‘El éxito para mí es hacer las paces, estar bien conmigo misma y darme el valor a mí misma’, dice Kenia Os con una sonrisa que delata el entusiasmo de alguien que puede detenerse y contemplar el imperio que ha construido desde cero. Hace menos de una década era solo una adolescente de Mazatlán con un teléfono en la mano y una habilidad indiscutible para ganarse el cariño de la gente. Ahora, como artista multiplataforma, está sentada en la cima de su propio universo. Y la pregunta no es cómo llegó hasta aquí, sino hasta dónde está dispuesta a llegar. • Nació y creció en Mazatlán, junto a la costa pacífica de México, en un hogar en el que la figura femenina era sinónimo de liderazgo. Su madre, amante de la música y el regional, desistió de su sueño como cantante cuando llegó ella a su vida en 1999. Pasó gran parte de su infancia al cuidado de su abuela paterna mientras que sus padres trabajaban, acompañada por su hermana menor, Eloisa. Pero como en toda familia, llegaron los problemas y sus padres se divorciaron cuando tan solo tenía 13 años. Y aunque fue una etapa retadora, hoy Os reconoce que es una de esas cosas que forjó su carácter.
Pero los años han pasado y Kenia Guadalupe Flores Osuna, el verdadero nombre detrás de su personaje público, continúa descubriendo facetas dentro de sí. “No sé si alguna vez lo planeé así”, dice, con la mirada perdida por un momento, como si intentara repasar los pasos exactos que la llevaron hasta aquí. “Puedo decirte que son procesos muy naturales, nunca he forzado nada”, afirma. Y es que, para la ahora sensación del pop, la música, como ella misma afirma, empezó como “un juego”.

Volviéndonos un poco más en el tiempo, Kenia Os se enfrentó a su primer público creando desde su habitación, haciendo videos para YouTube en donde empezó a cosechar una comunidad. Esta etapa como creadora de contenido no es algo que le guste recordar mucho a la ahora cantante. Pero no desde la vergüenza o en un intento por borrar el trazo de donde viene, sino porque quizá mucha gente aún sigue demeritando su trabajo artístico por la manera en la que su carrera sentó sus bases. “Es algo que utilizan para hacerme sentir menos como artista, cuando es al contrario. Creo que yo tengo más validez que cualquier otro artista porque logré convertir mi carrera en otra cosa”, comenta segura.
Y es que en nuestra conversación probablemente logramos descifrar la respuesta a la pregunta de cómo ha llegado a convertirse en todo un fenómeno, tanto en la industria musical, como en sus múltiples proyectos: Os ama retarse y demostrarse que puede llegar aún más lejos. Cuando empezó a crecer en plataformas, Kenia daba lugar a espacios para conocer a sus leales seguidores, bautizados por ella misma como “Keninis”. Y aunque sabía que contaba con un público firme, sentía que podía ofrecer mucho más de su parte en aquellos encuentros.
A partir de ahí, empezó a desarrollar sus habilidades performáticas en vivo, hasta que Sony entra en la escena y la música se formaliza. Para cuando lanzó Cambios de Luna, su primer álbum de estudio, en 2022, demostró que no estaba ahí solo para probar suerte. Su transición hacia la música ya había estado tomando forma con lanzamientos previos como ‘La noche’, ‘Toketeo’ y su EP, Canciones pa’ mi ex. En retrospectiva, Kenia no es tan “fan” de algunos de estos trabajos, sin perder de vista el hecho de que le permitieron cerrar aquel capítulo como youtuber.

Con el debut oficial de su primer LP, Os ya había fijado un norte a su propio sonido, rescatando las influencias pop que la marcaron en su infancia, como Ariana Grande, Selena Gómez y Demi Lovato (incluso afirma que vive su propia vida como Hannah Montana), y las complementa con sus raíces al ritmo del género urbano.
