Hace apenas unos días, Catriel Guerreiro y Ulises Guerriero —mejor conocidos como Ca7riel y Paco Amoroso, el dúo argentino que ha revolucionado la escena en el último año— estaban incendiando el escenario de Coachella con una de las presentaciones más vibrantes y recordadas de esta edición del festival en Indio, California. Hoy, desde la tranquilidad de su habitación de hotel, conversan con ROLLING STONE en Español sobre el vertiginoso ascenso de su proyecto y los momentos surrealistas que han vivido últimamente.
“Nos habían dicho que el público era rebravo, que iban a estar todos parados, pero la verdad es que le dieron todo el amor”, cuenta Ca7riel sobre su experiencia en Coachella. “Nos cagamos de risa, me divertí como nunca. Vi a Brian May de cerca y me puse a llorar. Nada, esas cosas me trajo el Coachella. Vi a Lady Gaga también, que la verdad me explotó el cerebro. La vi en las dos fechas. Yo no soy tan fan de su música, pero ella es una monstrua, me encantó mal”.
“La gente cantaba los temas, es bastante loco”, suma Paco. “Estamos tocando en lugares en los que nunca imaginé que iba a tocar”. Durante el festival, también se cruzaron con el exbaterista de Nirvana y líder de Foo Fighters. “Ah, con Grohl, ‘Grohlito’, un genio”, dice Ca7riel con ese porte tranquilo que le caracteriza.

Su año ha sido una montaña rusa de hitos. Con el lanzamiento de Baño María, su primer disco conjunto, Ca7riel y Paco Amoroso lograron que sus canciones resonaran a nivel global, impulsadas por una explosiva aparición en el Tiny Desk. Recorrieron algunos de los escenarios más icónicos del mundo, conquistaron a millones de oyentes y sacudieron estructuras con un estilo que no deja a nadie indiferente: irreverente, lúdico y único.
La química entre Ca7riel y Paco es de esas que solo se logran después de compartir toda una vida. Crecieron juntos, formaron carácter uno al lado del otro y cosecharon una amistad que hoy se refleja sobre el escenario. “Desde que éramos muy chiquitos nos sentaron uno al lado del otro y pasó algo medio mágico”, cuenta Ca7riel. “Nuestras mamás también coincidían ideológicamente, pegaron onda. Y cuando conectan las mamás y también conectan sus beberulos, se arma un combo casi ancestral: dos generaciones tirando buena vibra al mismo tiempo. Pasamos muchísimo tiempo juntos. Tuve una infancia increíble con Paquito”.
“Él siempre fue de caerse, de golpearse, siempre andaba accidentado… y sigue siendo igual, solo que ahora es una versión más estética de sí mismo, porque de chicos éramos bastante feítos. Ahora nos teñimos el pelo, vamos al gimnasio… bueno, Paquito sí, yo no tanto”. Ese comentario recuerda a la presentación del dúo en CDMX, cuando mientras cantaban su coro más icónico (“tatuaje en el cuello…”) Paco cayó del escenario de manera abrupta.
“Me hice pelota y en ese momento pensé que me había fracturado y que no iba a poder tocar todos los shows que tenía”, recuerda Paco. “Hubiera sido una tragedia absoluta de la cual no me hubiera recuperado. Por suerte, los huesos resistieron. Me dieron unas drogas intravenosas que me hicieron vivir unos días bastante psicodélicos en Ciudad de México”.
“Se hizo pero reverga”, agregó Ca7riel. “Nos reasustamos todos. Igual, yo ni me sorprendí tanto porque ya pasó mil veces. Obvio que me preocupo y pienso: ‘Che, ¿estará bien?’. Pero también es como… ya me preocupé las otras 27 veces que se cayó a lo largo de su vida, tipo ‘¿Sigue vivo?’. Y sí, siempre sobrevive el hijo de puta”.

