Este es el eco de muchas voces, de Silvio Rodríguez, Mercedes Sosa, Víctor Jara, Caetano Veloso o Violeta Parra, pero sabe hacerle el quite, al menos en parte, a la demagogia fácil, mientras nos lleva a los llanos del Orinoco, a las cimas andinas, a las playas del Pacífico y el Caribe, a la Patagonia, y a las pirámides centroamericanas, con una letra que recuerda a García Márquez y a Maradona.

La participación de Susana Baca, Totó la Momposina y Maria Rita no es un adorno: es un acto político. Ellas vienen de tradiciones que cargan siglos de resistencia en Colombia, Perú y Brasil. Sus voces estremecen al territorio e invocan el espíritu colectivo.

Los Grammy Latinos la premiaron como Grabación y Canción del Año, cuando Calle 13 arrasó gracias al álbum Entren los que quieran. Visitante y Residente hicieron un disco cuya relevancia va más allá de los reconocimientos de una industria con la que mantienen una relación extraña.

El verdadero impacto de ‘Latinoamérica’ está en las marchas donde se canta a voz en cuello. En los estallidos sociales que la han adoptado. En los pueblos originarios que reconocieron en ella su voz, porque no se limita al panfleto o la denuncia, también es baile, vida y celebración.

Hay algo más difícil de medir, pero decisivo y evidente: su permanencia. 15 años después sigue siendo urgente porque las heridas no están cerradas, y no envejece porque la desigualdad o el extractivismo están más presentes que nunca.

Tú no puedes comprar mi alegría / Tú no puedes comprar mis dolores”, dice una parte del coro en este himno para una tierra que nunca ha debido estar en venta.

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