.

La relación con su padre fue distante. Aunque no estuvo presente durante su juventud, y Kapo lleva el apellido de su madre, los azares y coincidencias de la vida terminaron conectándolos, incluso en su nombre artístico: “Cuando papá sale de la mina, me pregunta, ‘¿A qué te dedicas?’. Le digo, ‘Soy cantante’. Me responde, ‘¿Maluma o J Balvin?’. Le dije que no, que soy Kapo. Al pana [su padre] le chocó, porque dentro de la mina a él también le decían ‘capo’. Fue una coincidencia muy fuerte; como que mis energías atraparon cosas de él sin que él estuviera”.
Esa palabra —“Kapo”, con k de king, como él mismo explica— va mucho más allá del significado cotidiano. “Un capo es un rey en su mundo. Es alguien que da y recibe respeto. No viene de una familia con dinero, sino de una familia con principios. Ser capo es llevar esa energía sin importar el estrato”.
Al llegar a Bogotá a los 16 años, el sueño de ser cantante seguía intacto, aunque, como él mismo reconoce, es un camino lleno de incertidumbre. “Todos los días pensaba en rendirme. Me sentía incapaz de pegar una sola canción; muchas veces creí que nunca iba a pasar”. ¿Qué lo motivaba? “Escuchar mi música: soy un duro [Risas]”.
“Un capo es un rey en su mundo. Es alguien que da y recibe respeto. No viene de una familia con dinero, sino de una familia con principios. Ser capo es llevar esa energía sin importar el estrato”.
Ese anhelo iba más allá del lujo o la fama, de querer comprar carros o ropa de lujo. Era una búsqueda íntima: la de ese niño del kilómetro 5, vía Candelaria – Puerto Tejada, que quería conectar con otras culturas y llevar su energía al mundo. “Que el pelado de una estación de gasolina pueda conectar con gente en Europa, Centroamérica y EE. UU. con una energía orgánica, me ha dado seguridad en mi arte. Porque el arte muchas veces hace sentir inseguro al artista”.
Dentro de la industria de la música en español hay un antes y un después a partir del 6 de junio de 2024, cuando Kapo decidió tomar un camino distinto al del trap y el “malianteo” dominante. “En 10 años vamos a entender lo que significó ‘Ohnana’. Yo fui un bicho raro, dejé de lado las palabras sucias y nadie sabía para dónde iba. Me motivó ver los resultados cuando tomé un camino contrario al de todo el mundo”, explica sobre el inicio de su ascenso, consolidado meses después con ‘Uwaie’.
Aunque la fama y el éxito vienen con un sinfín de cosas buenas, dentro de la industria musical no es raro que se aprovechen del artista del momento, y es que seguido al éxito de Kapo, que se disparó con los dos sencillos previamente mencionados, las puertas y colaboraciones se abrieron de par en par, pero solo pensando en una cosa: sacar ventaja del artista del momento para inflar los números de algunos otros artistas que posiblemente estaban estancados.
“Muchas veces me he sentido usado, esas mismas personas que te llaman a colaborar, son las que antes, cuando uno hacía música hasta con más ganas, buscando pegar algo, te decían que no”.
Un sinfín de invitaciones para crear llegaron a las manos de un artista al que muchas veces antes le habían cerrado las puertas. No obstante, Kapo aprovechó la oportunidad para seguir empapándose de la industria y la música de colegas, creando grandes éxitos junto a artistas como Danny Ocean, Ryan Castro, Manuel Turizo, y algunos más. “Llevo apenas dos años pegando en la industria, y uno todavía lo siente: que algunas veces solo se quieren aprovechar de esa fama. Muchas veces me he sentido usado, esas mismas personas que te llaman a colaborar, son las que antes, cuando uno hacía música hasta con más ganas, buscando pegar algo, te decían que no. Pero, bueno, llegó el momento. Es importante tener claro que uno no le debe nada a nadie, pero debe ser agradecido. Con el tiempo uno se va dando cuenta qué colaboraciones fueron genuinas y cuáles fueron solo porque uno estaba pegado”.