A los dos los une una nostalgia muy común: la de una infancia sin preocupaciones, cuando todo era más simple. “Es la misma nostalgia que puede tener cualquier adulto. Éramos niños, no teníamos responsabilidades. Yo soy un tipo que no para de trabajar, no para de darlo todo, pero odio trabajar. Me encanta estar tranquilito, todo lo contrario a lo que se ve. Yo odio a los humanos, me gustan los gatitos, los perritos. Mentira, hay muchos humanos que amo”, dice Ca7riel entre risas, dejando ver esa contradicción entre su presente cargado de trabajo y su deseo de paz. Paco, con recuerdos claros, agrega: “Cuando uno es chico y la vida se limita a salir del colegio y tener todo el día para echar pelota, jugar con tus amigos… Era una época también donde no había celulares, no había tecnología. Andábamos en bicicleta y jugábamos a la pelota. No sé, era un mundo bastante distinto al que es ahora. Uno no puede evitar sentir nostalgia de la época que ya no es. Recuerdo nuestra infancia con bastante alegría y, la verdad, la pasamos muy bien”.
Ambos compartieron años de calle, ensayo y curiosidad artística. Así formaron una banda de rock llamada Astor, que fue una escuela para ambos: “Nos dio mucho training de tocar en vivo. Como te decía, era una época muy diferente. Ahora es muy fácil grabarte en tu casa. En esa época era muy complicado grabarse, más siendo una banda. Era muy costoso para nosotros, entonces no teníamos disco. Si la gente nos quería escuchar, nos tenía que ir a ver en vivo”, cuenta Paco. Pero, con el tiempo, las herramientas cambiaron y también su enfoque. “Empezamos a grabar nuestra música en mi habitación, en un estudio que llamé ‘El Chiquerito’, porque era una compu que andaba todo lento y un colchón con olor a mío. Ahí hicimos nuestras primeras cosas”, dice Ca7riel, entre risas.
“Hubo un momento en que nos cansamos”, agrega. Nos dimos cuenta de que estuvimos muchos años cargando baterías arriba de trenes, los cables, con los plugs que se rompían”. Paco lo complementa con un recuerdo: “A mí me tocaba llevar la batería, los platillos, el redoblante a la sala de ensayo. Con gran cariño recuerdo toda esa época de subirme al 24, que era el colectivo que yo me tomaba para ir de mi casa hasta la sala de ensayo, con los platillos, el redoblante, ahí, cargando con todas las cosas. Supongo que todos los que tuvieron una banda me van a dar el OK; está bueno, es muy sacrificado y uno lo hace por amor a la música y nada más, porque no hay plata en eso”.
El paso a la música urbana nació, entre otras cosas, como consecuencia de la necesidad y la curiosidad. “Es mucho más simple, rápido y efectivo hacer música de una forma más moderna. Así empezamos a hacer música ‘urbana’. Me cuesta esa palabra a veces. Se hace así: tenés una computadora, cosas MIDI, unos tecladitos, y ya está. Yo venía de la música clásica, de escribir partituras, la orquesta, la guitarra, la afinación… acá está siempre afinado, siempre va a sonar como vos querés. Es más barato y punto, ¿viste? Así que fue un poco por necesidad, un poco de astucia y querer ahorrar”.
Pero ni Paco ni Ca7riel sienten que hayan traicionado su esencia por adaptarse: “No, la verdad no. Nunca sacrificamos lo que queríamos hacer por necesidad”, asegura Ca7riel. “Siempre me dediqué a la música, fue ahí donde empecé a ganar dinero. Daba clases, pasé la gorra en los trenes, fui sesionista… Siempre tuve mil trabajos relacionados con la música y nunca tuve que dejar mi sueño de lado, porque mi sueño siempre fue este”. Paco piensa igual: “No, la verdad no tuvimos que dejar de lado lo que queríamos hacer. Yo me considero una persona bastante curiosa. Voy teniendo etapas en las que me gusta algo y después me gusta otra cosa. Todo el tiempo voy saltando de cosa en cosa… Simplemente me defino como una persona bastante curiosa artísticamente, que va saltando de géneros, en estilos, y lo que me va llamando la atención es lo que trato de hacer después con las canciones”.