En octubre de 2022, Kenia regresó con su segundo álbum de estudio, K23, con el que daba un salto artístico en otra dirección. Inspirada por el k-pop y el anime, la cantante mexicana incorporó elementos futuristas y estéticos propios de estas corrientes tanto en la música, como en la narrativa visual del disco. Este trabajo nos introdujo a un universo donde conviven naves espaciales y avatares virtuales en una realidad alternativa llena de color, tal como sus favoritos del ánime: los filmes del Studio Ghibli y Demon Slayer.
En esta etapa de su carrera se distanció del pop convencional para sumergirse en una propuesta sonora más arriesgada y experimental. El álbum fusiona synthpop, electrónica y matices urbanos para construir un sonido que se siente casi que cinematográfico. Desde ‘Mía mía’ hasta ‘Si por mí fuera’, a la mexicana se le escucha mucho más segura de sí misma, a pesar de ser la primera vez, en aquel momento, en el que salió de su zona de confort (al menos en lo musical).
Su evolución se tradujo en instrumentales más complejos, donde los cambios de ritmo inesperados y el uso de efectos vocales tienen el protagonismo. Su tono dulce y seductor no desaparece con la fuerza y agresividad de sus temas, y parece que este es un contraste que se mantiene desde entonces, incluso cuando aquel universo virtual, lleno de fantasías tecnológicas, sale del cuadro.
“Me considero una artista multifacética y me siento muy orgullosa de todo el proceso que me ha traído hasta aquí”.
Pero esta fue solo una versión sonora de la visión multifacética de Os. Esa cualidad artística de la intérprete la llevó mucho más allá, y para este proyecto no escatimó en ideas e hizo de esta propuesta toda una pieza audiovisual: Universo K23. Durante 30 minutos, la cantante expone la trama que enlaza y completa los videoclips que acompañan algunos temas del álbum.
La historia sigue a K23, el alter ego de Kenia, atrapada por seis figuras que la conducen a través de diversas facetas de su propia identidad. En este viaje introspectivo, que da inicio con un pequeño monólogo, Kenia, tanto en su versión 2D como en la de carne y hueso, enfrenta sus emociones, buscando equilibrar el mundo real con el virtual, casi como una autobiografía metafórica de sus primeros años en la música. Y aunque pudo tratarse de una decisión arriesgada para una artista con un sonido tan particular —además de tratarse de un estilo poco convencional para el público latinoamericano—, su apuesta a ciegas dio resultado e incluso, el corto fue galardonado en el Cannes World Film Festival y en el Berlin Indie Film Festival.
En el tiempo que siguió a K23, Kenia Os se encontró en una fase de transición creativa. La ambición visual y conceptual de su anterior proyecto fijó una nueva meta: superarse a sí misma. La intérprete empezó a desplazarse hacia una identidad artística más depurada, más madura, y más conectada con la esencia que la impulsó desde el inicio. A pesar de que el mundo abrazó su segundo álbum de estudio, Kenia no estaba satisfecha y estaba decidida a ir por más.
“[Pink Aura] es una especie de redención, hice las paces con mi pasado”, explica. Y es que es inevitable mencionar cómo la experiencia femenina es, en muchos escenarios, casi la misma. Es como si nos implantaran el chip que todo lo “femenino” es sinónimo de debilidad, y durante muchos años, Os fue víctima de ello. Con Pink Aura, quiso viajar al pasado, despojarse de los prejuicios, recuperar aquello que inconscientemente había reprimido y resignificar lo que supone ser mujer en su propio mundo.

El álbum fusiona pop, reggaetón, R&B y hip hop con una estética sonora que suena más a ella que nunca. Os afirma que con esta entrega “se siente más completa como artista”, no solo porque cree haber alcanzado el sonido que tanto ha estado buscando por años, sino también porque siente que finalmente se ha ganado el “respeto” de sus colegas. “Sobre todo porque los géneros y los artistas con los que estaba trabajando en ese momento son artistas de muchísimo respeto”, señala.