Las vibras y energías de la gente son muy importantes a la hora de conectar con Kapo, al igual que su espiritualidad. Y aunque busca ser una persona muy querida por todos, cuando percibe una energía guiada únicamente por el interés, choca de inmediato con su propia vibra, a la que denomina orgánica y con la fe puesta en Dios. “Al que se mete con un hijo de Dios, le va mal. Yo siempre estoy con Dios, y no soy un santo, pero siempre estoy con Él”, son algunas de las ideas que manifiesta con cierta recurrencia. Además, comparte su historia junto a Dios y algunos recuerdos: “Desde que era niño fui cercano a Dios. Recuerdo saber cuál era el bus que me llevaba a la iglesia los domingos, y vale la pena aclarar que yo nunca sabía en qué día estábamos, excepto los domingos de iglesia. Yo me sentía muy bien, me gustaba estar cercano a Dios. Papi, le confieso, yo he sido tremendo y travieso en mi vida, y en esa necedad el que me ha ayudado ha sido papito Dios; Él nunca abandona. Hay personas en el mundo que sienten que se ridiculizan por decir un ‘Dios te bendiga’, pero yo no. Mañana puedo terminar cantándole a Cristo sin ninguna pena”, y finaliza la frase con un “amén”.
Cantar en el corazón de Bogotá y hacerlo palpitar es un hito en la carrera de todo artista colombiano: llenar el Movistar Arena de la capital de su país. Más de tres horas sobre la tarima dejaron en claro que Kapo, aún estando en la cima, sigue escalando. Éxito tras éxito, no permitían que el público se sentara y, aunque el baile y los gritos fueron sumamente emocionantes, el momento cúspide llegó cuando él exclamó: “Somos artistas, no somos productos. Sí, somos productos, pero del amor”, un mensaje que probablemente nadie esperaba, dicho con una asertividad precisa.
“Hay personas en el mundo que sienten que se ridiculizan por decir un ‘Dios te bendiga’, pero yo no. Mañana puedo terminar cantándole a Cristo sin ninguna pena”.
“Hay un tercer ángulo: hay uno negativo que te deja resentido, hay otro positivo que te deja agradecido, y en la mitad está el de hacerte sentir lo que eres y punto. Algunas veces voy a tener rabia y en otras ocasiones alegría, y al ser uno mismo como artista y tener sentimientos, dejas de ser un chicle o una crema. Yo tengo una organización que me vende de manera comercial, pero yo tengo alma, y hay días en que no quiero que me vendan; hay días en que me indispongo y no quiero ver a todo el mundo mostrando esa cara perfecta de Kapo. Por más que nos comercialicen, nosotros tenemos alma; a nosotros también nos sudan las manos. Es importante que el público entienda que nosotros somos luz, que tenemos alma y que somos gente que siente; todo eso está primero, antes que el artista”, explica sobre el mensaje que dejó en su primer show en el Movistar Arena: un mensaje profundo y necesario dentro de una industria musical que, en la gran mayoría de las ocasiones, los ve como productos, y no como personas.

De Pirlo a Luis Alfonso, pasando por Ryan Castro y Nanpa Básico, Kapo es un artista que se desenvuelve con gran maestría en los diferentes estilos que lo rodean. Como él mismo lo dice, se sentiría igual de cómodo al lado del Grupo Niche que de Luis Alberto Posada o Jowell & Randy. “Me encanta poder reunir diferentes artistas de universos distintos”. Además, confiesa sus mayores sueños al hablar de colaboraciones: Justin Bieber y Juan Luis Guerra. “Ya hubo una fake news de que iba a colaborar con Justin; es cuestión de tiempo que suceda. Y les adelanto: en Afrorosa se cumplió un sueño de colaborar con un artista anglo”.