El cambio llegó casi sin darse cuenta. “Después tuvimos la suerte de empezar a cantar, medio en chiste, medio no, como divirtiéndonos también. No digo sin chiste, sino sin pretensiones de nada. Por suerte, hubo un boom en Argentina —lo llamaron trap, aunque es más una cosa de gente grabándose en la casa y subiéndolo—. El fenómeno de YouTube y todo eso hizo que también tuviéramos un lugar nosotros. A partir de ahí, nuestra vida cambió un poco. Uno trabajaba, estudiaba, hacía un montón de cosas, y de golpe hay una carrera musical que atender, de la cual tener un sustento. Alegría total. Uno siempre soñó con tocar y vivir de la música”, dice Paco.
En medio del estallido de la escena urbana argentina, con figuras como Duki, Bizarrap y Nicki Nicole alcanzando rápidamente el éxito, Ca7riel y Paco Amoroso también encontraron un puesto en esa primera ola que capturó la atención del público. Pero lo hicieron desde un lugar distinto, con una propuesta que desafiaba las fórmulas convencionales del género. “Nosotros éramos un poco los freaks”, recuerda Paco. “Lo seguimos siendo. Éramos como unos freaks que tampoco encajaban mucho en el trap, sino que hacíamos cosas raras, con videos raros y letras raras. El hecho de tocar con una banda también… éramos, creo, de los pocos que tocaban su show con músicos. Es lo que nos distingue: éramos unos freaks que tocaban con banda”.
Así, entre colectivos con platillos, colchones con olor cuestionable y canciones grabadas sin pretensiones, Ca7riel y Paco Amoroso armaron un universo propio, hecho de libertad, música y terquedad.
Incomodar no es necesariamente el objetivo, pero sí una consecuencia natural de mantenerse fieles a su esencia. Aunque no se consideran abiertamente “revulsivos”, el dúo insiste en la importancia de hacer algo con personalidad, que se distinga del resto. “Siempre hay que tratar de hacer algo que no esté hecho y tratar de tener personalidad, me parece”, reflexiona Paco. En un entorno donde las estructuras pop, las exigencias de los sellos y las reglas dictadas por plataformas como TikTok marcan el ritmo, ellos apuestan por torcer un poco esas normas desde dentro: “Si vas a hacer una canción que tiene una estructura pop, tiene melodías pop… seguís estando en un sello y hay que hacer TikToks y estás en las mismas reglas que los demás, tratar de darle tu esencia a las cosas. Es lo que te puede dar un poco más de credibilidad o ser distinto”. En ese gesto “freaky”, como lo llaman ellos, está el motor que impulsa su arte: la necesidad de sorprender, de incomodar un poco, y de no sonar como todos los demás.

Hay vínculos artísticos que trascienden la lógica, y lo que tienen estos dos entra en ese terreno. No es solo química creativa: es una especie de conexión mística, complementación natural. “Siempre que yo estoy esquizofrénico, el chabón está tranquilo. Cuando estoy tranquilo, el chabón está esquizofrénico. Hay algo de ying y yang, hay algo implícito, hay una conexión de hermanos”, dice Ca7riel, tratando de poner en palabras algo que se siente más que se explica.
Esa complicidad se convirtió en su mayor escudo. Se entienden sin mirarse, se leen como si hablaran en “código morse con los ojos” y, lo más importante, se sostienen mutuamente en cada paso. “A la hora de trabajar o a la hora de sobrevivir, cuando a alguno le pasa algo, el otro está. A su forma, somos medio androides los dos, pero nos queremos mucho”. Esa mezcla de orden y caos no solo los potencia, también los protege. “Nos protegimos del mundo, está tan forjado ese escudo que llegamos a donde estamos sin que nadie nos haya comido, por ese tercer ojo cuando estamos juntos”.