A lo largo de las 15 pistas que componen el proyecto, Kenia no teme mostrarse más sensual, fuerte y, al mismo tiempo, vulnerable. Y a pesar de que estas son energías que había intentado canalizar anteriormente, en Pink Aura lo hace de una manera diferente. No hace falta caer en clichés, sonidos melancólicos o ponerse en un papel de víctima para ser vulnerable. Con este álbum nos enseña cómo reconstruirnos y reparar las grietas del pasado de una manera tan sutil como divertida.
Canciones como ‘VIP’ y ‘F*OFF’ contradicen las percepciones que asocian la independencia emocional con la frialdad, mientras que ‘Kitty’ y ‘Mamita rica’ exaltan la diversión y el poder de la feminidad sin reservas. En el proceso reunió a colaboradoras como Bella Poarch, Villano Antillano y La Joaqui, mujeres que, como ella, han aprendido a jugar bajo sus propias reglas en la industria. Pink Aura fue su forma de demostrar que la feminidad, cuando se abraza sin miedo, puede ser la fuerza más poderosa de todas.
Y hablando de mujer a mujer, reafirmamos que en este negocio de la música aún hay un sinfín de altibajos y obstáculos por superar, sobre todo por las expectativas que tanto el público como la industria proyectan sobre las artistas femeninas. “A veces me cuesta muchísimo trabajo entender por qué las mujeres nos tenemos que esforzar diez veces más que un artista masculino”, cuestiona desde su propia experiencia como blanco de críticas.
Pero ella ya ha estado en esa posición muchas veces, y recuerda muy bien el camino de regreso: “Mi valor no se basa en los comentarios de la gente, ni lo que dicen las personas allá afuera, sino más bien el valor que yo me doy, el respeto que me doy a mí todos los días, a las mujeres y a las personas que me rodean”.
Y esa determinación es lo que ha querido plasmar en su nuevo gran proyecto: Kenia Os: La OG. Este documental es una ventana al “amor, esfuerzo y dedicación” detrás de cada show, filmado en su paso por el Palacio de los Deportes, uno de los momentos más importantes de su trayectoria. El proyecto se desarrolla desde la perspectiva de la cantante en un intento por acercarse mucho más a sus seguidores y llevar su espectáculo a aquellas personas que por diferentes razones no pueden verla en vivo.
Sin embargo, el objetivo principal de La OG es ahondar un poco más en el equilibrio entre la imagen pública y la realidad tras bambalinas. Para el público, todo se reduce al resultado final: un concierto impecable, la meticulosa puesta en escena y la artista en control absoluto. Pero detrás hay esfuerzo, presión y momentos en los que la duda se cuela entre la seguridad. “No todo lo llevo yo”, admite. “Hay muchísimas personas haciendo muchísimo trabajo para que las cosas puedan suceder”, dice sin quitarse mérito, porque sabe que el liderazgo también es parte de su trabajo.
Ahora, ya con algunos años de experiencia, sabe la importancia de tener a las personas correctas a su lado. Con esto en mente, la mexicana se ha hecho el nombre de empresaria, apostando por varios de sus intereses como el maquillaje —que de hecho fue la razón por la que alguna vez se lanzó a hacer videos en YouTube—, con su marca KOS Beauty y la moda, con colaboraciones con grandes marcas como adidas, de la cual también es embajadora.
Y es que a estas alturas de su carrera finalmente puede ver los frutos de su esfuerzo y persistencia al seguir siendo fiel a sí misma. Y quizá ahí está la clave de todo. No se trata solo de expandirse, sino de hacerlo con propósito. Kenia Os ha sabido diversificarse sin dejar de reconocer el valor de cada proceso que la ha traído hasta acá. Y en esa ecuación, el éxito es solo una consecuencia natural.

¿Qué tal ha estado este 2025? ¿Cómo te ha tratado el año?
Muy bien. Ha sido un año de muchísimo crecimiento. También he estado trabajando en mi álbum, que de repente me ha tocado estar, digamos, menos expuesta al público, pero más trabajando en el estudio, más trabajando en la oficina y viendo lo que sigue para el próximo año. Y me emociona. No tienes idea lo que me emociona el ya tener mi álbum y poder empezar esta nueva era.
