‘El ritmo no perdona’, cómo es el libro que narra la historia del trap en Argentina

Entrevista con Amadeo Gandolfo y Camila Caamaño, la dupla de escritores que se dispone a abordar con más atención el fenómeno del trap en Argentina

Por  PAZ AZCÁRATE

octubre 27, 2025

Amadeo Gandolfo y Camila Caamaño se sientan en un café a hablar de su primer libro, El ritmo no perdona. Una historia crítica del TRAP, el HIP-HOP y el RKT en el nuevo siglo argentino, pero antes brota un entusiasmo por una película que él vio anoche, una buddy cop en la que el actor de Terminator es un oficial soviético al que mandan a Chicago para intentar encontrar a un tipo que quiere meter un cargamento de cocaína en el Estado socialista: “¡Hay un momento genial en el que Schwarzenegger se queda en un hotel de mala muerte y tienen esos televisores que se prenden con una moneda!”. Camila subraya que en Retiro hubo de esos aparatos hasta 2021. Y uno podría seguir hablando de policiales o de artefactos de los 80 porque la curiosidad del tándem tiene radar de largo alcance, lo que convirtió su libro en un trabajo que captura más que las historias de unos chicos que en poco tiempo pasaron de rapear en plazas a llenar estadios.

“El estallido creativo fervoroso de un género en sus primeras horas es una de las mejores cosas que una persona que ama la cultura puede experimentar”, propone El ritmo no perdona (Caja Negra Editora) para describir la apuesta de los autores. En la punta del iceberg esto puede señalar meros consumos: qué música escuchan, qué ropa usan, qué imágenes se tatúan en qué partes del cuerpo o descifrar su slang. Pero, si se está dispuesto a escuchar esa caja de resonancia, se puede encontrar la amplificación de cambios, tensiones, deseos y señales tempranas de cómo se reconfiguran valores y sensibilidades de una época, y qué cambios tecnológicos, políticos y económicos los atraviesan. Camila y Amadeo eligieron el segundo camino.

El libro tiene un recorrido cronológico, que comienza con los albores del hip-hop en Argentina y retoma las historias de los nombres y sonidos que incubaron al trap. “Nos interesaba poner en su lugar a nombres como el de Sara Hebe, fundamentales para lo que pasó luego”, apunta Camila. La del rap en los 90 fue una experiencia germinal, propone el libro, eclipsada por el rock nacional. En la dimensión de contar la historia, los autores pasan por las incipientes batallas de freestyle, el crecimiento y la consolidación de sus próceres (Duki e Ysy A; “Tumbando el club” como la Primera Junta) y cómo ese despegue da forma a la industria en una relación bidireccional. Después de lo que consideran un momento de primer impacto (entre 2016 y 2019), se ocupan de recorridos con variaciones respecto a la versión primigenia del trap local, como la experiencia de la RIP GANG (a partir del lazo de amistad de Dillom, Broke Carrey y los suyos) y el proceso de popización que amplió su público con nombres como TINI, María Becerra y Nicki Nicole. Figuras como Cazzu y fenómenos como la visibilidad que ganan los productores en este período tienen capítulos aparte en un libro que mira más allá de la espuma, las métricas y las operaciones de exotización para encapsular el movimiento y aislarlo del contexto, como si el trap local no dijera algo sobre cómo se transformó la Argentina en la última década. 

Si bien hay un eje ordenador que es temporal, tres dimensiones problematizan el movimiento y sacan el libro de un esquema biográfico: sus vínculos con la juventud, su dimensión política y, sobre todo, sus tensiones con la cultura rockera. Esta última es la que más puede hacer fruncir el ceño al lector, particularmente si fue criado a base de compilados de rock nacional de la Revista Noticias y aprendió las primeras nociones de guitarra tocando “Rasguña las piedras”: nadie quiere que le hablen mal de sus papás, aunque uno mismo pueda criticarlos.  

Abrazados a la novedad, para los autores hay en el rock algo anquilosado que dialoga con toda la historia del trap local. Primero, con sus antecedentes, como se dijo, por eclipsar su desarrollo. Luego, con su aparición, el trap siguió en tensión con el rock al constituirse como la platea desde la cual pensar el nuevo movimiento, huérfano de tradiciones propias. En este punto, de todos modos, también hay zonas de encuentro. “La cuestión de pelar técnica une al freestyle con el rock, que es la razón por la que esa parte de la historia es la que menos nos interesa”, apunta Amadeo. “El virtuosismo de usar las palabras con velocidad se parece al virtuosismo de la guitarra, que para nosotros es un garrón”. Hubo alianzas y guiños mutuos en forma de colaboraciones, una suerte de pacto en el que algunos nombres del trap encontraron consuelo a su orfandad y algunos nombres del rock dieron F5 a sus improntas.

Gandolfo es historiador y doctor en Ciencias Sociales. Caamaño se formó en Publicidad y Gestión del Arte y la Cultura, sigue la escena trap desde su explosión en Argentina y lleva algunos años retratándola en Página/12 y en el bellísimo Triste y Tropical, newsletter que empezó ocupándose fundamentalmente de la música, aunque también dedica entregas completas al teatro y la literatura. Por eso el libro se mueve entre un registro académico y uno más bien forero. Una singularidad de su estructura es que por momentos se presenta como un ensayo en el que las cuatro manos arman una voz única y, en otros, se desdobla en las de dos ensayistas que se aproximan al objeto de estudio desde un lugar más subjetivo con recuerdos y experiencias personales. 

Ese tono bloguero puede volverse forobardero en algunos pasajes, repartiendo sopapos y caricias. La cultura rock recibe más de los primeros, a veces muy justificadamente, por su obtusidad para leer códigos nuevos a partir de reglas viejas (el trap “no es música porque no se tocan instrumentos”). En otras ocasiones, las piñas llegan por rasgos en los que el trap tampoco supo innovar demasiado, como cierta supremacía de los muchachos y el lugar de las chicas en esa escena. Es oxigenador, en cualquier caso, que el libro termine desarmando prejuicios, que en ocasiones fueron los de los propios autores.