Pero esa armonía no está exenta de fricción. Lo que los empuja también los desafía. Aunque la competencia no debe ser vista como algo negativo en este caso. “¿Hay competencia? Sí, sí, obvio que sí. Es una bronca cuando estamos en el estudio y el chabón la rompe de una. Una bronca que me da que me tengo que poner al nivel, porque Paquito, cuando se prende fuego, no lo puedes parar”. Esa rivalidad es lo que mantiene encendida la chispa. Y cuando uno flaquea, el otro empuja: “Es la forma más sana de tener un hermano, digamos. Nos queremos matar a veces también, pero nos amamos”.
Si tuviera que resumirlo todo, Ca7riel lo deja claro: “Somos una conexión de hermanos. Somos el ying y el yang. Cuando uno está nervioso, el otro está tranquilo y viceversa”. Una dupla explosiva, caótica y brillante, que se necesita para sobrevivir y crear.
La plática se lleva a cabo solo a unos días de que su debut, Baño María, esté cumpliendo un año desde su lanzamiento. Lo que parece difícil de asimilar, pues se siente más distante cuando pones en perspectiva todo lo que ha pasado desde que llegó el disco; el Tiny Desk, Coachella, llegar a The Tonight Show, lanzar más música y un cortometraje, entre muchas otras cosas. Al recordarles del aniversario, los músicos reflexionan.
“Puta, fue loco, ¿no? Tan solo un año”, dice Paco. “Bueno, creo que también el tiempo corre. Las cosas pasan superrápido y la gente escucha algo, lo tira y ya quiere otra cosa. Hay que estar un poco adecuándose a las nuevas reglas”. “Sí, yo no lo puedo creer”, agrega Ca7riel. “Así son los proyectos como Baño María, son como niños que crecen muy rápido”.
La creación de Baño María marcó un punto de inflexión en la historia de ellos. Tras un año y medio de estar haciendo música juntos, llegó el momento de formalizar ese universo compartido. “Habíamos estado haciendo bastante música con Ca7riel, como durante un año y medio o algo así. Luego firmamos con un sello y nos dijeron que querían hacer un disco nuevo. Así que dijimos: ‘Bueno, dale’”, cuenta Paco. Pero decidieron hacerlo con una dirección clara, una intención emocional previa, un concepto definido antes de pisar el estudio. “Estuvo interesante porque cuando uno también está arrastrando canciones del pasado, las carga y las escucha un montón de veces… Está bueno cuando uno trata de poner un concepto previamente antes de meterse al estudio. Fue un poco lo que hicimos en Baño María”.
Uno de los momentos más comentados alrededor del lanzamiento de Baño María fue su presentación inusual en el Lollapalooza Argentina. En lugar de ofrecer un show tradicional, Ca7riel y Paco Amoroso transformaron el escenario en una verdadera listening party: mientras el disco sonaba, ellos se metieron en un jacuzzi instalado en escena, rodeados de amigos que bailaban y celebraban. Más que un concierto, fue una performance excéntrica y lúdica, fiel al espíritu del álbum, donde la música fluía mientras ellos disfrutaban relajados, como si estuvieran en una fiesta privada a plena vista del público.
El álbum nació de una mezcla de nostalgia, fiesta y transición vital. “Los dos habíamos tenido unos años bastante alocados, con mucha fiesta y mucho rave, y un poco tratábamos de sentir cómo nos sentíamos en esa época con la vida”, recuerda Paco. Sabían que venía un cambio: menos desenfreno, más trabajo. Así que, en vez de resistirse, lo convirtieron en arte. “Creo que, con Baño María, lo que pasó fue que nos pusimos un concepto en la cabeza antes de meternos y tratamos de que las canciones evoquen esa sensación que teníamos de desenfreno, de diversión”.

Además, el contraste era inevitable: mientras escribían sobre el pasado caótico, vivían una estabilidad curiosa. “También, justo cuando estábamos grabando Baño María, estábamos súper de novios, casados entre comillas, como le decimos. Entonces, era un poco gracioso porque era jugar con un pasado que ya no estaba presente más. Era tomarnos con humor el hecho de estar casados los dos”. El resultado: un disco que captura la energía de lo que fue y la ironía de lo que está siendo.