¿Ya estás trabajando en un cuarto álbum?
Sí. Ya tengo bastante, de hecho, desde que terminé Pink Aura inicié a trabajar el próximo álbum.
¿Y crees que va a ver la luz este año, el otro, o todavía le falta?
No lo sé. En realidad es que soy —bueno, somos, porque mi equipo también—, somos muy perfeccionistas con el trabajo que hacemos, y este proyecto es muy importante para nosotros y queremos que sea lo mejor posible. No tiene fecha aún, y estamos solamente trabajando, creando y empezando a ver qué puede suceder.
En lo que va del año no has sacado mucha música, pero has estado llena de grandes noticias, como el hecho de que estás próxima a que se estrene tu documental de Kenia Os: La OG, ¿qué nos puedes contar de esta producción?
Es que, ¡qué te puedo decir! El Palacio de los Deportes, en específico ese show y ese venue, fue uno de los más especiales de toda mi carrera. No solo por lo que significó a nivel profesional, sino también por todo el trabajo que hubo detrás. Fue un proceso largo, lleno de esfuerzo, de retos y de momentos en los que me cuestioné muchas cosas, pero al final todo valió la pena porque logramos algo increíble. Poder hacer este documental es una manera de guardar el recuerdo de esa etapa, de mostrar todo lo que hay detrás de un espectáculo de esa magnitud y compartir con mi público un lado de mí que muchas veces no ven.
También creo que es una forma de acercarme a todos esos fans que siempre han querido ir a un show, pero que por distintas razones no han podido hacerlo. Sé que no siempre es fácil, a veces la distancia, los costos o simplemente las circunstancias lo impiden. Así que, poder llevar esta experiencia al cine me emociona muchísimo, porque significa que ahora más personas podrán vivirla conmigo, aunque sea desde una pantalla.
“Hice las paces con mi pasado y puedo decir que hoy me siento más feliz y más empoderada que nunca”.
No es la primera vez que haces una producción así. Antes presentaste Universo K23, un cortometraje que incluso fue reconocido en el Festival de Cannes y el Berlin Indie Film Festival. Sin embargo, este llega como algo mucho más elaborado y que quizá es una prueba de tu evolución artística. ¿Cómo fue el proceso detrás de esta nueva entrega?
Para mí, a cada show, y sobre todo el opening del Palacio de los Deportes —que fue el inicio y el final de una era— se le da un amor y un trabajo importantísimo donde creo que se vive de todo, y se sienten todas las emociones al tiempo. Y yo te puedo decir que eso es lo que van a ver en Kenia Os: La OG. El proceso que vivo al crear un show, y que seguro dará paso a que el público entienda un poco más a la artista. Ustedes van a poder ver absolutamente todo en esa película.
Y claro, porque al final nosotros como público vemos desde el resultado final, no el making of.
Obviamente se muestra el espectáculo, el concierto como tal. Pero también se muestra el proceso, lo bueno, lo malo, las caídas, las subidas, todo. Y no quiero hacer tanto spoiler, de verdad quiero que vayan y disfruten Kenia Os: La OG y puedan conocerme un poquito más a nivel personal, como artista. Y nada, solamente disfrutarlo.
Creo que el documental es una buena oportunidad para hacer un checkpoint en tu carrera y contemplar todo lo que has logrado. Hablando de eso, sería bueno volver un poco en el tiempo y hablar de tus inicios musicales. ¿En qué momento la música se convirtió en una opción para ti? De hecho, creciste rodeada de música, tu madre quería ser cantante.
Yo soy de Mazatlán, una ciudad superpequeña, donde a veces las oportunidades parecen limitadas [en comparación con] por ejemplo, en Ciudad de México, donde puedes ir a un evento, conocer a alguien o simplemente estar en el lugar correcto para empezar a crear conexiones. En mi caso, no había industria a mi alrededor, no existían esos accesos para darme a conocer, ni como influencer, ni como cantante, ni como nada. Pero, a los 17 años encontré el mundo digital, una oportunidad para conectar con la gente, para compartir, y poco a poco construir algo más grande. Pero, la realidad es que desde el principio tuve claro que no quería quedarme en un solo lugar, siempre me visualicé creciendo en distintas áreas, como empresaria y desarrollando una carrera en distintos ámbitos.
