“Montevideano es, de alguna manera, el punto culminante de un proceso que vengo desarrollando desde hace años: integrar mis influencias de la música clásica con todo lo que ha sido mi recorrido dentro del hip-hop y la música electrónica. En proyectos anteriores con orquesta trabajé más en adaptaciones de obras ya compuestas, pero en este caso algunas piezas las escribí especialmente para orquesta. Pienso, sobre todo, en la música original que compuse para el Ballet de La tregua, la adaptación de la novela de Benedetti que creó el Ballet Nacional del Sodre”, dice Luciano Supervielle, integrante de Bajofondo, aunque con una extensa y fructífera trayectoria como solista.
El tecladista y compositor, que nació en Francia, pero creció en México y Uruguay, se prepara para un show extraordinario en el ND Teatro, Paraguay 918, el jueves 4 de septiembre, junto al Cuarteto Divergente. Entradas acá.
“Hace varios años que mi banda en vivo en Uruguay integra un cuarteto de cuerdas, lo que nos llevó a desarrollar un estilo propio dentro de esa formación de cámara”, explica. “Pero colaborar ahora con el Cuarteto Divergente significa abrir una puerta a otra dimensión del universo del cuarteto de cuerdas. Para mí, Alejandro Terán es un referente en la escritura para cuerdas —recordemos que fue el arreglador de las partes orquestales de varios discos de Bajofondo—, y Javier Casalla ha sido una enorme inspiración a lo largo de los años. Muchas de sus ideas melódicas e interpretativas fueron puntos de partida para la construcción de mis propios temas. Por eso, este concierto tiene una importancia muy especial para mí”.
El director de la Filarmónica de Montevideo, Martín García, tuvo un rol fundamental en Montevideano, el álbum que Supervielle lanzó el año pasado. “Martín participó en el diseño de la formación orquestal hasta la selección del repertorio. Varios de los temas que interpretamos surgieron de sus sugerencias, como por ejemplo ‘¿Dónde están?’, una obra que originalmente compuse para piano y que acá estrenamos en esta nueva versión orquestal”, relata Supervielle.
Y agrega: “Uno de los mayores desafíos que tuvimos con Martin fue integrar de forma orgánica el mundo de las programaciones y sonoridades electrónicas con la orquesta, tanto en lo sonoro como en la ejecución. Esto nos exigió a todos —al director, a mí y a los músicos— adaptarnos a nuevas maneras de tocar. Por ejemplo, los contrabajos tuvieron que tocar en contrapunto con frecuencias graves de sintetizador, y los violines tuvieron que convivir con metrónomos auditivos y cues de entrada, algo completamente novedoso para ellos”.