Como parte de promoción de Baño María entonces llegó esa presentación en el Tiny Desk, que se ha convertido en una especie de vitrina a lo que está pasando hoy musicalmente. Los argentinos decidieron interpretar las canciones de su disco en un formato en vivo, rodeados de instrumentos y talentosos músicos, el resultado fue mucho más allá de lo esperado. Al momento de escribir esto, el video tiene 33 millones de vistas. Mucha gente que no estaba familiarizada con el proyecto comenzó a escucharlos y a querer consumir más de esa chispa que habían visto en el video. Esa irreverencia que podía notarse en sus letras, en sus atuendos y su manera despreocupada de desenvolverse.
“El Tiny Desk fue una vitrina al mundo donde pudimos mostrar lo que hicimos siempre. Para mí, es increíble y es más fácil porque veníamos de another way, de mostrar nuestra música de una forma más pop y tradicional. Lo que nosotros sabemos hacer con estos instrumentos, y estar ahí jugueteando, digamos, para que no salga siempre lo mismo. Hay un poco de jazz en ese pensamiento, ni siquiera en la forma de tocar. Los pibes tocan jazz igual, reservados. Olvidé qué me preguntaste, pero creo que iba bien”, dice Ca7riel.
Con la atención llegó también la presión, pero lejos de limitarse, el dúo tomó sus emociones —el síndrome del impostor, las inseguridades, el agobio— y las transformó en PAPOTA, un EP que resume con precisión el equilibrio que los define: musicalmente brillante, cargado de humor y con una mirada crítica hacia los estándares y dinámicas de la industria musical actual.
PAPOTA marca un giro temático en la obra del dúo, abordando de forma directa y sarcástica las tensiones que implica el ascenso repentino al éxito. El EP es acompañado de un cortometraje. “PAPOTA habla de otra cosa, habla de lidiar puntualmente con el Tiny Desk y con todo eso”, dice Paco, aludiendo al momento de mayor exposición del proyecto. Para CA7RIEL, el EP no nace desde la decepción, sino como una observación aguda del sistema: “PAPOTA no habla de decepción, sino que es un sketch de realidades que tiene un artista emergente que va para arriba como la espuma, lo que son las promesas que te puede llegar a hacer la industria, los personajes que hay”. El dúo retrata con ironía la figura del ejecutivo veterano que aparece con promesas vacías presentándonos a Gymbaland: “También, el típico tipo que viene de la industria, ya experimentado, y te vende una suerte de sueños, te deja su tarjeta y desliza en el aire diciendo que te vas a ganar premios. Todas esas cosas sucedieron. Obviamente, es una sátira y le ponemos nuestro grado de humor, pero todas esas cosas pasaron”.
El personaje en el cortometraje es repulsivo para representar esa parte falsa y plástica de la industria, pero los músicos aseguran que han conocido a muchos Gymbalands en su carrera. “Siempre hay Gymbalands, sí, sí. Todos los hemos conocido en todos los ámbitos. Creo que es una buena personificación de algo que todos alguna vez conocimos”, dice Paco. “Sí, pero, ¿cuántos Gymbalands vimos? Millones”, agrega su compañero.
Paco resume el concepto con humor: “Está un poco exagerado. Le metimos IVA, como decimos en Argentina, porque obviamente hay que exagerar para que sea interesante también. Si te sientes bien y hablas de que te sientes bien, es como que no pasa nada. Tiene que haber un poco de drama en la vida, al menos en las canciones”. Y revela que esa presión por estar a la altura del hype fue, precisamente, el disparador creativo: “Un poco decíamos, ‘Che, ¿qué pasa si la gente está tan expectante de lo que hagamos y se dan cuenta de que somos unos chantas, somos una mierda. Ya nos estábamos riendo de la situación de tener las expectativas muy altas, y un poco era el tema”.