Durante ese primer gran espectáculo en la capital colombiana, el artista criado en El Cabuyal también presentó el que será su tercer álbum de estudio: Afrorosa, un disco que promete una conversación entre la fuerza de lo afro y la suavidad de una rosa. “Yo siempre he sido un man muy apasionado. Todo empezó con lo rosa de las mujeres y la flor, esa sensualidad y pasión que irradian por todo. El lado afro es lo que me impulsa, es esa actitud fuerte. Entonces, este nuevo álbum es una conversación y un viaje entre actitudes. Afrorosa viene con juntes especiales, con nuevos géneros que me han puesto a experimentar. Este disco creo que es el primero que puedo soltar sin tanto miedo, porque la creatividad viene con miedo”, explica.
“Yo tengo una organización que me vende de manera comercial, pero yo tengo alma, y hay días en que no quiero que me vendan; hay días en que me indispongo y no quiero ver a todo el mundo mostrando esa cara perfecta de Kapo”.
La llegada de Kapo a la gran escena, sumada al imparable crecimiento de TikTok y sus nuevos formatos de videos cortos, está marcando el paso. Ver cómo todo el Movistar Arena de Bogotá hacía el paso viral de la canción ‘La villa’, junto a Ryan Castro, no es un fenómeno menor, es una señal de lo que seguramente veremos con mayor frecuencia en el futuro. “Ya he marcado momentos importantes dentro de la industria: lo que pasó con ‘Ohnana’ y con el baile de ‘La villa’”, reconoce el propio artista, aunque confiesa que cuando buscan “pegar” un baile para una canción no funciona; los que realmente se vuelven virales son los que surgen de forma orgánica: “Las veces que me he puesto a pegar un baile en TikTok, no me ha funcionado [Risas]. La gente no se deja mentir; si les gusta, se lo comen, pero no es cuestión de saturarlos tratando de imponer un baile. Estoy seguro de que, en algunos años, el baile de ‘La villa’ va a ser un clásico, porque fue algo que sucedió de forma natural”.
Y pensando en ese futuro, en el que posiblemente haya un apartado en los libros de historia de la música que hable del fenómeno Kapo, también reflexiona sobre cómo será cuando sea mayor, pero aún más exitoso: “Espero haber dado mucha cátedra y que mucha gente haya soñado conmigo. Que alguna canción haya conectado íntimamente con los corazones de la gente… El futuro te pone a dudar, pero toca vivir la vida y seguir haciendo un gran catálogo musical. Espero hacer un gran festival en El Cabuyal, ese es un gran sueño”.

Recordando el concierto en Bogotá y ese anhelo de llevar un festival al corregimiento donde creció, reflexiona sobre lo bueno y lo malo de vivir en gira: “Mi público es una mezcla entre lo indie y lo comercial. Indie porque hay muchas cosas dentro del ámbito comercial en las que no estoy de acuerdo, y comercial simplemente porque mi música se metió ahí; ese es mi público en los conciertos, y eso es lo mejor de las giras. Lo malo son esos vuelos larguísimos, y no poder disfrutar de cada lugar nuevo a plenitud. Dentro de Colombia, aparte de Bogotá, Bucaramanga me sorprende un montón; esa gente de verdad goza”.
¿Cuál es el secreto para que la fama no se le suba a la cabeza y seguir teniendo la misma energía de ese peladito de El Cabuyal? “En ocasiones a uno se le sube la fama a la cabeza. A mí, tal vez, no de formas tan negativas; sobre todo me pasa que hay días en los que no quiero salir de mi casa, y que me lo lleven todo. En términos de ego y esas vainas, es solo con la música, porque eso sí, yo soy el más orgulloso de mis vainas. Pero siempre estoy aterrizado, porque mi mamá me criócon principios. Igual, uno debe confesar que tiene agarrones con la gente muchas veces, pero eso es lo que lo vuelve a uno genuino, como cualquier otro ser humano. Todo hombre ríe, llora y pelea. La fama se lleva poco a poco; así no se olvida de dónde viene uno. Uno recibe con la mano izquierda y devuelve con la derecha”.
Una energía cercana y una persona que en todo momento te mira a los ojos, con plena seguridad en lo que hace; ese es Kapo, un artista que salió de una gasolinera y llegó a prenderle fuego a una industria que pedía cambio.