La música, curiosamente, no llegó como un plan, sino casi que como un juego, una manera de hacer que mis encuentros con mis seguidores fueran más especiales. La idea llegó cuando hacíamos los meet & greets y yo pensaba: “¿Qué voy a hacer? ¿Solo decir ‘Hola’ y tomarme fotos?”. Así que decidí cantar un par de canciones, algo simple, pero que nos hiciera vivir una experiencia distinta juntos. Esos eventos eran pequeños, con 100 personas en cada venue, pero ahí empecé a entender que la música tenía un poder único para conectar. Y creció más de lo que imaginé, hasta que llegó Sony Music México y el proyecto tomó mucha más formalidad.

¿Qué crees que fue lo más retador de empezar en la música? Sobre todo en relación con moldear una identidad artística que se alejara de esa imagen que la gente tenía de ti en redes.
La verdad es que la imagen de redes aún está, porque hay personas que tratan de hacerme menos como artista por el simple hecho de venir de crear contenido. Es algo que utilizan para hacerme sentir menos como artista, cuando yo creo que es al contrario. Creo que yo tengo más validez que cualquier otro artista porque logré convertir mi carrera en otra cosa, y actualmente la sigo transformando en mucho más como empresaria, aparte de artista. Me considero una artista multifacética y me siento muy orgullosa de todo el proceso que me ha traído hasta aquí.
Nada ha sido forzado. Todo se ha dado de manera natural, tomando las oportunidades cuando se han presentado a mi equipo y a mí y, cuando no, aprendiendo de los errores para avanzar, crecer y seguir adelante. Esta carrera es así, a veces te da grandes momentos y otras veces te pone a prueba, pero en cada etapa he encontrado la manera de transformarme y crecer más fuerte.
¿Y cuáles son esos errores?
Te podría hacer aquí una lista infinita [Risas]. Que te roben, te traicionen, te conectas con gente que no es. O sea, creo que son cosas que a todos los artistas nos han pasado; firmas con personas que no deberías, acercas personas a tu vida que de repente no son las correctas, y eso me ha tocado vivirlo. Es todo un reto, no solo para mí, sino para muchísimos artistas, sobre todo el entender cómo funciona el negocio y tener a las personas correctas a tu lado.
¿Y actualmente quién o qué te inspira?
Pues, de hecho, el año pasado estuve experimentando muchísimo en los sonidos. Creo que fue un año para divertirme y para, también hasta cierto punto, demostrar que puedo sonar en el género que sea, que voy a sonar bien y me puedo divertir. Y era algo que quería experimentar. Por ejemplo, el año pasado hice muchísimo reggaetón mexa, y este año estoy más enfocada en las colaboraciones. De hecho, viene una colaboración muy importante para mi carrera con dos artistas de Brasil, pero en este momento te puedo decir una que es Anitta. Y se trata de una canción que venimos trabajando desde hace muchísimo tiempo y yo hasta cierto punto me estresaba, porque en verdad ya quiero que salga. Era una canción que teníamos como en el tintero, y por fin se nos dieron los tiempos. Grabamos el video en Brasil y no te puedo decir que es funk, pero sí es una canción que me fascina. Más adelante sí sacaré algunos temas de funk que sé que les van a encantar.
¿Cómo describirías el espíritu, o tal vez, el concepto que intentas materializar a través de tu música?
Para mí, mi música es puro empoderamiento. Creo que siempre lo que busco es que mis fans se sientan identificados, que los llene de sentimientos, de felicidad, de nostalgia, de cosas buenas. Aunque incluso a veces está bien escuchar una canción triste, está bien estar triste. Pero creo que para mí es muy importante escuchar a mis fans, saber qué quieren, conectar con sus sentimientos. Sobre todo eso y espero siempre que con mi música ellos se sientan mejor.