“¿Ahora qué vamos a hacer? / Tenemos que mentir / Solo soy un impostor / Just a little bit / La gente se emocionó / Abuela / haciendo TikTok / ¿Y ahora qué vamos a hacer? / El Tiny Desk me jodió / Si yo no sé ni cantar / Y yo no sé ni rapear”, dice la letra de ‘IMPOSTOR’. Mientras que en ‘#TETAS’, entonan: “Si quieres sеr alguien, no puedes ser tú / Tienes que ser alguien que no seas tú, uh-uh / Y si quieres ser tú, no vas a ser nadie, solo serás tú”.
En Argentina, la palabra papota significa ‘proteína’ o ‘suplemento alimenticio’. En el cortometraje, Gymbaland dice al dúo que tienen que inflar sus músculos para tener éxito. “Pectorales grandes, esa es la receta”, cantan en la segunda canción del EP, que lanzaron como primer sencillo.

En ‘#TETAS’, el humor ácido y la sátira alcanzan uno de sus puntos más delirantes. La canción nació del impulso de hacer algo “reloco, recontra loco con palabras en inglés”, como explica Paco. Detrás del absurdo, sin embargo, hay una crítica velada a las exigencias externas que reciben como artistas en ascenso: “Está esa cosa del impostor, quieren que hablemos en inglés, nos piden que vayamos al gym, no sé qué. Te van diciendo, ‘Che, boludo, mirá que tenés que aprender a hablar en inglés. Vamos a irnos a premios ahora, van a viajar a Estados Unidos de gira y son dos analfabetos, por favor pónganse las pilas’”. En ese juego, la canción se convierte en un espejo deformante de las presiones del éxito, siempre desde un lugar de ironía. “Todo el tiempo está ese humor, que son las ideas que están dando vueltas con lo que pasa. Todo va sumando, tratamos de siempre usarlo en las canciones que vamos haciendo”. Pero lejos de un manifiesto político, Paco lo define con precisión y humildad: “La crítica tampoco es muy profunda. Es medio Zoolander, ¿no? Es como que son dos tarados también, porque se están dando cuenta del mundo, de la industria, de todo. But it’s not too deep”.
En PAPOTA, Ca7riel y Paco profundizan el enfoque instrumental que mostraron en su celebrado Tiny Desk, acercándose más a una estética orgánica, con músicos en escena y arreglos que se alejan de la producción digital tradicional. “Sí, por supuesto. En verdad, eso es lo que nosotros siempre hicimos”, explica Ca7riel, destacando que esta faceta no es nueva, sino parte esencial de su propuesta. “Lo que nosotros sabemos hacer con estos instrumentos, y estar ahí jugueteando, digamos, es para que no salga siempre lo mismo. Hay un poco de jazz en ese pensamiento”. Para él, esta reivindicación instrumental va más allá de lo estético y espera que se siga proyectando en el futuro de la música: “Ojalá que los niños de hoy en día quieran tocar la guitarra, porque se viene la amenaza del robot”. Y aunque asegura que no le teme a la inteligencia artificial, afirma con claridad cuál será el verdadero diferencial en el futuro: “Ahí va a resaltar el que pueda conectar sus dedos con su alma”.
Tocar con amigos y divertirse en el escenario y debajo de él es parte del corazón del proyecto. Aunque montar un show con banda en vivo no siempre sea rentable, ambos insisten en que esa es precisamente la esencia de lo que hacen. “La esencia del proyecto, sí, aunque no sea rentable [risas]. Nosotros lo estamos haciendo después de mucho, pero digo, es un poco lo que pasaba con Astor: no había plata en tocar. Acá lo mismo”, comenta Paco, haciendo una analogía con la falta de incentivo económico que enfrentaban en el pasado. Pero, para ellos, la elección está clara. “Es más fácil pararse, tirar una pista y estar solo en el escenario, pero creo que un poco la gracia de nosotros es que hay una banda tocando en vivo, con gente muy talentosa que también se conoce desde hace mucho. Entonces, se arma como una sinergia especial entre ellos, entre nosotros, y es una parte del proyecto muy importante”.