“Siempre me visualicé creciendo en distintas áreas, como empresaria y desarrollando una carrera en distintos ámbitos”.
Ahora que mencionas el tema del empoderamiento, ¿cómo fue para ti desarrollar tu autoestima creciendo tan expuesta públicamente? ¿Cómo encuentras fortaleza dentro de ti?
Ha sido un proceso gigante, y creo que, obviamente, el factor de estar expuesta a muchísimas personas influye, no te puedo decir que no. Sí afecta, pero es un trabajo constante como mujer, como persona, todos los días. Obviamente me apoyo en profesionales que me dan terapia para estar lo mejor posible para mí. Y sé que estando bien puedo transmitirles eso a mis fans, a mi público y a las personas que me aman.
Justo este tema del empoderamiento es el eje central de tu último álbum, Pink Aura. ¿Qué crees que hace tan diferente a este trabajo frente a tus dos entregas previas?
Creo que Cambios de luna fue un álbum totalmente de catarsis, y en K23 estaba mejor, me sentía muy bien y ese era el tono, solamente quería pasarla bien, estar de fiesta y disfrutar. Y en Pink Aura estaba en esos 24, 25 años y me enfrenté con una Kenia muy diferente. Sabía que había muchas cosas que me faltaba sanar, que necesitaba abrazar. Y así fue como nació ese álbum, abrazando esa parte más femenina de mí, perdonando y sanando muchísimas cosas. Sobre todo haciendo las paces con eso que a veces en mi mundo o en mi realidad me alejaba de mi energía femenina, para enfrentarme a un mundo donde literalmente el patriarcado es el que domina. Entonces, ese álbum fue como una especie de redención, hice las paces con mi pasado y puedo decir que hoy me siento más feliz y más empoderada que nunca.
Claro, siento que es algo que nos pasa a muchas mujeres. ¿Cómo fue reconectar con esa vulnerabilidad que representan estas cosas “femeninas” para ti?
Sí, definitivamente me ayudó, sané y me sentí más empoderada que nunca y creo que ahorita esa es mi realidad.
También nos comentaste, cuando hablaste con la revista hace un tiempo, que este álbum te hace “sentir mucho más completa como artista”. ¿De qué manera?
Sobre todo porque los géneros y los artistas con los que estaba trabajando en ese momento son artistas de muchísimo respeto. Entonces sentí que, desde ahí, como artista estaba teniendo un respeto muy grande desde atrás, de la industria de la música y de mis colegas. También porque musicalmente conectaba más conmigo, tenía más mi sonido, me sentía más yo. Entonces totalmente creo que Pink Aura fue como el cierre de saber qué es lo que quiero, cómo lo quiero y a dónde voy.
Y es que con este álbum rompiste récords y te hizo la artista femenina mexicana más escuchada en Spotify por segundo año consecutivo. ¿Qué significa para ti este logro? ¿Cómo defines el éxito?
Un logro increíble. Creo que cuando veo este tipo de logros, digamos en Spotify y en todas estas plataformas, me siento súper orgullosa de mí, de mi equipo y del trabajo que hacemos detrás. Pero, para mí el mayor éxito que puedo tener en mi vida es tener paz y ser feliz más allá de cualquier cosa.
Habiendo llegado tan lejos, ¿qué has aprendido de la industria musical? ¿Cómo cambió tu percepción de este mundo antes y después de dedicarte a la música?