“¿Sabés lo que comen? ¿Cómo duermen? No usan las camas, te abren la heladera, te tapan el inodoro, todo es un delirio. Son un montón los pibes, pero eso alimenta el alma. ¿Para qué laburamos? Para alimentarnos la panza y el alma”, agrega Ca7riel con sentido del humor. “Por suerte doy vueltas por el mundo cagándome de risa con mis amigos”, dice, sin dejar de lado la parte del sacrificio que esto conlleva. “Me encantaría estar con mi vieja en mi casa, con mi guacha, con mi familia, un poco más. Pero bueno, es así. Estoy arriba de un barco que va muy rápido, mi amor. Ya no estamos en la mierda. Hasta que volvamos, va a pasar un tiempo”.
Ca7riel y Paco Amoroso encabezan, junto a Kevin Kaarl y Ela Taubert, la nueva edición de Future of Music de ROLLING STONE en Español. “Es bastante satisfactorio”, dice Paco sobre ser considerados de los artistas que marcan la pauta para el futuro. “Estamos llevando la misma gente en Europa que la que llevamos en Buenos Aires, entonces es muy loco. Hay que aprovecharlo y también trabajar para que se siga manteniendo y que sea una realidad, no simplemente una anécdota divertida de lo que nos pasó una vez. Así que estamos comprometidos a que dure lo máximo que se pueda y que sea nuestra nueva realidad: estar de gira todo el tiempo tocando, que es lo que más me gusta”.
Cuando se les pregunta qué les emociona del futuro de la música, y del suyo propio —ambos mencionan con entusiasmo su próxima llegada a Japón—, la respuesta de Ca7riel toma un desvío fiel a su estilo. “La realidad es que no pienso mucho en el futuro”, dice. “Pienso más allá. Siempre va a haber folklores en el mundo, si se preservan. La música hecha con el corazón va a seguir existiendo. Poco a poco nos vamos a ir convirtiendo en robots, y va a brillar el que sepa cantar o tocar un instrumento de forma genuina. Eso no me preocupa. ¿Qué van a ver las próximas generaciones? Va a seguir existiendo el sol. Yo voy más allá. La música del futuro me chupa un huevo. Me interesa más saber qué va a pasar cuando no haya más petróleo. ¿La música? Va a ser un hiper super mega pop, música de Internet, como cuando enchufás algo a la pared: soniditos. Eso va a ser. Todo cambia tanto que ni lo puedo imaginar, pero los clásicos siempre vuelven”. Entre distopías tecnológicas, sol eterno y melodías artificiales, su mensaje es claro: la autenticidad será siempre el faro, aunque el mundo se reinvente.

Entre risas, música y caos compartido, hoy el dúo argentino lidera la música latina y marca la pauta para el futuro. Desde su cuarto de hotel en Los Ángeles a solo unos días de haber incendiado el escenario de Coachella, los músicos argentinos hablaron con ROLLING STONE en Español sobre el vertiginoso ascenso de su proyecto y los momentos surrealistas que han vivido últimamente.
Amigos desde la infancia, con una conexión casi fraternal, su química sobre el escenario es el resultado de años de complicidad, calle y exploración musical. Comenzaron en una banda de rock, vivieron la precariedad del under, y con el tiempo migraron hacia lo “urbano” por curiosidad, necesidad y libertad creativa. Lejos de seguir fórmulas, siempre buscaron incomodar un poco y destacarse por su autenticidad.
su propuesta ha resonado globalmente. Comparten una visión de arte guiada por la personalidad y el instinto, desafiando las reglas de la industria y las estructuras pop sin perder su esencia. La competencia creativa entre ellos los impulsa, pero también los protege: son opuestos complementarios, como un yin y yang que encuentra equilibrio en el caos.
Entre anécdotas de giras, caídas en el escenario y encuentros surrealistas con ídolos, Ca7riel y Paco siguen marcando la pauta de una nueva generación musical que no teme romper moldes.