Es totalmente diferente. Creo que estando en esta industria me doy aún más cuenta de lo que a veces las mujeres tenemos que pasar para poder hacer que nuestra voz sea respetada, para que nuestro talento sea visto. A veces me cuesta muchísimo trabajo entender por qué las mujeres nos tenemos que esforzar diez veces más que un artista masculino. Hago las paces con eso, pero sí creo que a veces, en general, el público es demasiado cruel y machista con las mujeres al exigirnos tanto. Y a veces es sorprendente cómo yo puedo hacer algo, pero por el simple hecho de ser mujer está mal, o me describen de alguna manera o simplemente “no es lo correcto”, pero solo por ser del sexo opuesto. Entonces, el éxito para mí es hacer las paces, estar bien conmigo misma y darme el valor a mí misma. Mi valor no se basa en los comentarios de la gente, ni lo que dicen las personas allá afuera, sino más bien el valor que yo me doy, el respeto que me doy a mí todos los días, a las mujeres y a las personas que me rodean. Y nada, me ha tocado aprender muchísimo, crecer muchísimo y hacerme fuerte.
Tal como mencionas, has transformado tu carrera para ser una artista pop, pero también estás transformándola para ser empresaria. ¿Tú crees que la música para ti es un medio para alcanzar estos otros objetivos o es un fin en sí mismo?
Yo creo que la música en general me ha traído muchas cosas positivas a mi vida, me ha ayudado a darme a conocer más como figura pública, me ha ayudado a conectar más con mis fans y hacer que ellos quieran, tal vez, un producto de mí. Y sí, te puedo decir que es una consecuencia que mis empresas, los productos y lo que yo hago como empresaria tenga una repercusión buena. Pero también creo que es saber elegir qué tipo de negocio es para ti y saberlo llevar, saberlo trabajar de una manera correcta. Son como un montón de cositas que se van juntando y van haciendo trabajo casi que por sí solas.

¿Cuáles fueron esas primeras influencias para hacer música? ¿O de pronto hay artistas cuyas carreras hayan sido modelos a seguir para ti?
Yo soy chica Disney, desde muy chiquita y me encantaban artistas como Ariana Grande, Selena Gómez, Demi Lovato, Diana. O sea, todas las pop stars y toda la fantasía pop star para mí era lo máximo desde que tengo uso de razón. Y creo que inconscientemente crecí viendo una carrera para mí de esa manera.
¿Alguna vez, tal vez te has sentido presionada por fijar la vara un poco más alta?
Siempre, pero no por la gente, sino por la presión que a veces yo ejerzo sobre mí. Porque antes de ser una artista y una figura pública, soy una persona, un humano. Entonces, personalmente yo siempre me exijo demasiado, me propongo muchísimas metas; siempre quiero crecer, avanzar y seguir haciéndolo muchísimo mejor. Creo que eso es algo bueno y me hace transformarme, encontrar nuevas facetas.
Sí, porque también, en tu campo empresarial, has colaborado con un montón de marcas y tienes tu propia marca de maquillaje y líneas de ropa. ¿Cómo es llevar varios proyectos a la vez? ¿Cómo crees que se complementan el uno al otro?
Pues, fácil no es [Risas]. Pero creo que, teniendo las personas correctas, siendo organizada, siendo responsable, todo se puede. La realidad es que no todo lo llevo yo. Hay muchísimas personas detrás haciendo muchísimo trabajo para que las cosas puedan suceder y también cuento con socios que hacen que este trabajo sea más fácil y pueda crecer también en ese ámbito. Entonces detrás está el de muchas personas y de muchas empresas, esforzándose para que las cosas sucedan.
Sí, e incluso te has hecho embajadora de grandes marcas, como adidas.
Sí, para mí es un honor. adidas es una marca que me ha acompañado incluso antes de convertirme en Kenia Os. Y es un honor estar trabajando con una marca así de gigante. Sobre todo porque creo que en este momento de mi carrera amo trabajar con marcas que me representen, con las que me siento cómoda.
Creo que has cumplido varios de tus sueños, pero, ¿cuál es la siguiente meta para ti?
¡Crecer! Crecer mucho más como artista a nivel internacional. Estoy trabajando en mi línea de perfumes, y es un sueño lograr terminarla y mostrar el trabajo de meses al público. Y claro, sigo trabajando en mi marca de maquillaje. Son muchísimos proyectos y colaboraciones que vienen por ahí. Ya se van a ir enterando.


